¿Assad, manzana de la discordia entre el este y el oeste?
Política Internacional | 24/09/2012

El conflicto en Siria se prolonga  desde marzo de 2011, el cual según estimaciones de la ONU, ha  causado unos 17.000 muertos. Los países occidentales y un número de Estados árabes buscan defenestrar al presidente sirio, Bashar Al-Assad,  con el argumento de  que ello detendrá la violencia. En tanto, Rusia y China, temen que una intervención externa en los asuntos internos  sirios, daría lugar a una ampliación del conflicto. Por  su parte, las  autoridades sirias sustentan, que fuerzas del gobierno se enfrentan contra milicias, que son  apoyadas desde el exterior. Debido a tales diferencias en las posiciones,  la situación del que una vez fue un  país estable y próspero,  sigue siendo  uno de los puntos  mas  calientes de la coyuntura  política internacional. El fracaso del proyecto de Resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU, el  19 julio pasado,  suscitó nuevas iniciativas y  actividad  en los círculos diplomáticos. En primer lugar, se produjo la  dimisión del   representante especial del Secretario General de la ONU en Siria,  Kofi Annan  y en respuesta  a  ello, el tratamiento de   la cuestión  siria  en el organismo internacional,  en contraposición a  la Carta de las Naciones Unidas;  sufrió  trasladado a la Asamblea General para su consideración. En lo  ateniente a   su  renuncia  la  razón formal  que esgrimió Annan, fue la falta del apoyo de la comunidad internacional,  pero resulta claro, que la decisión constituye una respuesta al estancamiento en las Naciones Unidas. Por su parte, la Asamblea General de  Naciones Unidas, aprobó el 3  de agosto una nueva Resolución sobre la situación en Siria, en la que repetía  las  acusaciones al gobierno sirio como, por ejemplo, el uso excesivo de las fuerza del mismo,  el uso de  niños como escudos humanos o su violación, sin embargo, no  aparecía   ninguna palabra, sobre las actividades delictivas de la denominada "oposición". En el texto del documento se  solicitaban  sanciones económicas y diplomáticas, que  durante mucho tiempo fueron exigidas por  occidente. Es  evidente  que la intención era demonizar las autoridades sirias. Se  entiende   que la transferencia del tratamiento de la cuestión siria, del Consejo de Seguridad, a  la Asamblea General, está vinculada con el hecho de que en la última ni   Rusia, ni  China tienen el derecho de veto. Sin embargo,  es imperativo destacar   que  las resoluciones   que emite  la  Asamblea  General de la  ONU,  no tienen poder  coercitivo  ya que básicamente  son de  tipo declarativo. En conclusión el intento de imposición del  proyecto occidental con la intención de aislar  Rusia y China en la organización mundial, corre el riesgo  de poner en peligro  a  futuro,  el propio sistema de las Naciones Unidas, en particular el papel del Consejo de Seguridad   y el derecho a  veto de sus miembros.

Teniendo como fondo lo anterior, se difundieron rumores falsos sobre   la  solicitud  de asilo en Rusia   del Presidente sirio. Al respecto, la  posición de Moscú fue diáfana: Los propios sirios son los llamados a resolver sus problemas políticos internos en virtud del  principio fundamental de la no injerencia en los asuntos internos de los Estados. Cualquier postura contraria  a dicho principio,  pondría en peligro toda la política exterior por años sustentada,  por todos los Estados.  Curiosamente, contrario a lo  que se difunde, de acuerdo a las declaraciones de Al-Assad, todo  apunta  a  que no  tiene  intenciones de entregar el poder.  Al parecer,  en Siria no se  repetirá el guión escrito por  el líder iraquí, Saddam Hussein, quien finalizó su viaje terrenal en  el patíbulo,  o la del Presidente egipcio Hosni Mubarak, quien recibió una sentencia de por vida, luego del triunfo de la   oposición, o peor aún del  coronel Gaddafi, , quien termino linchado por  rebeldes libios .Por otro lado, Bashar al-Assad, destacó en entrevista realizada  al periódico turco Hurriyet  que: "Si   detrás  de  mi, no  hubiese estado el pueblo  sirio,  yo no sobreviviría . Ya  han  transcurrido  15 meses, desde que Siria  pasa por difíciles   momentos, y todo el mundo predijo que  yo no duraría, sin embargo,  tales  premoniciones,  no se  han cumplido”. Inclusive, el Presidente de Siria no  denota  temor, incluso  a  la amenaza de una intervención extranjera. Además, por el momento no  existen evidencias  de una intervención directa de la OTAN o de la  comunidad internacional en el conflicto sirio. Por  otro  lado,  es  evidente  que  la oposición  siria, no esta  monolíticamente  unida, e inclusive, muchos de  sus integrantes,   repelen la intervención externa,  aduciendo  razones patrióticas. Se suman  a  ello  otros  argumentos, como el que una nueva guerra en Oriente Medio,  tendría un   resultado incierto y podría  perjudicar las aspiraciones reeleccionistas  de Barak Obama. Esa  es la razón  que  explica ,  porque en gran medida,  la guerra  se  libra en el  frente  informativo y exija  la utilización de métodos propios de la  guerra psicológica, presiones diplomáticas y sanciones económicas. Sin embargo, si hacemos abstracción de la  exigencia de la renuncia  de Assad,   ello no descarta que las  demandas de la oposición siria abdiquen y con ello desaparezca  la "manzana de la discordia" entre el este y el oeste. Con todo, es difícil ignorar que el verdadero peligro de la llegada  al poder de la oposición  en Siria tras los cambios democráticos en la región,  sea la posibilidad real del asalto  al poder, de los seguidores del Islam político, tal como esta  sucediendo en Egipto y en  otros países,   donde la  primavera árabe se vuelve  cada vez cada vez más verde.

 

Por: Euclides  E. Tapia C. Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá.

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