Maldita frontera política
Política Internacional | 03/10/2012
No se debería hablar de temas que no se conocen en el lugar donde se origina un problema.
El de la frontera entre La Línea (Cádiz) y Gibraltar es eterno como insoportable. Pero sobre todo, porque así lo quieren nuestros señores de la política, ajenos a que alrededor de la verja que las separa y las une residen miles de personas intentando convivir.
Cuando no es por pitos, es por flautas, esta frontera y su entorno arde. La última por un tema tan recurrente - y con todos mis respetos para el mundo futbolístico - por la inclusión provisional de Gibraltar en la UEFA. Como no hay asuntos en los que trabajar, ahora el fuego se convierte en otro balón de fútbol que todos menean a su antojo.
Sigue vigente el conflicto pesquero con Gibraltar, en el que unos sesenta barcos artesanales de Algeciras (Cádiz) y de La Línea, intentan trabajar en aguas que el Peñón considera de su jurisdicción aunque los marineros llevan toda la vida faenando junto a Gibraltar. Al menos, desde que hubo un acuerdo local en 1999, que permitió calmar los ánimos.
¿Para qué vamos a hablar del control en el tránsito por la frontera, donde sus controles bailan al pairo de cómo se hinche el rancio sentimiento patrio español?, como si para el ciudadano de a pie fuera importante, ahora mismo - para el español claro - si Gibraltar es de su madre o de su padre.
Ahí seguirán disparándose los políticos de rojo y amarillo y los de Gibraltar, mientras Londres, juega al "te quiero Gibraltar, pero a ratitos". Por los siglos de los siglos amén.
Y mientras, miles de personas cruzan esa frontera de un lado al otro porque están mezclados en sangre. Lo niegue quien lo niegue. Las familias están cruzadas y por más que se peleen un día u otro, en el fondo conviven. Como pueden y como les dejan.
Su ira, la de los dos lados de la frontera POLÍTICA, palpita al son que marcan los de los despachos, que NO TIENEN NI IDEA de lo que es este lugar. Como de otros muchos temas que abordan, pero éste es concreto, es de una excepcionalidad tan grande que sería dificil explicarlo con un simple escrito.
La frontera tiene vida propia, la suya y la que le añaden a golpe de enfrentamiento político. Pero cada día, las dos poblaciones comparten sol y levante por igual.
Sus moradores, sus paseantes, los que la atraviesan por necesidad..son los únicos que conocen cómo se respira de diferente junto a la verja.
Tantas veces lo he dicho, tantas veces, lo repetiré: SEÑORES, SALGAN DE SUS DESPACHOS, CRUCEN ESTA MALDITA VERJA Y CONOZCAN A SUS GENTES. A la mala y a la buena, porque de todo hay como en botica. Pero se merecen el respeto de no ser juzgados sin ser conocidos. Y estoy hablando de las dos partes.
Por cierto, otro día les contaré cómo "pagamos" los periodistas en la calle, en esta frontera, las peleas de corbata y despacho.