“Cuídame Señor de mis malos amigos, que de mis enemigos me cuido solito”
Las veleidades y bajezas de la política son, en parte, lo que explica la lejanía, desconfianza y desprecio que
gran parte de la población siente por la cosa pública. En una verdadera
paradoja, ese rechazo de parte de la sociedad civil, hace que la política quede
en manos de un oligopolio de partidos que parecen tener marcas diferentes, pero
si se escarba un poco, se descubre las relaciones tras bambalinas de unos y
otros, y todos se manejan pragmáticos en el binominalismo que diseñó Jaime
Guzmán para preservar el sistema, mediante la Constitución del 80.
Un año ha transcurrido del
gobierno de Sebastián Piñera y en ese período las fuerzas de la Concertación
siguen entrampadas en sus luchas internas, donde el único norte de cada grupo
ha sido tratar de mantener el control del instrumento principal del poder que
constituyen los partidos políticos, no unidos por ideas o proyectos de
sociedad, sino pegados con cola fría.
En los dos bloques, Concertación
de Partidos por la Democracia y Alianza para el Cambio, las disputas
partidarias alcanzan el nivel de verdaderas riñas. En estos días, se ha
presentado una serie de encontrones entre las fuerzas del partido popular
denominado Unión Democrática Independiente, UDI, y las del partido Renovación
Nacional, RN, más cercano al Presidente Piñera.
La evaluación de esta primera
etapa es que ambas coaliciones tienen una muy débil voluntad asociativa y los
frentes internos son los espacios donde se juega duro, se esperan las fallas
del adversario y se le demuele para ocupar esas mayores cuotas de poder. Todo
ocurre en el marco del binominalismo, que asegura con sólo estar “in” en un
bloque, un cupo para competir para concejal, consejero, alcalde, diputado,
senador o presidente.
Si el descalabro de un gobierno
proviene principalmente de sus yerros, de los conflictos que mal administran sus
propios gestores, la historia se repite con diferente signo. El punto que
detona eventos políticos de magnitud es la sobre exposición mediática. Bastan
un par de focos y una cámara para que el político enganche y se convierta en
esclavo de sus palabras, en vez de ser amo de sus silencios.
Las autoridades son designadas por el Jefe de
Estado para cumplir determinados lineamientos políticos. Legítimamente un
gobierno que asume democráticamente tiene el derecho a implantar su plan, pero
debe para ello tener buenos equipos, políticamente disciplinados y
administrativamente competentes. Y debe, además tener una staff con una
capacidad negociadora con la oposición, que le permita llevar la agenda
legislativa de acuerdo al plan de gobierno.
¿Qué ha pasado con el Gobierno de
Sebastián Piñera?
Ha caído en la trampa mediática.
Ha estado demasiado abocado a convertirse en querido, apreciado y popular, en
espacios donde su perfil de empresario agresivo y solitario, no calza. Donde
queda sometido a la sobre exposición, a desgastar fuerzas en cuestiones
irrelevantes, que debieran obviarse o quedar a cargo de filtros previos al Jefe
de Estado. Pero no, Piñera no ha tenido el cuerpo asesor que tuvieron los
presidentes concertacionistas que fueron blindados por sus equipos asesores.
Los que fueron exitosos en llevar la agenda para que los errores, que de hecho
los hubo y serios, no salpicaran el posicionamiento de la marca mayor, el o la
Presidente de la República. Esa obsesión “marquetera” de querer vivir cada día
para los titulares de televisión, para levantar puntos para la próxima encuesta
mensual, reduce las energías que el Presidente debe colocar a lo que de veras es
importante: su gestión de Estado.
En materia de equipos de trabajo,
Sebastián Piñera ha sufrido el efecto cuoteo, del mismo modo como se vivió en los gobiernos anteriores.
La UDI cuestiona la nueva derecha
de Piñera y lo acusa de demócrata cristiano. La voluntad asociativa con RN es
bajísima y seguramente el mayor escozor fue ver instalado a Allamand en el
Ministerio de Defensa, llevando orden y
transparencia, apretando las cosas en un sector intocable de la derecha
dura. Y como no se puede estar bien con Dios y con el diablo, Piñera pierde
adhesión en esos grupos, lo que desgasta su liderazgo en el bloque aliancista.
Eso empaña la autoridad presidencial y
perjudica en definitiva la imagen país. Las filtraciones de Wikileaks respecto
a supuestos dichos ofensivos sobre Piñera candidato, del actual Embajador en la
OEA, aporta a estos escenarios un nuevo festín para los medios y los
opositores, quienes sin mover un dedo se sientan en las arenas veraniegas
apostando en cuanto más caerá Piñera en la próxima Adimark.
Si se enfrenta una oposición que perdió el
poder por errores internos, por el descontento de su voto duro, a la Alianza por
el Cambio le está pasando lo mismo, desgasta energías en el conflicto de la
Intendenta del Bío Bío por sus dichos grabados por el Senador Navarro, díscolo
del PS. Cuestión mayor parece ser el conjunto de observaciones que Contraloría ha
formulado a la gestión de Jacqueline van Rysselberghe Herrera como Alcaldesa de
Concepción. En este “evento” (asimilado a los baches de la Alameda) el gobierno
perdió casi dos semanas y la conclusión fue pésima, ya que aparece como que la
UDI la hubiera doblado la mano a quienes apostaban por la transparencia.
Si Piñera asumiera que su éxito
es ser efectivo y que la Alianza pueda repetir el 2013, debiera seguir los
consejos y escapar de las cámaras. Así, cuando haga cadena nacional será para
algo de veras importante. Si la sociedad mediática permite hoy que cualquier
personaje público pueda ser auscultado por millones de ojos, en tiempo real, la
mesura, el manejo de sus prioridades de Estado, es el secreto que alguien
debiera soplarle al oído al Jefe de Estado.
Mientras siga mostrándose la
política superficial y farandulera, donde todos corren detrás de la pelota,
seguirán ocurriendo situaciones indeseables por los pasillos del poder, de
espaldas a la ciudadanía, en las mismas malas prácticas que se instalaron en
Chile en los últimos 30 años. Frente a lo cual, la ciudadanía parece mantener
sus antenas en alerta, tal como ocurrió en Magallanes.
Hernán Narbona Véliz, 16 febrero 2011. Para El Post.