En el año 1957 se inicia en Quebec, la región francófona de Canadá, lo que se conocerá como “revolución tranquila”,
un proceso acelerado de trasformaciones sociales que condujo a la
modernización de Quebec e inició las reivindicaciones activas de una
sociedad que pasó de un nacionalismo defensivo a reclamar nuevas
competencias constitucionales. En respuesta a tales reivindicaciones
francófonas se inician, en Canadá, las políticas multiculturales con la
creación, en 1963, de la “Royal Comission on Bilingualism and Biculturalism”
conocida vulgarmente como Comission B&B, y cuyo cometido se
centraba en la resolución de los problemas que podía crear la
existencia, en un solo país, de dos lenguas y dos culturas. En 1969 la
comisión presentó su informe (Mitjans & Castellá Andreu, 2001),
dividido en cuatro libros, de los que el último titulado “Cultural Contributions of Other Ethnic Group”
recomendaba el bilingüismo, pero sustituía el biculturalismo inicial
por un criterio multicultural, sintetizada en una batería de
recomendaciones con el objetivo de impulsar un marco bilingüe en el que
los diferentes grupos puedan convivir y desarrollarse, articulándose en
dos ejes: la protección de las culturas y la no discriminación. En
respuesta, Canadá aprobó en 1969 una Ley sobre Bilingüismo que reconocía
como oficiales el francés y el inglés al mismo tiempo que promovía la
contratación de francófonos en el gobierno federal. Los representantes
de las minorías étnicas con origen ucraniano, húngaro o alemán,
consideraron que la promulgación de la Ley vulneraba sus derechos y
reclamaron la protección de sus culturas y sus lenguas. En respuesta a
las demandas de sus minorías Canadá inició en el año 1971 sus políticas
multiculturales aprobando el Programa de Multiculturalismo que ofrecía
subvenciones destinadas al aprendizaje de las lenguas no oficiales,
denominadas “heritage languages”
y al mantenimiento de las asociaciones que articulaban a esos grupos
minoritarios. El Primer Ministro canadiense Pierre Trudeau ( citado en
Helly, 2007), estableció en su discurso, pronunciado en octubre de 1971
la profunda modificación que suponía el Programa de Multiculturalismo en
la conciencia de la identidad nacional:"El
pluralismo cultural es la propia esencia de la sociedad canadiense.
Todos los grupos étnicos tienen el derecho de preservar y enriquecer la
cultura y los valores que les son propios. Al decir que existen dos
lenguas oficiales, no decimos que tenemos dos culturas oficiales, y
ninguna cultura determinada es más oficial que otra. Los objetivos
consisten en proteger las libertades básicas, desarrollar la identidad
canadiense, ampliar la participación de los ciudadanos, reforzar la
unidad canadiense y fomentar la diversidad cultural".
Con posterioridad, en 1988, el Programa se transformó en Ley, la “Canadian Multiculturalism Act” que había sido precedida en 1986 por la “Employment Equity Act”
y la “Carta Canadiense de Derechos y Libertades” de 1982 que reconoce
derechos culturales, según el territorio que las diferentes comunidades
ocupan. Este repertorio legislativo orienta la actuación del gobierno
canadiense y establece como imperativo la actuación orientada al logro
de iguales oportunidades de empleo y desarrollo, promover políticas,
programas y acciones cuyo objetivo sea favorecer la contribución de los
individuos y colectividades de todos los orígenes a la evolución del
país; y estimular políticas, programas y acciones que permitan al
público entender y respetar mejor la diversidad de los miembros de la
sociedad canadiense.
La “Canadian Multiculturalism Act”
define de hecho a Canadá como una tierra de individuos de todos los
orígenes raciales, culturales, nacionales y étnicos. Sus objetivos
principales son deslegitimar cualquier ideología de una supremacía
cultural, socioeconómica y política de los canadienses franceses y de
los ingleses, socializar el conjunto de la población en la diversidad
cultural y desarrollar un sentido de pertenencia en todos los
canadienses.