Tengo muchas razones para NO ir a la ‘juerga’ general que convocan los sindicatos clasistas.
No se hubiera llegado a esta situación si esas mismas organizaciones no
se hubieran ‘encamado’ con el Gobierno socialista durante ocho años.
Hoy son la risión y, sin duda, se han ganado a pulso el rechazo y el
desprecio de los trabajadores, parados y jubilados. Alguien debería
decirles que España se levanta trabajando y no vagueando. Tampoco se
levanta el país comiendo en la mano del Gobierno y mucho menos ‘poniendo
el cazo’ o besando por donde pisaba el indigente intelectual de Moncloa
que ha vivido en ella durante el “septenio negro”. Para otro día explicamos su apoyo a que no se boicotee Cataluña.
No iré a la huelga porque no creo en los anticuados sindicatos que han convertido la convocatoria en una farsa. Es una huelga loca. Tanto el sindicato socialista como el comunista han demostrado que son unos oportunistas e hipócritas.
No iré a la huelga
porque está organizada contra el mundo empresarial, que es quien
realmente puede generar empleo para esos 6.000.000 de parados que ha
provocado el Gobierno socialista, y a quienes desprecian los mal
llamados sindicatos obreros, si bien se benefician jugosamente de su
existencia. ¿Cuántos comedores sociales han creado o atendido los
sindicatos de clase?
No iré a la huelga
porque estaría ‘bendiciendo’, dando legitimidad y razón a la
permanencia de casi 350.000 ociosos liberados sindicales que cobran sin
trabajar, desaparecen de su empresa y abandonan a sus propios
compañeros. En muchos casos los venden a cambio de favores y prebendas
para ellos o sus familiares. No hay más que recordar que los sindicatos
de clase firmaron a favor de los desahucios en los Consejos de
Administración y ahora defienden lo contrario. ¿Existe mayor
contradicción, hipocresía e indignidad?
No iré a la huelga porque este tipo de sindicatos nos cuestan un ojo de la cara. No sirven para nada, viven como ricos y llevan años aburguesados, partiendo el mismo piñón que las clases pudientes; ahí tienen el caso de Fernández Toxo. La sustitución y el mantenimiento de liberados sindicales tiene un coste que sobrepasa los 23,6 millones €/año y pretenden perpetuar su derecho de ‘pernada’ sindical en los ‘burdeles’ que llaman Patrimonio sindical; otra patraña más, que pagamos todos y el Gobierno consiente.
No iré a la huelga porque llega tarde. Muy tarde. Debió convocarse al final de la legislatura anterior, cuando Zapatero se empeñaba en negar la crisis, mentir a los españoles y ‘encamarse’ con la culebra etarra. Todo ello, y mucho más, hizo que el Gobierno de Rodríguez Zapatero fuera un auténtico desgobierno, así como el hazmerreír de los demás países de la UE y el entretenimiento gótico del entorno.
No iré a la huelga porque creo en las posibilidades de España y en su locomotora de generar empleo, siempre que se reconviertan los sindicatos obreros y se modernicen. La LOGSE hizo tanto daño que aún quedan adocenados individuos que votan a este tipo de organizaciones con olor a naftalina. Nunca entenderán que su desidia y daño social frenan el futuro y cercenan las perspectivas de la ciudadanía en edad de trabajar. Jamás unos sindicatos habían podrido tanto unas estructuras que han acabado por enriquecerlos.
No iré a la huelga porque conozco mis derechos. Y el derecho al trabajo es anterior y más antiguo que el derecho a la huelga, algarada y manifestación. No solo no va a servir para nada sino que los trabajadores que la secunden recibirán un fuerte descuento en la nómina de diciembre (algunos vacaciones indefinidas. Hay empresas que no abrirán más si sus trabajadores van a la huelga), mientras que los liberados cobrarán como siempre y, a la vez, se mofarán del currante que madruga todos los días a horas intempestivas.
No iré a la huelga porque esta gente de UGT y CCOO no me representa en nada ni lo ha hecho ni lo hará. No quiero a mí alrededor gente holgando ni aprovechados ni desvergonzados. Quiero a mi país, creo en sus posibilidades, en su ciudadanía, en el valor de la solidaridad y en su futuro. Por eso voy a ir a trabajar el día 14-N. Los cultivadores de la desidia y la dejadez irán a la huelga, pues también están en su derecho.
Los piquetes
son innecesarios como innecesarios son los servicios mínimos. El
Gobierno y las comunidades autónomas están obligados a mantener el cien
por cien de los servicios, porque la ciudadanía tiene derecho a hacer
uso de ellos. No debemos consentir que con nuestros impuestos reduzcan
ese día los servicios ni hay motivo para que sean mínimos. Hemos de
exigir que sean los mismos servicios que un día normal, porque
pretendemos que sea eso, un día normal. La mejor lección que podemos dar
a los dicimonónicos sindicatos de clase es haciendo una huelga a la
japonesa.
Mientras el sindicalismo de caverna y poltrona dedica su tiempo a la holganza, millones de ciudadanos iremos a trabajar ese día porque lo necesitamos y nos lo exige nuestra propia responsabilidad. Pero seguirá existiendola desidia y el despendole sindical para desgracia del mundo laboral, económico, político y social.
No está de más dar a los sindicatos clasistas una lección de responsabilidad, porque fracasando esta huelga los fraudulentos líderes obreros deberán dar explicaciones en serio, replantearse su continuidad y reflexionar sobre el necesario cambio de esas organizaciones. Por cierto, el camino se les ha acabado y la clase trabajadora está obligada a hacerles andar por el pedregal de la indiferencia.