Continuando con las secciones del libro que les he comentado, acá esta la segunda entrega, en esta ocasión veremos algo de los aspectos generales, bueno esto solo para mostrar que esta red de divulgación no solo atiende a asuntos políticos, en especial los del Estado de Quintana Roo, saludos y espero les sea de su agrado.
Como
ya se ha mencionado con anterioridad, en la percepción de los sabores trabajan
estrechamente varios sistemas sensoriales, de forma muy particular trabajan en
forma sinérgica el sentido del gusto y del olfato, en el caso de las moléculas
odorantes, su detección es llevada a cabo por las neuronas olfativas,
localizadas debajo del epitelio nasal, que se encuentra situado en la parte
posterior de la cavidad nasal.
La estratégica
distribución de las neuronas olfativas es debida a dos causas, la primera es
que en esta ubicación las moléculas odorantes que se encuentran en el ambiente,
primero pasan por los filtros físicos que forman las secreciones de las
mucosas, donde quedan atrapados polvo, bacterias y sustancias potencialmente
nocivas para el epitelio nasal, la segunda causa de importancia es
debida a que durante las masticación de los alimentos son liberadas una
cantidad importantes de moléculas odorantes, las cuales viajan a través del
conducto retronasal e interactúan con las neuronas olfativas.
Una
vez que la interacción entre las moléculas odorantes y sus neuronas receptoras
se presenta, la información recolectada es enviada hacia áreas específicas de
la corteza cerebral, para posteriormente ser redistribuida hacia el sistema
límbico, donde se modulan los efectos emocionales de los olores.
Ahora es momento de entrar en materia en
relación al sistema gustativo, primeramente es importante resaltar el papel que
tiene el gusto en el mantenimiento del estado de salud del cuerpo, como es
evidente, este sistema se encarga de la discriminación de alimentos (cabe hacer
mención de que la palabra alimentos en este manuscrito será usado para
referirse tanto a los alimentos en estado sólido como líquido) potencialmente
tóxicos, puesto que en la naturaleza la mayoría de sustancias tóxicas tienen un
gusto amargo, por ejemplo la quinina, la cual es usada como molécula de
referencia para esta modalidad.
De
forma similar el gusto ácido suele ser asociado con sustancias peligrosas o que
no son del todo apetecibles, por ejemplo, al comer una fruta que aún no está
madura el sabor que percibiremos principalmente será el ácido,
este par de acciones se pueden verificar desde cualquier lugar, solo basta con
intentar comer una sopa en estado de descomposición e inmediatamente se verá
que el gusto que tiene es amargo, de igual manera al comer un mango muy verde,
la sensación que tendremos es que este fruto es muy ácido. Sin embargo cuando
las sustancias amargas están en bajas concentraciones resultan atractivas para
los humanos, como claros ejemplos tenemos al café y a los espárragos. De forma
similar nos comportamos los humanos ante los estímulos ácidos a bajas
concentraciones, basta mencionar el uso que le damos al jugo de limón.
Para
gusto salado, como ya se mencionó anteriormente, es de vital importancia,
puesto que mantiene el equilibrio electrolítico, al regular la ingesta de sales
minerales, cuando el organismo se encuentra en estado de deshidratación, busca
la manera de restablecer el equilibrio que se ha desplazado, llegando a
generar una predilección por las bebidas ricas en sales, ahora podemos encontrar
este tipo de bebidas en cualquier tienda, las cuales son muy usadas por los
atletas y realmente ayudan al restablecimiento electrolítico del organismo, sin
embargo cuando el alimento resulta muy salado, la respuesta es contraria a la
esperada. Aun así la industria de los alimentos se ha servido de
una característica especial del gusto salado, la cual es que en pequeñas
cantidades incrementa la percepción de las demás modalidades, si nos ponemos a
revisar la tabla de contenidos de los postres industrializados y de los
chocolates, claramente veremos que uno de sus ingredientes es el cloruro de
sodio.
Para
el caso de las modalidades dulce, umami y graso, los alimentos que
identificamos con estos gustos, suelen ser ricos en energía, decimos que suelen
ser, puesto que en el caso del dulce, las moléculas asociadas a esta modalidad son típicamente los
carbohidratos, sin embargo existen péptidos que tienen gusto
azucarado los cuales se usan como edulcorantes, el caso más conocido es el del
aspartame, el cual es 200 veces más dulce que la sacarosa, la cual es la
molécula de referencia del gusto dulce. Sin embargo, también existe un umbral
de detección y en el caso de que sea superado, el consumo de alimentos muy
dulces, resulta aversivo.
En
relación a la modalidad umami, la cual representa el sabor del glutamato
monosódico y es característico de los extractos de carne, se ha aceptado que
esta modalidad ayuda a discernir los alimentos ricos en proteínas.
Resulta un poco más complejo el gusto por la grasa, puesto que hasta hace poco
no se había considerado como una modalidad gustativa, sino solamente como parte
de la sensación gustativa modificando la textura de los alimentos, actualmente
se sabe que en roedores la percepción de los ácidos grasos es inducible, sin
embargo, aún queda mucho camino por recorrer en esta modalidad.
En
secciones posteriores, se detallara con mayor profundidad los
mecanismos moleculares en la transducción de la señal gustativa de cada
modalidad, así como, su repercusión cuando estos mecanismos se ven alterados.
El
inicio de la percepción gustativa a nivel lingual se da con la interacción de
las moléculas sápidas con un tipo de células especializadas, conocidas
genéricamente como células gustativas, estas células se encuentran
agrupadas en estructuras conocidas como corpúsculos gustativos, los cuales son
considerados como la unidad estructural y funcional del sistema gustativo
periférico, puesto que las células aisladas son capaces de recibir los
estímulos de las moléculas sápidas, pero es necesario que se encuentre el
corpúsculo integro para que la señal pueda ser procesada. Los
corpúsculos se encuentran distribuidos en la parte alta del esófago, en la
laringe, faringe, el paladar suave y en el epitelio lingual, en este último se
encuentran embebidos en estructuras conocidas como papilas gustativas.