"Ahora, Estados Unidos está Primero"
Un ánimo de nacionalismo económico trasuntan
los epítetos con que Trump construyó su campaña. “Ahora, Estados Unidos está
Primero” es la idea fuerza de un país continente que puede darse el lujo de una
superpotencia, cerrarse sobre sí mismo definiendo sus prioridades, pero
abandonando la de guerras preventivas o de gendarme internacional de los
intereses corporativos.
Trump entiende como empresario de la economía
real lo que significa guerrear contra la economía financiera supranacional.
Entiende que el capital especulativo que flota y genera burbujas, debacles
cíclicas que derrumban a industrias de carne y acero, no le hace bien al Estado
Nación. Que hace falta morigerar el accionar irracional de entidades del
mercado de capitales que buscan ganancias permanentes y un crecimiento sin
límites, para mirar al territorio y la nación, para buscar que esas mayorías
marginadas de la globalización y depredadas por las crisis globales, puedan
recuperar estabilidad, empleos, dignidad.
Es cierto que el lenguaje empleado por Trump es
el de un bruto con plata, sin una empatía hacia los diferentes, de donde surgió
una actitud xenófoba frente a la inundación de inmigrantes y el tráfico de
personas que las mafias manejan detrás del sueño americano. Pero, no deja de
ser cierto que la vida para el norteamericano de a pie es dura, ha habido
desprotección, pérdida de bienestar, pérdida de puestos de trabajo. Si no se
logra un estándar de clase media, con buenos seguros, vivir en Estados Unidos
es una realidad de neo-esclavitud. El modelo neoliberal es el mismo que aplica el
retail con sus trabajadores en Chile. Esa situación de abuso consentido está
tocando fondo en el propio Estados Unidos y la votación por Trump fue un voto
castigo a esa desprotección creciente de los ciudadanos locales. Como Trump no
es un cientista político formado en las aulas de la Trilateral Commission, sino
un self made que le ganó a la vida a los empellones, las personas lo votaron
por sentir cansancio del doble estándar de los Demócratas que servían a las
corporaciones en sus tratativas internacionales, pero descuidaban lo local.
Por ello, en una economía global que trasladó
el trabajo a China, que permitió que el gigante asiático se integrara a la
Organización Mundial del Comercio, que toleró que ese nuevo socio incumpliera
en la conducta de libre comercio y que terminara quebrando la industria europea
y americana con productos que llevan un dumping laboral y un dumping ambiental,
Donald Trump ha ofertado un golpe de timón, volver a producir en Estados Unidos
con mano de obra estadounidense. La realidad es que pone un freno a la inercia
global, donde los Estados Unidos y occidente han soportado la conducta de China
porque su crecimiento sostenía el déficit de las cuentas externas de EEUU y mejoraba
los indicadores del comercio global, altamente concentrado en multinacionales.
Sin embargo, en el modelo, las corporaciones no tributan, evaden, ya que
canalizan sus gananciales a paraísos fiscales, sin que los Estados recuperen
vía impositiva su parte del negocio. Los que han perdido con el modelo global
han sido los trabajadores, los sindicatos, los industriales locales que se vieron
empujados a internacionalizarse y subcontratar fuera lo que antes producían en
Estados Unidos, todo en la locura de la competencia imperfecta de un mercado
altamente concentrado.
Ese fenómeno, auspicia en una primera mirada a
lo que será la era Trump, un reajuste de las políticas públicas, una limitación
del gasto que se genera fuera del territorio, como son las bases militares. En
forma inteligente este hombre de la empresa está buscando aliarse con Rusia
para un nuevo orden de equilibrio y colaboración frente a enemigos comunes. Pragmatismo
que desahogará las arcas de la Reserva Federal. El gran enemigo interno que
Trump deberá neutralizar es la industria bélica que se desarrolló al alero de
las guerras preventivas y los montajes, desde la guerra de Vietnam, después del
asesinato de Kennedy, en adelante. Pero, trabajando con el desconcierto de sus
adversarios y confiando en su más estrecho círculo familiar y de colegas
empresarios, Donald Trump impondrá sus medidas de corte nacionalista y , en la
medida, que sus votantes vayan notando el cambio al interior de sus Estados, se
fortalecerá su gobierno, asumiendo la debilidad actual que enfrenta en el
Congreso.
Es un escenario complejo para los analistas,
pero debe serlo más para China y el establishment de Pentágono, porque hay
cambios de switch que van a sorprender en la puesta en marcha de la era Trump.
Como patio trasero habrá que estar atento a las movidas en el tablero.
Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, Enero 22/2017 @hnarbona
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