Se puede pensar que estoy
siendo pesimista o que estoy maximizando la situación, pero hay algo en que no
hemos puesto atención, hace varios años se presentó una epidemia de influenza
H1N1 en nuestro país y en reacción a esta epidemia se tomaron medidas extremas,
cuando quizá se maximizo el problema, sin embargo, se observó que no tenemos la
suficiente capacidad de respuesta y los hospitales con equipamiento medianamente
adecuado para enfrentar una situación de este tipo, rápidamente son superados.
Ahora ante un padecimiento que llega a tener hasta un 90% de mortalidad, es más
que evidente que no estamos ni siquiera cerca de estar medianamente preparados
para una epidemia de Ébola. El porqué de estas palabras se fundamenta en que se
han detectado, hasta el momento, dos casos en los Estados Unidos si todo sale
bien y los cercos epidemiológicos son efectivos, solamente estos casos serán
registrados.
Si por casualidad (cosa harto probable), estos pacientes llegaron a tener contacto con diferentes personas con transmisión del virus y dentro de estas personas se encuentra algún paisano que pronto planea un viaje de regreso a nuestro país e insisto por mera casualidad que nos tocara hacer frente a una epidemia, no puedo imaginar las complicaciones a las que tendremos que afrontar, solo diré que Dios nos agarre confesados y aclaro que no creo en la existencia de Dios.
Pues bien por ahora a
nosotros, como personal de salud, nos corresponde estar alerta, puesto que el
mayor aliado de una epidemia, lejos de ser la infraestructura con que cuanta la
región, es la ignorancia y el miedo que los pobladores desarrollen ante una
situación no conocida. En los siguientes párrafos comentaré brevemente los
aspectos generales sobre la enfermedad causada por el virus del Ébola.
El virus del Ébola causa en
el humano la enfermedad homónima (EVE), anteriormente conocida como fiebre
hemorrágica del Ébola, cuya tasa de mortalidad llega a ser de hasta el 90%. El
virus se detectó por vez primera en 1976 en dos brotes, el primero ocurrido en
Sudán y el segundo en la República Democrática del Congo en la aldea de
Yambuku, la cual está situada cerca del rio Ébola, del cual proviene el nombre
del virus.
El Ébola pertenece a la
familia filoviridae, es decir, que tiene forma de filamento y en el género
podemos encontrar cinco especies: ebolavirus Bundibugyo (BDBV), ebolavirus
Zaire (EBOV), ebolavirus Reston (RESTV), ebolavirus Sudán (SUDV) y ebolavirus
Taï Forest (TAFV). Las primeras tres especies han sido asociadas a grandes
brotes de EVE en África, la especie RESTV ha sido encontrada en China y
Filipinas, pero no se han documentado casos de EVE, ni decesos debido a ellos.
Se ha descrito que la forma
de infección es el contagio de secreciones de animales enfermos, puesto que se
piensa que los animales son el principal hospedero en la naturaleza, entre
estos animales podemos encontrar chimpancés, gorilas, murciélagos, monos,
antílopes. El contagio entre los humanos se presenta, al igual que en los
animales, con el contacto con secreciones corporales de pacientes infectados y
contacto con materiales contaminados con dichos líquidos, esta forma de
contagio es la que prevalece en el personal de salud que ha atendido a
pacientes infectados.
De hecho se piensa que las
tradiciones en los ritos fúnebres en las aldeas africanas donde se han
presentado los brotes, tienen una gran responsabilidad en el desarrollo de las
epidemias, puesto que durante la velación de los cadáveres, suele ser
tradicional el contacto con el cuerpo de la persona fallecida y con sus
pertenencias.
La EVE está caracterizada
por aparición súbita de fiebre, dolor muscular y debilidad intensa, seguido de
cefalea, dolor de garganta, vómitos, diarrea, erupciones cutáneas, falla renal
y hepática, en ocasiones se presentan hemorragias internas y externas, podemos
encontrar en la citometría hemática una disminución de la serie blanca y a
nivel bioquímico se observa un incremento en las enzimas hepáticas. El periodo
de incubación oscila entre 2 y 21 días.
De hecho se ha encontrado
que los pacientes masculinos siguen excretando partículas víricas por los
líquidos seminales, hasta por 6 semanas posteriores a su recuperación clínica.
También se ha encontrado pacientes asintomáticos (portadores) de la especie
RESTV, sugiriendo que en esta especie tiene una menor capacidad de virulencia,
pero solo se han encontrado pacientes portadores adultos, no se ha evaluado en
los diversos grupos que componen los estratos sociales.
En lo referente al
diagnóstico se puede hacer por medio de ELISA, pruebas de detección de
antígenos, RT-PCR o PCR en tiempo real, cultivo del virus mediante cultivo
celular. Todas las muestras son altamente infecciosas y deben de tratadas con
la máxima seguridad biológica posible. Hasta el momento no se ha desarrollado
una vacuna con resultados clínicos aceptables, tampoco existe un tratamiento
específico para EVE, lo único que se puede hacer es dar tratamientos paliativos
a los síntomas.
Hasta aquí es lo que puedo
considerar como un breve resumen con la información más relevante en el caso de
la EVE. Queda espacio para la pregunta obligada, si la EVE, al revisar su
sintomatología, no parece ser tan problemática como se ha difundido ¿Por qué
tanta alarma entonces? La respuesta es por la velocidad con que actúa, en los
90´s se determino que el Ébola era capaz de producir en un mes el número de
muertes que produciría el VIH en 10 años. Quizá esta comparación sea
superlativa en la actualidad, por todos los avances que se han tenido en cuanto
al manejo de pacientes con enfermedades víricas, lo que si queda claro que es
una amenaza y como tal solo podemos estar preparados.