Se puede
Ciudadanía | 25/10/2013
Chile tiene, este 27 de noviembre próximo, su sexta elección presidencial desde el retorno a la democracia, en 1990. Sumando y restando, al inicio del siguiente período, habrán transcurrido 24 años en democracia, versus 17 en dictadura, harto tiempo.
El país se ha envejecido en estos 24+17 años, a tasas elevadas; su ritmo de envejecimiento es mayor que el de los vecinos y se parece (para gozo de algunos) a los países de la OCDE, club al que tan orgullosamente decimos pertenecer (cuando nos conviene).
Este "envejecimiento celular" afecta de un modo dramático a la Política, actividad neurálgica comandada por gloriosos octogenarios que se niegan a retirarse de un modo digno y prefieren -cual sumo pontífice- morir con las botas puestas.
Lo más interesante del actual momento político, es la posibilidad (deseo, expectativa, esperanza) de que resulten electos en esta vuelta, un conjunto de jóvenes dirigentes estudiantiles y uno que otro dirigente social (no tan jóvenes), todos,personas que no vienen del selecto "club" de los administradores del poder Político.
Me quiero quedar con esta posible "bancada juvenil" que debe llegar a la cámara y permitir que el aire fresco llegue al puerto principal.
Camilla Vallejos, Giorgio Jackson, Gabriel Boric, Francisco y otros jóvenes, pueden acceder a cargos de decisión política de primera línea en el borde de los 26 - 27 años. Esto no ocurre desde la época del 70 y un poco antes, es decir, los jóvenes de esos años aún siguen en la primera línea.
Imagino el impacto gigante que este hecho va a tener en esa generación de 16-17 años, en esos alumnos de enseñanza media que, teniendo la vocación de servicio, teniendo la inquietud por la política, han visto -hasta ahora- que había que esperar a que los viejitos se murieran para poder entrar y a esa espera nadie está disponible, y así, el pais ha perdido, año tras año, a lo mejor de su gente para reanimar la Política, todo gracias a esa quietud sepulcral a la que los caballeros noss han tenido obligados, ...ellos no se quieren jubilar.
Pienso en lo estimulante que resultará, que esta nueva sangre joven se tome la política formal, ya se tomaron la calle y nos invitaron a todos a despeinarnos y lo hicieron de un modo tan brutal que dieron vuelta al país; la esperanza de Chile recae en ese grupo de jóvenes y en la capacidad que tengan de transmitir y testimoniar hacia las generaciones que les siguen, un solo mensaje, otros país SE PUEDE.