La distensión pasa por
poner coto a la codicia que se traga todo. Pero se debe tener conciencia de que
una mejor distribución del poder debe ser previa a una mejor distribución de la
riqueza.
La política persigue el poder. Las
preguntas son a quién sirve la política y quién se sirve de la política. La
política es un juego de fuerzas y la democracia, por imperfecta que
sea, es el sistema menos malo que conocemos, ya que permite regular
en cierta medida la vida en sociedad. En Chile la democracia representativa
tiene los lastres de haber nacido en un marco protegido post-dictadura, tiene
la característica de ser un sistema que ha surgido y evolucionado a
través de la fuerza. En distintas ocasiones de la historia republicana de
nuestro país hemos vivido situaciones similares.
¿Cómo avanzar en cambios que distiendan
la presión social en Chile sin caer en una crisis como la que hoy vive
Venezuela? ¿Qué fuerza de reacción podrían tener los grupos que manejan el
poder económico para impedir los cambios que pide una mayoría, imponiendo un
gobierno de facto como en 1973? ¿Cómo preservar el orden institucional abriendo
caminos a una nueva Constitución que consagre derechos como salud y educación?
Estamos en plena campaña electoral y
cada coalición lucha por legitimar sus posiciones en las urnas, hay candidatos
como Allamand, Parisi, Claude, Enríquez-Ominami, Orrego, Velasco que aceptan
debatir y asisten a todos los programas que les invitan. Pero Golborne se
siente más cómodo en un Late show que en un cara a cara, mientras una candidatura
blindada como la de Bachelet, sólo se expresa según las pautas de los asesores,
concurriendo sólo a espacios controlados que no la incomoden.
La verdad es la primera víctima en las
guerras y en las contiendas políticas basadas en la fuerza. Es lo que explica
porqué en la política local escasean los cruces de ideas, los que quieren
asegurar el poder esgrimen declaraciones tipo consignas. La población en
general tiene una pobre educación cívica, un gran número de potenciales
votantes nacieron y crecieron en un período de transición política y, por lo
mismo, este estilo farandulero de hacer política es lo único que ellos conocen.
De allí que sea el cálculo político el
que rige las decisiones. Las encuestas son mecanismos de sugestión colectiva
para inclinar al electorado hacia tal o cual candidatura. La ilusión de “no
perder el voto” hace que las personas busquen apostar a ganador o que saquen
cuentas para ver qué gobierno puede darles más. En un gigantesco mosaico de
grupos de interés el país se debate en la incertidumbre binominal del
cara o cruz. Hay muchos que todavía creen en la etiqueta simplona de izquierdas
y derechas, sin evaluar en los hechos la consecuencia de los políticos que
invocan al movimiento social cuando les conviene. Por otra parte, hay un
importante grupo de ciudadanos que, sin encandilarse por las encuestas y sus
cantos de sirena, van a preferir jugar una alternativa que no sea la clásica y
falaz opción de izquierda o derecha. Son los candidatos alternativos que han
emergido y que en las presidenciales van a estar en la papeleta. Tendremos con
seguridad a Marco Enríquez Ominami que ya tiene su partido Progresista; con un
90% de probabilidad a Franco Parisi, que sigue reuniendo firmas y conversando
con los jóvenes de todo el país. Dudoso es que Velasco llegue a la
largada, ya que no tiene un alero político ni ha trabajado en ello,
quizás siga en los debates, pero al final tendría que cobijarse al alero
de un partido y no lo tiene.
No puedo dejar de sonreír después de
haber sostenido un debate con Iván Vuskovic en Twitter Café Sabatino con ideas,
argumentos y mucha vehemencia, con la galería de las redes sociales encendida
en descalificaciones o apoyos en 140 caracteres. Quizás, como resumen, lo
abominable de la política es que la Concertación seguirá alineada, como dijo el
ex vocero Vidal, dándole guaraca a todo el que ose criticar a la candidata
Bachelet. Ya aplicaron el alineamiento de sus soldados contra el Ministro
Beyer. Al simplismo y la mediocridad le asusta hablar de deberes y de
meritocracia. El deber ciudadano es abrir conversaciones, romper la inercia de
la fuerza y abrir la mente para entender al otro, imponiendo la razón. Y lo
loable, como luz de esperanza republicana, fue la señal cívica del Senador
Patricio Walker que fue el único que votó en conciencia, arriesgando la guaraca
de la camorra.
Periodismo Independiente, 21 de abril de
2013 Síguenos como @hnarbona en Twitter.
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