Educación Académica: asignatura pendiente
Política Nacional | 14/11/2012

En la frenética variedad del mundo moderno aparece insistentemente el tema de la educación en México, esto en virtud de que el proceso educativo necesita del concurso de diversos sectores en las esferas económica, social, política e ideológica; para crear el tipo de ciudadano y de hombre que el país demanda, concurso que debe estar al servicio de los intereses genuinos del pueblo de México, sin cuyo concurso no habrá progreso real. Ésta es irrecusablemente la importancia de un tema con problemas, lastres y rémoras con las que cuenta el sector educativo en México, desde la educación básica hasta la educación superior.

        El modelo de desarrollo neoliberal y su apéndice: la globalización, aborda el tema de la reforma educativa propuesta por la burguesía dominante del país desde muy diversas perspectivas, tendientes todas a dilucidar hasta que punto la tal reforma es un intento plural de adecuar el aparato ideológico de la clase dominante lo mismo a los cambios planteados por la etapa económico-social actual, que a las necesidades enajenantes y de manipulación de amplios agregados sociales, con el fin de mantenerlos despolitizados y pasivos  ante el peso del aparato priísta que a punto está de arribar de nuevo a la Presidencia de México.

        Porque en casi dos siglos de independencia formal, no puede  decirse que en México sean pocas las experiencias de reforma  -y, naturalmente de contrarreforma-  del sistema educativo en su conjunto y en sus partes. Visto en perspectiva, basta recordar, de una parte, los nombres de un Valentín Gomez Farías, un Gabino Barreda y un Narciso Bassols, identificables con una gran corriente anticlerical y racionalista, y por el intento efímero aunque profundo e intenso de remover los cimientos del sistema prexistente y reorientar a fondo la política educacional; y de la otra parte, los de un Lucas Alamán, un Justo Sierra, un José Vasconcelos y un Jaime Torres Bodet, más destacados por modernizar y extender el sistema educativo más que revolucionarlo en beneficio del pueblo trabajador y como instrumento para avanzar en la independencia estructural de la nación.

        La mayoría de ellos fueron Secretarios de Educación (hasta el porfiriato de “Instrucción”) armados de una filosofía que por supuesto difiere sustancialmente de unos a otros  -desde el liberalismo y el positivismo hasta el socialismo de Marx-  si bien puede decirse que en el caso de Lucas Alamán, Justo Sierra Méndez, José Vasconcelos y Jaime Torres Bodet existe una mayor identidad: la que aporta su inequívoco carácter burgués.

        En este tenor, México está inmerso actualmente en las modificaciones de la economía mundial, así como de los sistemas políticos del mundo;  merced a las políticas globalizadoras, las transformaciones son vertiginosas y nuestro país requiere de ajustes y reformas institucionales que lo coloquen en un nivel de poca desventaja respecto de sus socios comerciales;  así, la Reforma Educativa que requiere México le debe permitir a la población estar a la vanguardia educativa con otras naciones ”emergentes”, y de esta suerte no quede desprovista de los instrumentos y mecanismos educativos que le permitan sortear con éxito todas las contingencias y viscisitudes que de modo recurrente tiene que enfrentar. He ahí la imperiosa necesidad de una Reforma Educativa integral como asignatura pendiente en nuestro país y en un momento histórico tan importante como el que atraviesa la nación en estos momentos de incertidumbre por la baja calidad en la educación a escala nacional; de modo que ésta seguirá siendo una asignatura pendiente que debe atenderse de modo inmediato, expedito y sin cortapisas si queremos un desarrollo social integral para nuestras futuras generaciones.

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