A
lo largo de mis años de plena conciencia del análisis crítico, muy por el
contrario de lo que “opina” el fundador del ágora macrista Alejandro Rozitchner,
he podido vislumbrar la contundente decadencia periodística esgrimida por algunos
esbirros periodistas.
La voracidad del
poder hizo que los medios de
comunicación administren la realidad en base a la tergiversación y el goteo
informativo; antes para el kirchnerato
hoy para el macrismo. El periodismo perdió
toda transparencia a merced de los grupos
económicos que han reorientado sus “intereses” hacia el negocio de los
medios, transformándose en corporaciones
periodísticas que a su vez tienen de empleados a algunos políticos.
Me ha tocado ver,
y experimentar, diferentes estilos de periodismo; a veces rudimentariamente enfáticos y vehementes; otros condescendientes y cómplices de algún acto
de gobierno facilitando la protección de
funcionarios en situaciones incomodas.
En el otro extremo se regodean descuartizando a quienes invitan a sus programas con el fin de denostarlos y hacer de ello una ejecución en plaza pública no dándole lugar
ni siquiera a que refuercen su posición o respuesta. Un panel de periodistas te
puede acusar, juzgar y sentenciar en
minutos. Es allí donde comienza el periodismo a imponer lo que puede pensar o
decir el entrevistado. Así es como van descuartizando
la certeza y a la vez se hacen dueños, en exclusiva, de la libertad de expresión acomodándola más cerca de la confusión y la impunidad mediática que a lo genuina
que debe ser la información.
Sorprende el ninguneo
periodístico, también conocido como “negación
plausible”, que ejercen las “celebrities” de los medios invisibilizando hechos o personas
cuando los periodistas no pueden manipular
la realidad. Todo esto apoyado
en su credibilidad. Así se sustenta
la figura del embuste, ingrediente
infaltable en el reality
informativo. Nuevamente la manipulación de la opinión pública, en manos de los “formadores de opinión”, consolida la verdad tergiversada.
La actividad periodística ha pasado del periodismo informativo al periodismo de
opinión de allí al periodismo de investigación y el ahora venerado
periodismo novelado, este último muy
utilizado por estos días. En referencia a este caso me voy a detener en algo
que se ha dado en llamar “hablando sin
saber” y para el sin saber es
necesario generar una novela; costumbrista o glamorosa, tanto como para que la opinión pública se detenga en lo banal
y no en los acontecimientos importantes. Nos adormecen con el show y la
verdad se transforma en ficción.
El reacomodamiento
de la noticia es la adulteración solapada
de la verdad usando todo tipo de artilugios,
casi imperceptibles para el
público receptor. Algo como una inoculación contaminante pero de baja intensidad.
En la arena del
show todos opinan de todo. Aquí es donde se confunde la doxa con la episteme; una cosa es opinar
acerca de algo y otra muy diferente es conocer
acerca de la cosa. Mientras tanto la amplitud
de expresión genuina no aparece. Solo aflora la frivolidad para tapar lo
que realmente importa.
Es notable ver como en estos programas surge un
periodista que pasó de denunciar barras
bravas futboleros a arrojarse a
la arena de la cosa política-pública con una erudición casi desmedida o como un comentarista que apenas acierta con los
nombres de los jugadores de fútbol se convierte en un analista de la política nacional,
y hasta a veces se atreve a la internacional.
Como también hay otros que ejercen su profesión con objetiva responsabilidad. Pocos.
En todos estos casos se trasluce la disfunción que hoy padece
el periodismo, que es manipular y
reorientar la opinión pública omitiendo, intencionalmente, el objetivo de informar sin tintes
tendenciosos y en algunos casos veladamente malintencionados. Es por eso que los periodistas han pasado a ser
una herramienta del establishment de las grandes corporaciones que buscan “redireccionar” intencionalmente la
noticia hasta, porque no, hacerla desaparecer en pos de sus intereses, ya no
tan solo locales sino también internacionales.
Es indudable que la masacre
de las noticias no se produce solamente en la Argentina y que no viene
sola. Esta masacre de noticias lleva consigo la malversación de la verdad. Esto es lo grave, nos mienten tanto la verdad que hasta la tienen agonizando.
Recuerdo la parábola del “Loco del farol” que encendió un farol en pleno día y corrió al
mercado gritando sin cesar: “¡Busco a
Dios!, ¡Busco a Dios!”. (Nosotros diríamos ¡Busco la verdad!) De los que estaban allí reunidos muchos no
creían en Dios. El loco saltó en medio de ellos y los traspasó con su mirada. “¿Qué a dónde se ha ido Dios?
-exclamó-, os lo voy a decir. Lo hemos matado:
¡vosotros y yo! Todos somos su asesino.
(sic)
Entre la manipulación
informativa, los condicionamientos y la mentira, agoniza la verdad del periodismo objetivo.