En
esta época en que México ha estado debatiéndose en un desencuentro total de
numerosas ideologías sin fondo concreto y de un ejercicio de quienes detentan
el poder nacional y antipopular, aunado a una crítica descalificatoria,
desmesurada y cruda por parte de los principales actores políticos y sociales,
nunca proactivos, ni identificados con las convergencias, ni lazados en la
actividad gubernamental; desemboca como consecuencia que se centre la vista en
la actividad política que desarrolla el gobierno de Enrique Peña Nieto,
constituido ahora en el artífice y polo hegemónico de la actividad política
nacional junto con las poderosas gubernaturas que lo secundan, y por lo
tanto, con mayor poder para decidir el
rumbo que deben tener las decisiones y propuestas públicas del antiguo régimen
ahora nuevamente en el poder.
Ante
este panorama la detención de la
sempiterna lideresa del SNTE por el uso de recursos de procedencia ilícita,
lavado de dinero, tráfico de influencias y las que resulten, se da en un
contexto en donde el magisterio está controlado por un sindicato todo poderoso
con casi 2 millones de agremiados que bloquea cualquier intento serio por modernizar
el arcaico sistema educativo mexicano.
Nuestro
país tiene una ingente cantidad de maestros que no están capacitados para
enseñar, y en numerosos casos enseñan poco. En México existen factores que
impiden el progreso; y es la enorme deserción
a nivel de la escuela secundaria y preparatoria de los jóvenes en edad
de cursarla, amén del mal desempeño de las universidades mexicanas.
Ante
esta tesitura, se precisa de un cambio radical en las estructuras educativas
del país y de la contratación por concurso de oposición de profesores egresados
de escuelas normales y de la eliminación de la aberrante venta y herencia de
plazas a personas que nunca han pasado por una primaria o son semi-analfabetas,
pues es lastimoso que México siga anquilosado en materia educativa por inercias
históricas que datan de Carlos Jongitud Barrios y hasta la maestra Elba Esther
Gordillo; misma que dejó su sempiterno cargo.
Esperemos
que el cambio educativo en México no dilate más, pues la educación es un asunto
nodal para el crecimiento económico del país y no podemos seguir con mentores
mal preparados, desfasados y en el peor de los casos sin un mínimo de estudios
para enseñar en el nivel primario y secundario.
Es
una verdadera pena lo que nuestro país vive en materia educativa, y si no
hacemos algo por comenzar a mejorarla, estamos destinados a seguir en el atraso
histórico; y la caída de la maestra no es garantía de que la educación en
México va a mejorar en el futuro inmediato.