Conocido como
Holanda, aunque en términos estrictos esta palabra hace alusión a una de las regiones
de Países Bajos, que es el nombre oficial del país. Se trata de una nación
europea con una de las economías más competitivas del mundo, con elevados
niveles de desarrollo humano y con estándares de calidad de vida envidiables.
Economía abierta, dinámica, con un notable enfoque hacia el comercio exterior y
con un aprovechamiento estratégico de su ubicación en el viejo continente, se
ha posicionado como uno de los principales motores de la región.
Aunque
actualmente se encuentra bajo la amenaza de una incipiente recesión, Holanda
tiene recursos sobrados para hacerle frente a los efectos de contagio en la
región. Las dos terceras partes de sus ingresos provienen del comercio
exterior, por lo que se ve afectado por una reducción de las exportaciones en el
contexto de una Europa que se debate entre la crisis y la emergencia. Sin
embargo, las bases sólidas de la competitividad del país, su constante
inversión en la innovación tecnológica y su gran capacidad exportadora son
argumentos que seguramente harán que la coyuntura desfavorable quede atrás en
poco tiempo.
El comercio
internacional, el movimiento de mercancías y de personas tienen en Holanda a
uno de los grandes modelos a nivel mundial. Rotterdam es uno de los mayores
puertos marítimos del mundo, en tanto Amsterdam posee uno de los aeropuertos
con mayor tráfico del planeta. A esto hay que sumarle todo un sistema de
comunicaciones y transporte altamente eficiente: con trenes modernos y bien
cuidados, y con compañías especializadas en logística, las empresas están en
condiciones de responder en forma rápida y segura a la necesidad de transportar
productos o personas. Así, no debe extrañar que Holanda sea un centro
estratégico de distribución para el viejo continente y para todo el mundo o que
aparezca siempre entre los diez mayores exportadores a nivel mundial.
Si bien el 70%
de la riqueza que producen los holandeses proviene del sector de servicios,
fundamentalmente del comercio, también poseen producción primaria y una
industria desarrollada y moderna. Son buenos productores de carne y leche, que
son cotizados en otros mercados, en tanto en el sector manufacturero hay un
fuerte desarrollo de la fabricación de autos, en química y petroquímica,
electrónica y, en general, hay un impulso a diversos sectores gracias a la
incorporación de tecnología.
Algo notable de
los holandeses es el compromiso que asumen con miras a mejorar las condiciones
de vida de todos: desde la responsabilidad de las empresas que trabajan todos
los días para mejorar sus niveles de competitividad hasta la eficiencia de los
trabajadores, que son conscientes de que su trabajo permitirá mejorar la
economía del país. Hoy Holanda mantiene muchos beneficios heredados del sistema
de bienestar social, con un ingreso per cápita elevado, buenos salarios y tasas
de desempleo bajas. Hay un compromiso firme con hacer crecer la economía y
mantener beneficios sociales.
El caso holandés
nos invita a pensar en por qué tenemos tantos elementos comunes pero los
resultados económicos son dispares. Paraguay tiene las condiciones geográficas
ideales para convertirse en un centro de distribución de mercancías y en un
punto central para el tránsito de las personas, pero no hemos sabido pasar de
los diagnósticos y los proyectos. Se hicieron estudios, se hicieron proyectos
pero, a la hora de la concreción prevalecieron la ineptitud, la falta de
compromiso y se impuso el deporte nacional del "palo en la rueda"
para trabar cualquier avance.
Si tenemos la
mayor cantidad de energía eléctrica per cápita del mundo, resulta casi
increíble que no tengamos un moderno sistema de trenes eléctricos que conecten
al país con los mercados de Brasil y Argentina, y que sean un paso obligado
para las mercancías y el turismo. En lugar de hacer de la mediterraneidad una
excusa para el progreso, se debería aprovechar la ubicación en el centro de
Sudamérica para que los movimientos comerciales pasen por nuestro territorio.
Recuperar la
soberanía aérea por medio de compañías nacionales y desarrollar un sistema de
transporte eléctrico para minimizar las distancias terrestres son dos
necesidades que deberían atenderse en forma urgente. Todo esto a la par de
trabajar en la competitividad del país, lo cual sólo será posible con el
incremento de la inversión en dos sectores vitales: educación y tecnología.
Es posible
hacerlo y rápido. Sólo necesitamos compromiso e inteligencia.