Retardo en el crecimiento uterino, implicaciones para el desarrollo.
Estimado lector, agradezco de nueva cuenta tu atención y en esta ocasión pretendo
hacer un pequeño apunte sobre el retraso en el crecimiento uterino y su
repercusión en la vida.
Recordemos pues que la desnutrición es el déficit entre las calorías que
son ingeridas en los alimentos y las que se gastan en el metabolismo, en este
caso ingresan menos calorías de las necesarias. Estrictamente la desnutrición
se presenta cuando existe una restricción proteico, calórica o
proteico-calórica mayor a 50%, cuando es menor es considerado como una
malnutrición o restricción. Sin embargo la mayoría de las veces se considera
que una reducción mayor al 20% es una desnutrición como tal, en la vida humana
la desnutrición se presenta por una combinación de factores muy variables, los
hay del tipo social, económico, psicológico, fisiológico, entre otros. Sin
embargo en la parte experimental se pueden realizar diversos modelos para
investigar los efectos de la desnutrición, Los cuales varían dependiendo de la
etapa en la que se pretenda estudiar esta situación.
Existen por ejemplo modelos de restricción proteínica, normalmente el
alimento para roedor contiene un 20% de proteína, en esto modelos se reduce a
8% de proteína, pero se mantiene isocalórico. Se cuenta también con un
procedimiento quirúrgico, el cual consiste en ligar una de las ramas uterinas
cuando los animales están en gestación, de esta forma se reduce el flujo de
nutrientes a los fetos o embriones, produciendo así la restricción. Finalmente
tenemos la desnutrición calórico-proteica, en la cual simplemente se reduce la
cantidad del alimento que se le da a los animales, las reducciones comúnmente
usadas son del 20% y 50%.
Pasando a la parte del retardo en el crecimiento uterino, si hacemos un
poco de memoria, el crecimiento es el incremento en el número y tamaño de las
células en los tejidos. El desarrollo por su parte es el cambio en la
estructura y función de estas células, es decir, la especialización y
diferenciación de las células. Estos dos eventos se realizan durante toda la
vida de un animal, siendo especialmente activos durante la gestación. Durante
esta etapa el desarrollo del feto está influenciado por un complejo grupo de
factores tanto genéticos, epigenéticos, estado de nutrición de la madre, factores
ambientales, entre otros. Estos factores afectan el tamaño y la funcionalidad
de la placenta. Limitando así el aporte de nutrientes proveniente de la madre.
Se ha demostrado ampliamente la
existencia de una relación intima entre el estado de nutrición de la madre y el
desarrollo de los embriones o fetos. Así pues podemos definir que el retraso en
el crecimiento uterino (IUGR, pos sus siglas en ingles), es el inadecuado
crecimiento y desarrollo de los órganos del embrión y/o del feto durante la
gestación, esto se manifiesta con una reducción en la talla y el peso al nacimiento
de la cría (Wu, et al., 2006).
Quiero hacer un paréntesis, si aplicamos estrictamente la terminología, un embrión
es el periodo en el cual el animal en gestación no ha adquirido las características
necesarias para poder diferenciar si este animal en desarrollo será una rata,
un pez o un humano, en cambio un feto es cuando ya podemos observar a que
especie pertenece (Hernández and Manjarrez 2010). Pero como en la mayoría de las situaciones
con relativa ambigüedad los términos son usados como sinónimos.
Podrías preguntar con toda razón ¿cómo diablos saber si el hígado es
funcional en una cría humana recién nacida? Por supuesto que existe una batería
de pruebas de laboratorio que ayudan a valorar la funcionalidad del hígado, sin
embargo, actualmente el criterio más aceptado para identificar IUGR en un recién
nacido, es el peso, en general los animales que han sufrido IGUR durante alguna
etapa de la gestación presentar un menor peso, este fenómeno se ha observado
tanto en animales de granja, murinos y animales como el humano (Wallace et al., 2000; Baker et al., 1969; Wootton et al.,
1983).
Desde el inicio de esta serie de columnas he comentado que los extremos en
el estado de nutrición son malos, tanto es malo tener una desnutrición, como
tener una sobrenutrición, pero iremos por partes. En el caso de la
desnutrición, es por donde se están concentrado la mayoría de los esfuerzos de
investigación, tenemos que en cualquier momento de la gestación, se compromete
el aporte de nutrientes, provenientes de la madre al feto o embrión, este
compromiso produce una serie de cambios metabólicos importantes como la
reducción en el desarrollo de la placenta, acompañado de anormalidades en la
angiogénesis de la misma placenta (Ferrell, 1991; Allen et al, 2002), de forma paralela, el embrión/feto sufre diversos
alteraciones que tiene como finalidad asegurar el desarrollo de órganos centrales
para la vida postparto, como son el cerebro y corazón, se ha documentado una
reducción en el peso y tamaño del hígado de ratas que han sido sometidas a una
restricción proteico-calórica durante la gestación (Albarrán-Bravo, el al., 2008). Otra de las alteraciones
que se observan son los cambios morfológicos presentes en el intestino de animales
que han presentado IUGR, las cuales están íntimamente relacionadas con la
absorción de nutrientes, principalmente con los carbohidratos y proteínas (Wang
et al., 2005). Todas estas
alteraciones se observan de forma temprana como un incremento en la mortalidad
perinatal, así como un incremento en la incidencia de enfermedades crónico
degenerativas, como la diabetes, obesidad, etcétera (en las siguientes columnas
regresaremos a estos tópicos).
De forma contraria, cuando existe un
exceso en el consumo de carbohidratos por parte de la madre, existe un exceso
de glucosa en el feto y este exceso resulta en el fenómeno conocido como resistencia
al efecto hipoglucemiante de la insulina, así como en alteraciones a la
conducta alimenticia en los animales, principalmente en la regulación de la
saciedad (Haan et al., 2000).
Recordemos que en las señales que regulan los procesos de saciedad participan un
gran número de moléculas, de carácter Orexigénico y anorexigénico y que en el
fallo de alguna de esta puede desencadenar efectos permanentes en los procesos
inherentes a este sistema de regulación (Bolaños et al., 2005).
A manera de conclusión, quiero señalar que en los mamíferos siempre
estaremos expuestos a cambios bioquímicos que nos permiten adaptarnos, solo que
estos cambios no se presentan de forma inmediata como el cambio de hábitos que
hemos presentado. Intento explicarme: claro está que para ti y para mi 100 años
es una cantidad enorme de tiempo, pero recordemos que como especie solo tenemos
si acaso 1 millón de años, cuando la vida en la tierra (al menos la teoría más
aceptada) lleva 3500 millones de años, con toda la maravilla de la evolución. Si
en 100 años hemos al menos duplicado la esperanza de vida. Resulta pues ingenuo
pensar que podemos adaptar nuestro metabolismo acostumbrado a ser cazador y a
ahorrar energía en forma de grasa, por si no llegamos a cazar una nueva presa y
no comer carne en una semana, pero ahora pues podemos ir al supermercado y
comprar algunos cientos de mamuts en caja y sentarnos frente a la TV para cazar
canales, lógicamente el metabolismo, la evolución no va a esta paso…..
Me despido de ti amable lector, esperando como de costumbre tu comentario y
agradeciendo que haya invertido algún minuto de tu valioso tiempo en leer este
pequeño ensayo.