Bomberos a la Defensa Nacional
Estamos aún en shock. El siniestro que comenzó el 12 de abril ha devastado Valparaíso en una catástrofe sin parangón y solamente comparable con el terremoto de 1906, que produjo también grandes incendios. En esta catástrofe, Bomberos se vio sobrepasado por el fuego.
En la red de medios que se organizó para cubrir la emergencia, describí
el fenómeno como un tsunami de fuego “que un dragón diabólico descargó sobre
Valparaíso”. Creo que fue una metáfora acertada que resumió el espanto vivido.
Y, en medio de la catástrofe, surgieron muchas preguntas acerca de la
indefensión vivida, con grifos de agua que no tenían presión, con bombas que no
podían escalar los estrechos caminos de los cerros, con negligencia denunciada
por vecinos, con aviones y helicópteros que no pudieron evitar el rebrote del
fuego.
¿Puede un Estado dar seguridad a la población y prevenir catástrofes si
no cuenta con un cuerpo estable en su organización dedicado a la prevención de
riesgos y extinción de incendios, con equipamiento moderno, con aviones
cisternas para atacar siniestros extendidos?
La experiencia muestra que
Bomberos es una loable corporación que se basa en el honor y el voluntariado,
pero que debe ser incorporado a la estructura formal del Estado, en el área de
la Defensa Nacional, para generar la carrera funcionaria y lograr los mayores estándares
en ataque a siniestros de todo tipo. Además, hay funciones fiscalizadoras que
este cuerpo especializado podría asumir, como por ejemplo inspecciones de los
sistemas de seguridad de inmuebles, control de mercancías peligrosas, entre
otras tantas funciones. El Estado Responsable debe velar por la vida y
seguridad de sus habitantes y no debiera depender en ello de planteles que
operan desde el voluntariado, sin recursos suficientes, sustentándose vía rifas
o donaciones. En esta catástrofe en desarrollo han quedado a la luz las vilezas
del sistema que tienen que soportar estoicamente los bomberos: las
concesionarias de carreteras les cobran peajes; nadie les provee agua o
colaciones mientras luchan infatigables contra la contingencia. La sociedad
hace retórica de esta institución, pero no hay voluntad política efectiva de
dotarlos del estatus formal y facultades fiscalizadoras que quizá evitarían futuros
desastres. Si ellos como funcionarios del Estado, pudieran fiscalizar que los
grifos funcionen, que las instalaciones de gas sean seguras, que los extintores
estén cargados, que exista señalética de evacuación, el Estado ganaría en
seguridad, lo que hoy es débil y reactivo, en vez de que existan planes de
contingencia a cargo de expertos a tiempo completo. Para conjugar un cuerpo
institucional dentro del Ministerio de Defensa con el Cuerpo de Bomberos
tradicional, se debería complementar el personal de planta, remunerado, con
voluntarios que se puedan sumar y conformar un equipo en torno a cada compañía,
sustentando sus valores y tradiciones.
Lo que pido desde esta tribuna es
dignidad para estos valientes que generosamente actúan en la protección del
prójimo. Lo que pido es tecnificar al máximo su equipamiento y capacitación
para que logren competencias en la solución de catástrofes de todo tipo,
planificando soluciones para evitarlas, antes que ellas ocurran. El paradigma
de seguridad interior es que alguien experto desde el Estado efectúe controles
y tenga capacidad sancionatoria de los infractores. En aras de la vida de los
habitantes, educándolos también para que actúen con seguridad frente a las
contingencias.
En resumen, los Bomberos debieran
integrarse en la nueva institucionalidad que está por discutirse, como una rama
del Ministerio de Defensa Nacional, con carrera profesional y similar
jerarquización que ha tenido en sus tradiciones corporativas. Y que nunca más
dependan de rifas o donaciones para sobrevivir. Por demás, gracias, Bomberos,
por su sacrificio y abnegación.
Periodismo Independiente, lunes,
14 de abril de 2014, @hnarbona en Twitter. @elepicentro.