En
la frenética variedad del mundo moderno aparece insistentemente el tema de la
educación en México, esto en virtud de que el proceso educativo necesita del
concurso de diversos sectores en las esferas económica, social, política e
ideológica; para crear el tipo de ciudadano y de hombre que el país demanda,
concurso que debe estar al servicio de los intereses genuinos del pueblo de
México, sin cuyo concurso no habrá progreso real. Ésta es irrecusablemente la
importancia de un tema con problemas, lastres y rémoras con las que cuenta el
sector educativo en México, desde la educación básica hasta la educación
superior.
El modelo de desarrollo neoliberal y su
apéndice: la globalización, aborda el tema de la reforma educativa propuesta
por la burguesía dominante del país desde muy diversas perspectivas, tendientes
todas a dilucidar hasta que punto la tal reforma es un intento plural de
adecuar el aparato ideológico de la clase dominante lo mismo a los cambios
planteados por la etapa económico-social actual, que a las necesidades
enajenantes y de manipulación de amplios agregados sociales, con el fin de
mantenerlos despolitizados y pasivos
ante el peso del aparato priísta que a punto está de arribar de nuevo a
la Presidencia de México.
Porque en casi dos siglos de
independencia formal, no puede decirse
que en México sean pocas las experiencias de reforma -y, naturalmente de contrarreforma- del sistema educativo en su conjunto y en sus
partes. Visto en perspectiva, basta recordar, de una parte, los nombres de un
Valentín Gomez Farías, un Gabino Barreda y un Narciso Bassols, identificables
con una gran corriente anticlerical y racionalista, y por el intento efímero
aunque profundo e intenso de remover los cimientos del sistema prexistente y
reorientar a fondo la política educacional; y de la otra parte, los de un Lucas
Alamán, un Justo Sierra, un José Vasconcelos y un Jaime Torres Bodet, más
destacados por modernizar y extender el sistema educativo más que
revolucionarlo en beneficio del pueblo trabajador y como instrumento para
avanzar en la independencia estructural de la nación.
La mayoría de ellos fueron Secretarios
de Educación (hasta el porfiriato de “Instrucción”) armados de una filosofía
que por supuesto difiere sustancialmente de unos a otros -desde el liberalismo y el positivismo hasta
el socialismo de Marx- si bien puede
decirse que en el caso de Lucas Alamán, Justo Sierra Méndez, José Vasconcelos y
Jaime Torres Bodet existe una mayor identidad: la que aporta su inequívoco
carácter burgués.
En este tenor, México está inmerso
actualmente en las modificaciones de la economía mundial, así como de los
sistemas políticos del mundo; merced a
las políticas globalizadoras, las transformaciones son vertiginosas y nuestro
país requiere de ajustes y reformas institucionales que lo coloquen en un nivel
de poca desventaja respecto de sus socios comerciales; así, la Reforma Educativa que requiere México
le debe permitir a la población estar a la vanguardia educativa con otras
naciones ”emergentes”, y de esta suerte no quede desprovista de los instrumentos
y mecanismos educativos que le permitan sortear con éxito todas las
contingencias y viscisitudes que de modo recurrente tiene que enfrentar. He ahí
la imperiosa necesidad de una Reforma Educativa integral como asignatura
pendiente en nuestro país y en un momento histórico tan importante como el que
atraviesa la nación en estos momentos de incertidumbre por la baja calidad en
la educación a escala nacional; de modo que ésta seguirá siendo una asignatura
pendiente que debe atenderse de modo inmediato, expedito y sin cortapisas si
queremos un desarrollo social integral para nuestras futuras generaciones.