¿Qué está pasando en Marruecos? Desde el pasado fin de semana una
caravana de pequeñas barquitas de plástico se empeña en seguir llegando a las
costas deTarifa, en el Campo de Gibraltar , comarca de la
provincia de Cádiz.
El grosor de
los grupos no puede compararse, ni mucho menos, con aquellas tremendas pateras
que hace más de diez años llegaban a la zona, con tripulaciones que podían
reunir hasta sesenta personas.
Pero algo
ocurre al otro lado del Estrecho, porque las reducidas “toy”, que por aquí conocemos
como embarcaciones de juguete, eran hace hasta muy poco un hecho excepcional.
Y desde el
pasado sábado, han sido casi veinte. Y lo más increíble es que estos días la
metereología en el Estrecho era algo más que desagradable como para que una
minibarca se aventurase a realizar semejante trayecto. Pero lo más tremendo es
que hasta un bebé de seis meses llegó a bordo de una ellas.
Y lo más triste: pasados los años, volvemos a hacer “recuento”. A
los periodistas nos queda la odiosa tarea de contarlos para hacer nuestras
crónicas: tantos “bultos”, tantas personas.
Los
inmigrantes esperan en el puerto de Tarifa, intentando recuperar el calor con
ropa seca y mantas a su furgón policial.
Con mantas de
igual color que los voluntarios de la cruz roja: hombres y mujeres anónimos que
hacen una labor que merece más de un reportaje.
Si a este
gobierno le parecemos números los del mundo “civilizado” - la prueba está en
cómo sumamos según nos puedan recortar – imagínense qué puede suponer para
estos ejecutores de listas de cifras, estos “bultos”. Eso mismo, bultos que después se cuentan para
hacer los malditos balances de aquellos que intentaron cruzar el Estrecho.
Y cuando miras a sus ojos en el puerto al que son trasladados desde diferentes
puntos de las catorce millas del Estrecho, a veces resulta imposible mantener
su mirada, aunque por regla general la evitan. Sobre todo los inmigrantes de
origen subsahariano. Si pudiéramos seguir mirándolos, comprobaríamos en
nuestras carnes que son las mismas personas que nosotros. Una obviedad que hay
que repetir de vez en cuando porque se olvida. Bueno, seguro que no tenemos
comparación con ellos. Ninguno de nosotros tendríamos valor para hacer lo que
hacen. El vértigo se siente en el estómago cuando miras desde Tarifa hacia el
horizonte y sólo ves agua. Al menos, los días como estos últimos, en los que
las nubes y la lluvia no te dejan mantener abiertos los ojos.
¿DÓNDE ESTÁN?
Cada vez que
el periodista pregunta cúal es su destino, comienzan a evadirse las respuestas.
Normalmente se trasladan a los CÍE, los Centros
de Internamiento de Extranjeros (hay
uno oficial en Algeciras y otro en Tarifa que oficialmente no lo es, pero que
funciona como tal, y las instalaciones son...para conocerlas. En la Isla de Las
Palomas).
Esas
instalaciones, para las que tantos colectivos llevan pidiendo desde hace años,
su cierre, porque tras sus paredes se desconocen sus secretos. Es un auténticoTABÚ
INFORMATIVO.
Lo mismo que
los motivos de estas numerosas llegadas. A la pregunta de ¿qué está ocurriendo
en Marruecos?, la respuesta es la misma: mutismo absoluto. Tan sólo fuera de
micrófono lo dicen: "Marruecos ha vuelto a abrir el grifo". Es un país
que sabe pedir y exigir como ninguno a Europa. Sin levantarle la voz, pero con
hechos.
No es la
primera vez que "relaja" sus fronteras. ¿Lo está haciendo ahora, para
qué?. Bueno, esas preguntas habrá que hacérselas al gran gobierno que nos rige
desde los despachos de Madrid, con el riesgo de la regañina que recibe un niño
insolente. Pero atención, porque a esta pregunta no contesta ni éste, ni ningún
otro anterior.
Al parecer, los periodistas no estamos
para preguntar sobre cosas "feas".