“Las encuestas son el pulso de la democracia”
George Gallup
A
menos de treinta días del primero de julio, los partidos, candidata, candidatos
y ciudadanos en general, podemos observar, en televisión, y periódicos
principalmente, las cuentas alegres de las casas encuestadoras respecto de
quién ha perdido o ganado puntos hasta el día de hoy en los comicios.
Mario
Martínez Silva define a las encuestas electorales, como un método sistemático
de preguntar a los electores considerados como una “muestra representativa” de
todo el electorado acerca de sus opiniones y actitudes sobre asuntos
particulares, y con ello pulsar cómo está la situación electoral al momento de
levantarse la encuesta y revelar la intensidad y razones de esas opiniones y
actitudes.
La
historia nos dice que las encuestas electorales iniciaron en Estados Unidos,
propiamente en las elecciones presidenciales de 1824, cuando se llevaron a cabo
sondeos con voluntarios que votaban en las urnas, informando al salir el
sentido de su voto y a partir de entonces, esas mediciones se fueron
desarrollando a través de los
periódicos, entre sus suscriptores aunque no de manera científica ni tampoco
sistemática. En México, las encuestas tienen más de veinte años y comenzaron su
consolidación a partir de la elección presidencial de 1988, cuando ganó el
priista Carlos Salinas de Gortari fuertemente cuestionado por los partidos de
oposición y para 1990, ya contábamos con agencias encuestadoras como el Centro
de Estudios de Opinión de la Universidad de Guadalajara, El periódico el
Nacional, entre otros.
Los
electores debemos ser cuidadosos ante la guerra de encuestas, pues con ellas,
tratarán de convencernos quién es la o el candidato favorito de la mayoría de
los electores convirtiéndose en un medio de propaganda electoral sea, para
fortalecer candidatos o mostrar lejanos a quienes todavía tienen posibilidades
de ganar, por ejemplo, falta ver el desarrollo del segundo debate que está
organizando el Instituto Federal Electoral (IFE), y demás circunstancias y
eventos que se puedan dar antes del día de la votación.
Es
muy temprano para tener definido un ganador, por eso debemos ser cautelosos con
los números que día a día estaremos apreciando en este tema, no debemos olvidar
algunas de las características de los procesos electorales de latino América, la primera es que los ciudadanos se mantienen
indecisos hasta el final, y estudios serios señalan que los indecisos son los
menos interesados en la política, y por tanto los que menos se enteran de la
difusión de las encuestas, de manera que
mientras más cercana sea la fecha del día de la elección los resultados de la
encuesta será más aproximada, y la segunda característica es que en los países
latinos hay simpatía, por las víctimas, los derrotados, los débiles, la
suspicacia frente al éxito y la
conmiseración por los caídos pueden jugar un factor en contra de quienes
aparecen como ganadores de las encuestas, por eso debemos tomar la
“encuestitis” con prudencia ante la creciente ola de puntos a la alza o a la
baja de la y los contendientes.
Por
último, parece que por fin le ha quedado más claro a la clase política y a los
medios de comunicación que las personas ya no se dejan engañar tan fácilmente,
y para muestra los jóvenes con sus manifestaciones.
De
ninguna manera debemos caer en el juego de pensar que las oscilantes cifras reemplazan
a los votos en las urnas.