(para los que
gustan del inglés: Master of puppets)
Al ver la facilidad con la cual la
manipulación consigue regular el comportamiento social del colectivo, hasta dan
incontrolables deseos de retarlos. Es habitual que cuando se habla de
proselitismo en la adversidad política, en algún momento alguien intentará
terminar de súbito la plática y lo hará con una inmensa decepción, además de
una sensación angustiante de impotencia, al sentir cómo invariablemente se
reduce a nada el espacio para continuar la seriedad del diálogo.
Esta improductiva
y popular emoción no es casual, ni es otra cosa que la consecuencia de un muy
bien calculado programa comunicacional destinado a gobernar el inconsciente de
las masas, pero cuando uno forma oraciones que incluyen sublimar, subrepticio,
psicoanalítico, inconsciente o palabrotas similares, involuntariamente saca de
la comodidad y el foco a un gran porcentaje de lectores y deja colgando
escépticos al resto.
Es algo así como
la corrupción en el deporte: todo el mundo sabe que existe pero sólo se
reflexiona sobre ella por un rato. La gente sabe, supone o sospecha que la
publicidad les hace comprar objetos innecesarios, pagar constantemente
sobreprecios, subscribir productos o servicios deficientes o de mala calidad
pero aun así son muy pocos los que dan a la psicología el real crédito
científico del mecanismo manipulador que lo genera. Con frecuencia uno suele
oír a la misma persona que dice ver el poder de la sicología en el marketing
despreciar categóricamente la de terapia de un sicólogo. Es como si hablaran de
dos cosas diferentes o si uno oyera a dos personas distintas.
Somos una
civilización subjetiva arrastrada a una polarización radical fundamentalista,
llena de terminachos que no dejan dudas ¡Es una barbaridad! Las dudas son a la
verdad lo que la fiebre es a la infección. Es tan peligrosa la virtual
adquisición del árbol de la verdad absoluta que le advierto que cuando no tenga
ninguna duda de lo que usted piensa, normalmente lo que hace es defender un
pensamiento ajeno. El motivo es solo uno: LA PROPAGANDA.
En Chile, durante
la elección del 70, la propaganda de derecha y de izquierda compitió por
descarrilar la candidatura del candidato del gobierno y demócrata cristiano
Radomiro Tomic. La derecha sabía que inflando las concentraciones de Tomic
sería muy difícil para la DC negociar con la UP una eventual bajada, y lo fue.
La propaganda de izquierda por su parte hasta titulaba a Tomic como el
"otro" candidato del pueblo, porque sabían que nadie que votara por
Allende lo haría por él, pero sí lo harían algunos indecisos más a la derecha y
así fue. A nadie le importó que el elegido, por supuesto NO TOMIC, fuera un
presidente con el 35% del universo electoral del país y ya ven las
consecuencias.
En Estados
Unidos, la utilización de la propaganda en política local tomó un impulso
distinto durante las transmisiones televisadas de los debates Kennedy-Nixon.
Hay expertos que aseguran que el terno oscuro, más sólido en la pantalla de
blanco y negro, habría inclinado la balanza de opinión en favor del candidato
demócrata. Desde entonces hasta hoy, así como la odontología la propaganda
politológica avanzó una enormidad. Ya no se habla mucho de las condiciones del
candidato, cuando las tiene, sino qué el foco se centra en descalificar las del
candidato adversario, aunque las tenga. Hoy ni se gobierna, pensando en otra
cosa que no sea lo que pueda hacer el equipo de consultores comunicacionales.
Algo así como la introducción de la imagenologia en el diagnóstico clínico,
pero con scanners’ alterados con
photoshop. En Chile hemos llegado tan
lejos con la propaganda que la realidad no es lo que nos rodea, sino lo que
parece que lo hiciera, donde el único digno de llamarse candidato en una
elección por cierto irrelevante es una Señora visiblemente aconsejada a emplear
el único antídoto a la abundancia de atropellados mensajes insustanciales que
se disparan a fuego cruzado: EL SILENCIO. El silencio hace parecer más
inteligente y, si no lo hace ¡por Dios como perturba! . Entonces más se habla de lo que no dijo la
Candidata que de lo sí dijo, aunque algo después y que, en perspectiva, es lo
más cercano al meollo del estancamiento en la gobernabilidad: redactar
una nueva constitución. Eso es precisamente lo que la propaganda de la
derecha ha estado persiguiendo por décadas: jibarizar el más mínimo brote de
conciencia colectiva de lo atroz que es lo parcial de la constitución ilegitima
de la derecha.
De prueba un botón: Hay que saber bien poco de
campañas políticas para no entender que una buena candidatura, luego de
anunciada, solo se desgasta. Por eso solo son prematuras las candidaturas que
de buena no tienen nada.
Las primarias,
grosera y pretenciosa copia de la mecánica electoral bipartidista
norteamericana, donde la constitución no se toca hace 230 años, únicamente
tienen algún sentido si se hacen dentro de UN partido y con registro de
inscritos en el Registro Nacional Electoral, cosa que en nuestro país no existe.
Es imposible, impracticable o absurdo someter a primarias a candidatos para una
coalición de distintos partidos o sin ellos, si un pre candidato tiene el
lógico respaldo de un partido mayoritario y otro el de la minoría o,
simplemente, no tiene alguno.
La verdad, es bastante más difícil ponerse de
acuerdo en torno a ideas que a los intereses, entonces los únicos que están
divididos son los que NO están a la derecha. Eso no es casualidad ni es otra cosa que la
consecuencia de un bien calculado programa comunicacional destinado a gobernar
el inconsciente de las masas: la derecha no habla de la Bachelet para dar
energía a su candidato, aun cuando tenga UNO, lo hace para crear división en la
oposición y para eso cuenta con la dirección orquestada de su máquina propagandística.
“ sospechoso que la derecha y el gobierno sostuvieran que las primarias revitalizarían la democracia, cuando lo que de verdad necesitamos es un constitución democrática en sus raíces y no maquillajes que no cambian la sustancia: su ilegitimidad” - Dice la profesora Jessica Collao Espinoza, al pie de las correcciones al presente artículo.