El conflicto en Siria se
prolonga desde marzo de 2011,
el cual según estimaciones de la ONU, ha
causado unos 17.000 muertos. Los países occidentales y un número de Estados
árabes buscan defenestrar al presidente sirio, Bashar Al-Assad, con el argumento de que ello detendrá la violencia. En tanto,
Rusia y China, temen que una intervención externa en los asuntos internos sirios, daría lugar a una ampliación del
conflicto. Por su parte, las autoridades sirias sustentan, que fuerzas del
gobierno se enfrentan contra milicias, que son apoyadas desde el exterior. Debido a tales diferencias en las posiciones, la situación del que una vez fue un país estable y próspero, sigue siendo uno de los puntos mas
calientes de la coyuntura política internacional. El fracaso del proyecto de Resolución en el Consejo de
Seguridad de la ONU, el 19 julio pasado, suscitó nuevas iniciativas y actividad
en los círculos diplomáticos.
En primer lugar, se produjo la dimisión del representante especial del Secretario General
de la ONU en
Siria, Kofi Annan y en
respuesta a ello, el tratamiento de la cuestión siria en el organismo internacional, en contraposición a la
Carta de las Naciones Unidas; sufrió trasladado a la Asamblea General
para su consideración. En lo ateniente a su
renuncia la razón formal
que esgrimió Annan, fue la
falta del apoyo de la comunidad internacional,
pero resulta claro, que la decisión constituye una respuesta al estancamiento
en las Naciones Unidas. Por su parte, la Asamblea General de Naciones Unidas, aprobó el 3 de
agosto una nueva Resolución sobre la situación en Siria, en la que repetía
las acusaciones al gobierno sirio
como, por ejemplo, el uso excesivo de las fuerza del mismo, el uso de niños como escudos humanos o su violación, sin embargo, no
aparecía ninguna palabra, sobre las actividades
delictivas de la denominada "oposición". En el texto del documento se solicitaban sanciones económicas y diplomáticas, que durante mucho tiempo fueron exigidas por occidente. Es
evidente que la intención era
demonizar las autoridades sirias. Se
entiende que la transferencia del
tratamiento de la cuestión siria, del Consejo de
Seguridad, a la Asamblea General, está vinculada con el hecho de que en la última ni Rusia, ni China tienen el derecho de veto. Sin embargo, es
imperativo destacar que las resoluciones que emite
la
Asamblea
General de la ONU, no tienen poder coercitivo
ya que básicamente son de tipo declarativo. En conclusión el intento de
imposición del proyecto occidental con la intención de aislar Rusia y China en la organización mundial,
corre el riesgo de poner en peligro a
futuro, el propio sistema de las
Naciones Unidas, en particular el papel del Consejo de Seguridad y el derecho a veto de sus miembros.
Teniendo como fondo lo anterior, se difundieron
rumores falsos sobre la solicitud
de asilo en Rusia del Presidente
sirio. Al respecto, la posición de Moscú fue diáfana: Los propios sirios son los llamados a resolver
sus problemas políticos internos en virtud del principio
fundamental de la no injerencia en los asuntos internos de los Estados. Cualquier postura contraria a dicho principio, pondría en peligro toda la
política exterior por años
sustentada, por todos los Estados. Curiosamente, contrario a lo que se difunde, de acuerdo a las declaraciones
de Al-Assad, todo apunta a que
no tiene
intenciones de entregar el poder. Al parecer, en Siria no se repetirá el guión escrito por el líder iraquí, Saddam Hussein, quien finalizó
su viaje terrenal en el patíbulo, o la del Presidente egipcio Hosni Mubarak,
quien recibió una sentencia de por vida, luego del triunfo de la oposición, o peor aún del coronel Gaddafi, , quien termino linchado por rebeldes libios .Por otro
lado, Bashar
al-Assad, destacó en entrevista realizada al periódico turco Hurriyet que: "Si detrás
de mi, no hubiese estado el pueblo sirio, yo no sobreviviría . Ya han
transcurrido 15 meses, desde que
Siria pasa por difíciles momentos, y todo el mundo predijo que yo no duraría, sin embargo, tales
premoniciones, no se han cumplido”. Inclusive, el Presidente de
Siria no denota temor, incluso a la
amenaza de una intervención extranjera. Además, por el momento no existen evidencias de una intervención directa de la OTAN o de la comunidad internacional en el conflicto sirio.
Por otro
lado, es evidente
que la oposición siria, no esta monolíticamente unida, e inclusive, muchos de sus integrantes, repelen
la intervención externa, aduciendo razones patrióticas. Se suman a ello
otros argumentos, como el que una nueva guerra en Oriente Medio, tendría un resultado incierto y podría
perjudicar las aspiraciones reeleccionistas de Barak Obama. Esa es la razón
que explica , porque en gran medida, la guerra
se libra en el frente
informativo y exija la utilización de métodos propios de la guerra psicológica, presiones
diplomáticas y sanciones económicas. Sin
embargo, si hacemos abstracción de la
exigencia de la renuncia de Assad, ello no descarta que las demandas de la oposición siria abdiquen y con
ello desaparezca la "manzana de la
discordia" entre el este y el oeste. Con todo, es difícil ignorar que el
verdadero peligro de la llegada al poder
de la oposición en Siria tras los
cambios democráticos en la región, sea
la posibilidad real del asalto al poder,
de los seguidores del Islam político, tal como esta sucediendo en Egipto y en otros países, donde la primavera árabe se vuelve cada vez cada vez más verde.
Por: Euclides
E. Tapia C. Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá.