Después
de conocer los resultados de las elecciones el domingo 28, me dormí satisfecho.
En muchas comunas los resultados dejaron fuera a candidatos que habían
faltado a la ética y habían defraudado las confianzas de la ciudadanía. Esto
fue positivo y se dio en Providencia, Copiapó, Valparaíso y Ñuñoa. Los
estilos caudillistas fueron sancionados. Pero vino el tema de fondo, la
abstención, tendencia preocupante que debilita la democracia
representativa. Tenía la esperanza de una juventud responsable que se
comprometería masivamente y votaría por rostros jóvenes.
Lamentablemente, la juventud es un tema de actitud y quien no quiere
cambiar el mundo es un viejo, aunque tenga poca edad. Es viejo el
que sólo se queja, y baja los brazos. Es viejo el que no asume compromisos. En
Chile cabe preguntarse si esos 4 millones de nuevos ciudadanos que se
incorporaron por el registro automático, han asumido el deber que supone la
participación ciudadana. Hay mucho de ignorancia cívica en la población que es
fruto del mismo sistema que vetó por casi 40 años el debate, el disenso, la
confrontación de ideas. Y en ese vacío entran a jugar idearios populistas o
nihilistas, que quieren imponer visiones sin asumir la necesidad de equilibrios
para que exista paz social. El día después de la jornada electoral
me asomé como de costumbre al mundo y vi el terrible Huracán de nombre
Sandy que llegaría esa noche a Nueva York. El eje de atención varió. Surgió una conversación más importante, porque
pudimos seguir en vivo y en directo la destrucción producida por una tormenta
perfecta en pleno Manhattan. Apreciar los límites de la civilización
desarrollada cuando la energía y las comunicaciones colapsan frente al embate
de la naturaleza, nos lleva a repensar con urgencia el curso de las decisiones.
El Huracán Sandy ha sido la tormenta perfecta que cayó en plena culminación de
la campaña presidencial. El sentido común ordenaría a los candidatos a
pronunciarse y comprometerse con las medidas de reducción de las emisiones
contaminantes, tema resistido en función de los intereses gigantescos que
propician la sociedad de los hidrocarburos. Sandy ha sido evidencia del
calentamiento global, del cambio climático castigando el corazón de la potencia
que más se ha resistido a suscribir compromisos para frenar las emanaciones. Lo
que ha ocurrido en Nueva York, me trajo de vuelta a nuestra realidad de
aldea, donde hemos vivido tragedias similares y me avergüenza, en ese contexto,
ver que un 60% del electorado chileno se haya restado irresponsablemente del
deber ciudadano del sufragio. Precisamente cuando más se necesita cuidar
nuestro Estado Democrático antes amenazas externas. Cuando el gran desafío es
corregir un sistema político agotado, sumando para ello una fuerza cívica
sólida y transversal,que sólo es viable de alcanzar por el camino ciudadano del
sufragio. Periodismo Independiente, 30.10.12
