Su historia, sus
museos, sus monumentos, su gente y esa fascinación que despiertan sus grandes
ciudades hacen de Francia el principal destino turístico del mundo. Por encima
de países como Estados Unidos, China y otros destinos exóticos, Francia se
posiciona como el lugar más cotizado por los turistas: el año pasado recibió a
79,5 millones de visitantes extranjeros en su territorio, de acuerdo a los
datos de la Organización Mundial de Turismo (OMT).
Las ideas sobre
este país han sabido construir imaginarios que seducen a los extranjeros: desde
la imagen de la "ciudad luz" o la capital "más romántica del
mundo" hasta las historias encarnadas en las narraciones de Victor Hugo,
Balzac o Stendhal. Con postales conocidas, con sitios que nos resultan
familiares y con mucha historia por conocer, no resulta raro que los franceses
tengan en el turismo a una de sus principales fuentes de ingreso y empleo.
La economía
francesa se basa fundamentalmente en el sector de los servicios, que representa
el 75% de su generación de riqueza. Es una de las cinco economías más grandes
del mundo, tiene un gran potencial exportador y se ha venido modernizando con
miras a mejorar su competitividad y lograr ganar espacios en el mercado global.
Actualmente, al
igual que la mayoría de los países de la Comunidad Europea, Francia se
encuentra en una situación económica de alerta debido al estancamiento y al
malestar de las economías del viejo continente. Con una deuda pública elevada y
ante un gobierno nuevo que representa el giro a la izquierda, el país busca
alternativas para una recuperación sólida.
Hay muchos
factores interesantes para rescatar de la experiencia francesa. Sus sistemas de
promoción e información son muy buenos y esto hace que al pensar en el turismo,
ubiquemos a París como uno de los principales destinos. Las bonanzas de los
ingresos turísticos tienen alcances más amplios que otras fuentes que hemos
privilegiado en América Latina, como las exportaciones de materia prima y la
explotación de recursos naturales como el petróleo y el gas. El turismo tiene
una mayor equidad distributiva, que es algo que necesitamos con urgencia los
latinoamericanos, pues tenemos niveles de desigualdad más elevados que África.
Y como ventaja
grande, la mayoría de los países latinoamericanos tienen una población joven
-el bono demográfico- que debe aprovecharse para generar riqueza. Y esto se
logra con algo que los franceses saben hacer: invertir en la educación, en
ciencia y tecnología, para tener mano de obra calificada, competitiva y
productiva.
Cuando
analizamos a las grandes economías mundiales y cuando vemos las estrategias que
han aplicado los países que han minimizado la pobreza y mejorado la calidad de
vida de los habitantes, no podemos dejar de ver a la inversión educativa, la
ciencia, la tecnología y la buena planificación como indispensables para dar el
salto hacia las mejoras sociales.
Los franceses
saben de turismo, de productividad, de investigación. Los latinoamericanos
sabemos lo que debemos hacer, pero nos falta el paso hacia las obras.