Cuaresma. Y reflexión en torno a renuncia de Benedicto XVI
Cultura | 13/02/2013
En efecto, él mismo fue durante su fecundo pontificado una clara muestra de sintonía entre la acción y la contemplación; la fe y la caridad. Éste ha sido el tenor de su pontificado. Quien cree, reconoce el amor de Dios en su vida.
Pero no hay fe sin obras, nos dice el Papa. Benedicto XVI lo ejemplificó con una vida abnegada, dedicada a la Iglesia y a toda la humanidad. Fe y caridad están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica». Subraya el mensaje papal: “En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Lc 10,38-42). A veces, de hecho, se tiende a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria. La mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: “la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana”.
Benedicto XVI se retira tras llamar a un año de la fe, oportunidad preciosa para crecer en ella y, para quienes no comparten la fe en un Dios padre y providente revelado en Cristo, de abrirse a su posibilidad, enriquecer su mirada de la vida y apreciar el bien que ella hace.
La renuncia de Benedicto XVI, sorpresiva pero comprensiva, revela un gran amor a la Iglesia, un profundo realismo inspirado en Dios; una decisión decantada en la oración, contemplación de Cristo y del servicio que debe prestar la Iglesia a la humanidad. Revela una gran visión de futuro, una mirada sagaz y madura por el servicio que debe prestar en estos próximos lustros. El Papa demuestra con este gesto una enorme grandeza y nobleza de alma. Nos enseña que nadie es imprescindible, que somos todos pasajeros en tránsito, que debemos aceptar con humildad y entereza nuestra fragilidad y precariedad, para seguir sirviendo así a la Iglesia y humanidad. Lo seguirá haciendo como lo ha hecho toda su vida, en todas sus tareas: a través de la oración, ahora retirado en una vida de contemplación, como él mismo, con mucha sencillez, lo expresó.
Cuaresma será oportunidad para rezar por su sucesor, quien tendrá la delicada tarea de seguir conduciendo la Iglesia en este inicio del siglo XXI.
Cuaresma es invitación a calar más hondo en los plieges del alma y dejar que el Dios de la vida nos hable a través de los acontecimientos, la historia, el prójimo. Nos invita a cristianos y hombres de buena voluntad a “entrar en el amor por el Padre Dios y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida”.
P.Hugo Tagle M.
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