Izquierdazos
Política Nacional | 01/11/2012

     Internet, la nueva plaza pública que democratiza elitismos se ha vuelto el punto de encuentro del internacionalismo proletario y el cosmopolitismo burgués. Con todo, esa abigarrada suma de rebeldías enfrenta un desafío portentoso. Tiene las causas y la razón de su lado pero ha de sortear los peligros que ello conlleva. Debe evitar las cooptaciones sin dividirse, desatar la energía popular mientras se manifiesta dentro de los anticlimáticos márgenes de la legalidad y del respeto, organizarse democráticamente sin sucumbir a las tentaciones del asambleísmo.

     La sociedad civil también necesita su propia institucionalización para contrarrestar el “divide y vencerás”. En nuestro país los cambios más significativos, trascendentales y de alto impacto se han dado por medio de la movilización ciudadana. Porque si no nos atrevemos a renacer como sociedad, sino emprendemos una revolución pacífica que funde una nueva cultura de la legalidad y una nueva civilización, este país se ahogará gradual, paulatina, pero sostenidamente en el estallido social o se disparará lentamente en la neblina de la insustancialidad.

     Quienes piensan que no es posible contrarrestar la subcultura de la corrupción olvidan que la historia ha de ser hélice y no ancla. Y quienes creen que basta seguir por el camino de los retoques minimalistas y los remedos globales para salir adelante, quienes se conforman con flotar y confunden prudencia con medianía, eluden el hecho de que eso es precisamente lo que nos ha mantenido en el éter del subdesarrollo.

Comentarios

Esta columna aún no tiene comentarios.
BUSCAR
volver a vista clásica