El primer debate televisivo del que se
tenga registro data de 1960, cuyos participantes a la campaña presidencial de
Estados Unidos fueron el demócrata John F. Kennedy y el republicano Richard
Nixon, y fue visto por el sesenta y cinco por ciento de la población total de
Estados Unidos, esto es, entre setenta a ciento un millones de americanos.
En México, en el año de 1994, Ernesto
Zedillo, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Diego Fernández de Cevallos
protagonizaron el primer debate televisivo entre candidatos presidenciales en
la historia electoral de nuestro país. Y a partir de entonces el Instituto
Federal Electoral (IFE), ha organizado en los años -2000, 2006, 2009 y dentro
de unas semanas 2012, uno de los dos debates en que participaran Josefina
Vázquez Mota, Andrés Manuel López Obrador, Enrique Peña Nieto y Gabriel Quadri.
El asunto pudiera tornarse más interesante
si no fuera por el formato tan rígido que ha decidido la autoridad electoral,
hasta pareciera que busca a toda costa evitar que “alguien” sea víctima de su
mayor fragilidad: La espontaneidad. Y es que los debates sirven para que los
votantes-sobre todo los llamados indecisos-
se formen una idea de quiénes son nuestra candidata y candidatos, y por ello
los equipos de campaña seguramente cuidarán hasta el mínimo detalle para
que los presidenciales luzcan en
todo su esplendor y de esta manera ganar
su voto.
Pero mientras los partidos están
entretenidos buscando la perfección de tan importante ejercicio, el analista político
y especialista en medios de comunicación del
Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la
UNAM Julio Juárez Gámiz, ha señalado algunos puntos que los votantes debemos
tomar en cuenta tan importante día y que confieso amable lector, me he
permitido per se complementar dichos
puntos, lo anterior dicho de manera respetuosa para el experto Juárez Gámiz:
Primero: debemos observar dentro del formato-las rondas de participación
y los minutos que cada uno de los
contendientes tendrá para confrontar o exponer sus ideas, el papel del
moderador, la posición y lugar de los candidatos, la iluminación que tendrá
cada uno de los participantes, y las tomas que les harán mientras hacen uso de
la voz. Segundo: Respecto de la imagen que proyectarán los
contendientes debemos atender los “pequeños” detalles
tales como el tono de voz, el volumen, la entonación, el nerviosismo o control
personal de la o el candidato, y la
contundencia con la que habla.
Tercero: Los minutos posteriores al debate son en algunos casos más
importantes pues según el analista, no debemos quedarnos con lo que sucede durante
el desarrollo del mismo sino también con lo que pasa después, es decir, la capitalización
de los aciertos de cada candidato y/o los
errores de los demás participantes a su favor, también debemos estar atentos a las
mesas de análisis, posteriores y que por lo general suelen ser más intensas e
interesantes que los debates mismos.
Por último, y como innovación de estos comicios no debemos olvidar a las
redes sociales antes, durante y después del debate, ya que jugarán un papel
importante y es previsible que las reacciones se traduzcan en el “trending
topic” del momento.
Ahora sí, preparados para el debate, todos los ciudadanos contaremos con
un elemento más para ejercer un voto razonado pero sobre todo informado.
Eso hará la diferencia.