El presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, aseguró hace unos días en las Cortes que "la V Conferencia de Presidentes ha refrendado las aportaciones y la forma de actuar, de diálogo y acuerdo, de Castilla y León". ¡Lo que nos faltaba por oír!
Hay que tener cara dura para hacer una afirmación así, por lo que no es de extrañar que, Óscar López, le reprochara que no haya sido capaz de levantar la voz contra la humillación que sufre el profesorado, los recortes en sanidad y la brutal disminución del presupuesto para la dependencia, amén de la dejadez que viene observándose en su entorno y en varias Consejerías.
Herrera presentó el resultado de la cita de presidentes. Solo le respaldó su grupo; un grupo que, desde hace tiempo, ni siquiera goza del respaldo popular. La calle se siente engañada, ninguneada y despreciada. Pero lo que es más grave es que ni siquiera los grupos de la oposición tienen apoyos fundados: Gobierno regional y oposición suelen aparecen ante la ciudadanía y ante el contribuyente castellano y leonés en el mismo cedazo y en el mismo albañal. Esa oposición tiene, precisamente, gran parte de la culpa de que el Gobierno de Herrera lleve años apoltronado, obsoleto y mofándose de la ciudadanía. Una ciudadanía a la que no escucha nunca pero sí miente a diario. Incluso vamos más lejos: la Administración educativa de Herrera Campo es la única que no cumple ni sus propias normas. ¡Vamos… el colmo de la dejadez elevada a la enésima potencia!
La declaración final de la Conferencia de Presidentes no responde, ni de lejos, a las preocupaciones de Castilla y León. Han fracasado en cuanto a la revisión del modelo de financiación autonómica y la distribución del déficit no se la cree nadie. Decía ayer un procurador en Cortes que han tenido más difusión y mejor acogida nuestros artículos, desmontando la intervención de Herrera Campo en la V Conferencia de Presidentes, que las desdibujadas y confusas fórmulas que Herrera ha pretendido dar a conocer. Al pobre Herrera Campo le llamaron torpe y ni siquiera se enteró, como de costumbre.
El núcleo de prestaciones se ha derrumbado en Castilla y León; la comunidad pierde población a chorros; las políticas de asentamiento de población se basan en la categorización del absurdo; las empresas cierran sin perspectivas en Castilla; se abusa del alto cargo con grandes prebendas de todo tipo y el paro crece sin parar. Miles de familias de la comunidad viven casi en la indigencia y Cáritas no abarca a todos. Mientras tanto, coches oficiales de la Junta por todas partes, el Consejo Escolar de Castilla y León riéndose del contribuyente, los observatorios (que Herrera crea como si fueran conejeras de afiliados y hongos en época lluviosa) se reparten como contribución al allegado, al afiliado y al afín; siguen cobrando dietas en las Cortes por escuchar lo que tienen por escrito,... ¡Estamos ante una verdadera indecencia! Decía Confucio que no son las malas hierbas las que ahogan a la buena semilla, sino la negligencia del campesino.
Jesús Salamanca Alonso