El gobierno de Gibraltar tiene previsto instalar cámaras fijas en la frontera. En su lado, donde en ocasiones puntuales y casi siempre a merced de vaivenes de la política, crecen colas de vehículos.
Dice el gobierno español que su labor es la de controlar la salida de Gibraltar porque el contrabando de tabaco, que lleva conviviendo con este límite desde su nacimiento, ha experimentado en los últimos tiempos un aumento más que notable. La reventa de un cartón de tabaco en suelo español supone para algunos, varios euros con los que pasar mínimamente la jornada.
Dejando esta eterna polémica a un lado porque no es justificable y toda actividad ilícita debe combatirse, lo cierto es que en algunas jornadas las imágenes de monstruosas colas saliendo de Gibraltar han dado la vuelta al mundo. Y la gran mayoría de los que conducen estos coches y motos que forman las caravanas son ciudadanos españoles, fundamentalmente de la localidad gaditana de La Línea , que tienen que buscarse el jornal en el Peñón.
Y son miles. No es una cifra aproximada, ….es que son ¡miles de personas!, aunque el número oscile según la fuente a la que consultemos.
Según la Asociación de Trabajadores Españoles en Gibraltar, podrían ser más de cuatro mil. Y es precisamente esta asociación la que viene denunciando desde hace muchos años la arbitrariedad de los controles policiales que se realizan en el lado español de la frontera y que surgen tras órdenes directas recibidas desde la administración central por mucho que oficialmente no lo confirmen así e incluso lo nieguen por activa o por pasiva.
Que los agentes en cuestión tienen que hacer su trabajo y que cumplen órdenes es una realidad y además una obligación. Pero lógicamente la arbitrariedad en la exhaustividad de esos controles en coches y motos son directamente proporcionales a la firmeza con la que llegan esas “indicaciones” desde Madrid.
De abrir al maletero a desmontar prácticamente un vehículo hay diferencias. Y ahí radica esa “exhaustividad”.
Cuando al gobierno le entra el ansia patria y se fustiga odiando a los británicos por quedarse con Gibraltar, tiran al máximo de su látigo. Tal es su ceguera que no están dispuestos a descubrirse los ojos cuando les golpean en la cara las imágenes de miles de ciudadanos, CIUDADANOS ESPAÑOLES QUE NO TRABAJO EN SU PAÍS, que al concluir un peonada, intentan regresar a sus casas en suelo español, poniendo a prueba todos sus nervios para soportar, como ha ocurrido en algunas ocasiones, HORAS, sí ...HORAS. A veces han superado las tres de media, para cruzar la frontera que tanto maldicen.
Pues bien, independientemente de las batallitas de España y el Reino Unido por su Roca más deseada, Gibraltar – a veces abandonada por papá británico – se rebela contra esta situación.
Y lo ha hecho en tantas ocasiones, que además de apelar a la grandiosa Unión Europea (que no ve este teledirigido celo profesional, que se ejerce en jornadas concretas, en el lado español de la verja) ya ha optado por pensar en las polémicas cámaras que antes de instalarse ya generan debate.
El ejecutivo gibraltareño, comandando por Fabian Picardo está reuniendo cifras para justificar la necesidad de instalar este dispositivo de manera fija, de forma que cualquier ciudadano, cuando quiera cruzar al otro lado desde el Peñón, pueda consultar por internet cuál es el estado de las “colas” de salida en ese momento.
Y no sólo lo van a poder consultar los gibraltareños. Lógicamente la red es global y como tal, podrá ser todo el mundo el que pueda comprobar con sus propios ojos, si hay problemas en la frontera.
Actualmente existe un número de teléfono en el que se ofrece esta información, incluso en twitter la policía de Gibraltar muestra datos de manera intermitente sobre esta cuestión, donde indica una media sobre el tiempo de espera a la hora de salir por la frontera.
Iba a decir que la polémica está servida, pero la frase está tan manida que todo lo relacionado con Gibraltar carece ya prácticamente de originalidad si de lo que hablamos es de información o de oportunismo.
Haga lo que haga, sea correcto o no, la onda expansiva de Gibraltar tendrá la magnitud de polémica que quiera dársele.
Pero hay una cuestión muy clara:
como ya he dicho en muchas ocasiones, para conocer esta gran piedra británica hay que conocerla y vivirla, al igual que su entorno “sufriente” llamado Campo de Gibraltar, sobre todo la localidad que más le roza – quiera o no - en todos los sentidos: La Línea.
De nada vale “comandar” a la distancia sobre el terruño español como si se tuviera un mando, con la clara intención de incordiar a Gibraltar – haya motivos o no y casi siempre alegando los rojos y amarillos que chispean en los ojos del PP a todas horas como si de una urticaria enfermiza se tratara -, mientras son sus gentes – los ciudadanos españoles – los que reciben la pelota que rebota en toda su cara, mientras allí, en sus despachos políticos lejanos, no hace frío.