Congestion vehicular.
Ciudadanía | 02/06/2015

Entender como se ha complicado el traslado por la ciudad de Santiago,  haciendo imposible saber el tiempo necesario para llegar desde un punto al otro. Va mucho más allá de una sola razón, o de la comparacion ociosa con otros lugares. Lo mismo ocurre a la hora de intentar identificar en este caso el origen del progresivo conflicto. Sin embargo, es muy difícil que cualquier estudio concluya algo distinto que la falta total de planificación y con esto el negativo desprecio que esta conlleva en el impacto al tramado alteriar disponible.

En Santiago, una ciudad donde el 60 % de su población llego de regiones en los últimos 75 años, y donde la autoridad a cargo de disenar la expansión urbana, destino por mas de medio siglo el grueso migratorio del campo a la ciudad, lo mas lejos posible  de los focos de producción y elite residencial, la rutina de circulación es una engorrosa, creciente y periódica pesadilla.

No es raro que con la explosión del parque automotriz que forma parte de la expectativa globalizadora que unió el bajo precio de muchos vehículos compactos y los "beneficios" del crédito consumidor en el mundo entero, una ciudad que al mismo tiempo que no despliega un agresivo y preventivo incremento al tejido rodoviario , construye torres de inyección en geografia humana de alta densidad, eventual y prematuramente sencillamente colapsa.

Esto desde luego no lo solucionan más torres y más autos, que es lo que parece más se aproxima a lo que está ocurriendo en esta ciudad. Básicamente la solución fácil, por ahora no existe.

Descentralizar el comercio inmobiliario de la mano de una política que impida mayor concentración residencial en la ya por ahora bien saturadas áreas de conflicto, debería ser lo que hay que hacer para empezar.

A continuación promover como se ha hecho por medio siglo en países industrializados, la formación de mini ciudades satélites y dar incentivos tributarios para la instalación y traslado de oficinas e industrias fuera del área de congestión, donde ya exista un tren subterráneo o de superficie que garantice los minutos de traslado de la población.

Aumentar el tendido de tren subterráneo existente con una frecuencia mayor, y disminuir el costo del pasaje para seducir un usuario que al mismo tiempo retire su automóvil de la circulación.

Es muy probable que con el montón de perversas formas de corrupción hoy conocidas entre el empresario y el legislador, esta pesadilla no reciba debida y urgente atención. lo que hace posible anticipar que de seguir así, en no mucho tiempo más la congestión por si misma, bien puede paralizar la rutina de comercio , de servicios y de producción en toda la ciudad. 

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