A casi cuatro años de que se
aprobara la penúltima reforma constitucional en materia electoral en el mes de
noviembre del año 2007, el senador perredista Armando Ríos Piter, pone el dedo
en la llaga y retoma uno de los temas más relevantes de esa reforma y que desde
entonces y hasta la fecha se quedo durmiendo “el sueño de los justos”.
Somete y pone a consideración
de la asamblea, una iniciativa con proyecto de decreto, por el que se expide la
Ley General de Propaganda Gubernamental, cuya relación tiene que ver con el
artículo 134 de nuestra ley suprema.
Nos queda clara la
discrecionalidad y abuso que ha venido ejerciendo el poder político en nuestro
país respecto de la propaganda gubernamental cuando en todo momento intenta y
pretende resaltar y promover logros,
cualidades o de plano la promoción de su persona logrando un posicionamiento e
incidencia ante la opinión de la ciudadanía con el objetivo –seguramente-
de contender y ganar en procesos electorales
futuros.
El actual senador pone como
ejemplo de esa discrecionalidad a la actual administración y señala por
ejemplo, que durante el año 2007 se
presupuestaron 643 millones de pesos y se
ejercieron 1,771 millones; para el año siguiente se presupuestaron 998
millones pero se ejercieron 3,461 millones de pesos, en el año 2009 se
presupuestaron 2,112 millones y se ejercieron 5,183 millones de pesos.
En otras palabras, durante 2009
el gasto de Comunicación Social y
Publicidad del Ejecutivo Federal aumentó, 501 por ciento respecto a lo que gastó la administración anterior en su último
año. El gasto ejercido para 2009 fue de 145 por ciento mayor a lo que se había
presupuestado para ese mismo año y 49% más de lo que se gastó durante 2008.
Nada más con los datos
anteriores que presenta en la exposición de motivos de su iniciativa el senador
Ríos Piter, considero la urgente necesidad de aprobar la ley que desde hace
unos días pone en la mesa el legislador y donde señala que los recursos
publicitarios se asignen tomando como base criterios preestablecidos, claros,
transparentes y objetivos, evaluando los diversos factores, como el perfil del
público al que se destina la campaña, y los precios o la audiencia del medio
respectivo.
En palabras de la Asociación
por los Derechos Civiles, la publicidad oficial
debe entenderse como un canal de
comunicación entre el Estado y los ciudadanos, y debe ser clara, fácil, útil
relevante para el público, pero sobre todo O B J E T I V A.
La publicidad gubernamental no
debe promover explícita o implícitamente, los intereses de ningún partido, ni
del gobierno.
Bien por el Senador Ríos Piter.
Ojalá haga un buen cabildeo con
sus pares, y logre la aprobación de su propuesta, pues de esta manera, se daría
inicio a uno, de los muchos “usos” y abusos del poder.
@CPEREZZ001