Celebramos el día de la
mujer. El viejo chiste de cuándo será la celebración del día del
hombre no solo es repetido sino aburrido, por lo que olvídelo.
Una buena conmemoración
para recordar sus virtudes y misión, así como la deuda histórica
que arrastra la otra mitad de la humanidad para con ella.
En Chile, como sabemos,
mandan las mujeres. Buena parte de los hogares tienen como cabeza a
una mujer. Más de la mitad de los directores de colegios son
mujeres. Los chilenos aprenden a leer, sumar y restar con mujeres, ya
que la inmensa mayoría de los profesores de básica son mujeres.
Suma y sigue. Hay un poco más de mujeres que hombres. Y esta rápida
mirada queda corta si le agregamos su papel en aspectos claves de la
vida cotidiana como salud. La mujer es simplemente irreemplazable.
Y la mujer chilena, más
aún ¿Qué decir de ella? Lo primero que se me viene a la mente es
que son muy esforzadas. Veo a diario mujeres con sus niños pequeños
camino al colegio, en paraderos atestados, esperando bus o camino al
trabajo. Juegan doble y triple papel entre la casa, el trabajo y el
rol de esposa. Están dispuestas a dar la vida por los suyos. Me ha
tocado conocer mujeres en los lugares más reconditos de este largo
país, sacándole partido a los pocos pesos de que disponen, haciendo
malabares con escasos medios, arropando a niños y asumiendo como
propios más de uno que llego de improviso. A esto hay que sumarle la
faena de lidiar no pocas veces con hombres ausentes, molestos,
cargantes y, lo peor de todo, violentos. La violencia intrafamiliar
no es tema menor. Algo hemos avanzado pero sigue siendo una lacra que
corroe las bases de la familia chilena y causa de perjuicios
afectivos y sociales enorme.
Toda mujer, incluso
aquellas que no son creyentes, irradian mucho de Dios, tiene un halo
de divinidad, de misterio que transporta a lo sublime. Sin quererlo
ni buscarlo, es puente entre lo humano y lo divino. Jesús tuvo entre
sus fieles colaboradoras a mujeres. Las únicas fieles hasta el
final: su madre María, María Magdalena y otra María, de quien
sabemos que acompañó a Jesús. Debemos nombrar también a Marta, la
hacendosa. De ahí su enorme responsabilidad de humanizar,
dignificar, dar vida y acoger. Su fuerza radica en buena parte que
hay tenido que hacerse espacio a pulso y ñeque, a fuerza de vencer
dificultades y prejuicios.
La creciente mejor
convivencia de los chilenos – falta mucho aún, pero mejoramos -,
la mayor capacidad de diálogo, tolerancia y mesura en la forma de
enfrentar los desafíos nacionales, se deben a la mayor incorporación
de la mujer al mundo laboral, social y político, este último hasta
hace un tiempo monopolio masculino.
¡Felicidades en su día
a todas las mujeres!
Hugo Tagle
twitter: @hugotagle