Cuando los tiempos no son iguales
Política Nacional | 29/04/2013

Semejante desfachatez es insoportable.

Pedir al ciudadano español “que espere un poquito” para que se genere empleo es tan indecente como las bocas de las que salen estas palabras.

De promesas incumplidas tiene el presidente Mariano Rajoy un currículum insuperable. Pero lo más hiriente es que una vez incumplidas se permita el lujazo de pedir al ciudadano que “esas cosas de la economía” no van todo lo rápido que sería deseable.

Pero es que este hombre además de su aspirante a "santa", la ministra de Empleo Fátima Báñez, NO QUIEREN SABER -porque no me puedo creer que no lo sepan- que la gente NO PUEDE ESPERAR. Durante los meses o años que sean necesarios para vayamos por esa “senda de la recuperación” (cada vez aborrezco más el sucio uso que se da a la riqueza del idioma castellano) la gente tiene que comer. No es una frase hecha. Es que comemos. Tres veces al día si es posible. A ello aspiran incluso hasta los más de seis millones de parados que han consumido la serenidad que todavía muchos conservaban como reserva a pesar de todos los pesares.

Dejen de insultarnos con su asquerosa búsqueda de expresiones, de dobleces del lenguaje que no engañan a estómagos vacíos y carteras sin posibilidades de llegar a final de mes.

Cállense ya. De una vez. Viven en un mundo irreal flotando en la mayoría absoluta que les ha catapultado hasta lo más alto de las posibles estupideces mentales.

Dejen sus mentiras de quinielas vacías con hipótesis sobre el final de esta crisis. Estamos mareados, desquiciados ya de sus memeces sobre las “aventuras” en el extranjero que muchos han buscado por necesidad. Las decisiones vitales de una persona a lo largo de su vida son como una soga que aprieta cuando no se basan en la voluntad propia, sino en la más absoluta de las necesidades.

Pero ustedes no saben lo que significa esta palabra. La de un diccionario que tanto maltratan, casi tanto como a nuestros oídos y vísceras que cada día se revuelven con ganas de vómito cuando encendemos la radio para escuchar los primeros titulares del día con nuevas corruptelas.

No estamos cansados. Estamos al límite. Algunos lo han traspasado. No esperamos ni esperaremos. Muchos no pueden. La cola del paro se está quedando vacía para irse a la de Cáritas y a las de los contenedores donde cada días más personas se inclinan buscando restos.

Restos de la basura que ustedes, los del gobierno, simbolizan más que nada en estos tiempos que ya no son tanto de desesperanza como de extrema irritación.

Sacarles los colores con las hemerotecas es algo bastante escaso en estos días para hacerles pagar lo que deberían, en un mundo donde ustedes giran la cabeza obviando el gesto de agresividad que cada día se pasea más por la calle.

Esa que ya no les votará más en las urnas. Pero ése, será un mal menor. Midan las consecuencias de sus actos, de sus palabras porque nos están obligando a taparnos los oídos -como hacen ustedes con nosotros-, para no tener que soportar sus insolentes mamandurrias.

Cada protesta será cada día más alta, más contundente y no podremos cumplir la promesa -como el presidente Rajoy- que hicimos muchos un día de mantener la calma. Como bien dice el gobierno.. “no nos queda más remedio” que hacer lo que tenemos que hacer.

La palabra protesta se quedará corta para definir la respuesta que se están ganando a pulso. Nuestros tiempos de espera y los suyos son de planetas distintos.

 

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