He tenido la suerte de conocer en mi vida, por mi trabajo, muchos países y realidades, he seguido la crisis de Europa y esto me ha hecho apreciar la vida en mi país, Chile, donde existe la actitud generalizada de quejarnos siempre y ver sólo la mitad del vaso vacío.
Es real que somos un país de catástrofes, que hemos vivido
grandes tragedias y hemos tenido la resiliencia para recuperarnos. Es efectivo que en medio de reconstrucciones continuas se van
quedando muchas personas rezagadas, tuvimos terremotos en tres gobiernos, el de Pica, el de Tocopilla y
luego el del Maule y Bío Bío con el horrible tsunami. En política tenemos una
democracia a medias, consecuencia de acuerdos tomados entre gallos y medianoche
al inicio de los noventa; necesitamos cambiar la desigualdad bajando la brecha
entre ricos y pobres, logrando que los ricos tributen, tal como se les exige en
otros países.
Tenemos que trabajar
más, imponer una doctrina del esfuerzo y no del aprovechamiento. Sucesivos
reportajes nos muestran que estamos rodeados de sinvergüenzas, de personas que
se hacen pasar por indigentes, de personas que obtienen subsidios y arriendan
sus viviendas sociales. Hemos vivido la realidad de ex autoridades que, a última
hora, cortan trajes a la medida de las multinacionales y después aparecen en
conspicuos cargos en el exterior. Estamos frente a la mala práctica de funcionarios que se
enquistan en el Estado para cumplir desde posiciones de poder, los encargos de
grupos económicos que buscan eludir el pago de impuestos. Hemos visto cómo directorios
de empresas multinacionales se pasan por el aro a los accionistas minoritarios;
hemos comprobado que le han metido la mano al bolsillo a medio Chile ya que
resulta que esos accionistas minoritarios son las AFP, que administran el
dinero de todos los chilenos; al filo de la ilegalidad les vemos seguir sin
escrúpulos su labor exfoliadora del ahorro acumulado, al cual no se da acceso a
la clase media. Tenemos evidencias recientes de fiscalizadores que son
puenteados para evitar que apunten donde se debe o se opongan a favorecer desde
la Administración a determinados agentes externos. Vivimos en un capitalismo
salvaje donde el poder lo detentan unas pocas familias que mantienen sus redes
y están alertas a cualquier política pública que pudiere afectar sus intereses.
Es cierto que si miramos estas situaciones, si asumimos la
dialéctica del poder en nuestro país, el tema da para caer en una depresión
sicológica. Sin embargo, si más allá de mirarnos el ombligo, atisbamos lo que
ocurre en el resto del planeta, nos daremos cuenta que, más allá de haber
construido un estado de cosas que no nos gusta ni nos conviene como sociedad,
en términos de participación internacional podemos comprobar que estamos menos
mal que muchos países.
Mal que mal, Chile es
visto, según las reglas del juego de los organismos financieros internacionales,
como un país estable, que se mantiene elegible para la inversión extranjera y
con bonos soberanos de sólida presencia en los mercados de capitales.
Cuidándonos de elogios que buscan felicitar a esos Estados que abren sus puertas irracionalmente,
regalan soberanía y sacan leyes a la medida de los intereses foráneos, en una
permeabilidad impresentable, podemos decir que en Chile, la movilización
ciudadana está provocando cambios y se está viendo una acción más efectiva de
fiscalización, toda vez que han saltado al tapete delitos a la fe pública como
la serie de abusos de la Polar, el perdonazo de multas que hizo el SII a
Johnson’s; la operación rechazada por la Superintendencia de Valores y Seguros de
la venta de activos sobrevaluados desde Endesa España a su filial local,
Enersis Chile, en un trato no transparente e inconsulto que se da entre empresas
vinculadas.
Otro gran tema es el
de la educación. En esta materia, cabe destacar que se ha llegado a fondo en la
investigación y detección de las malas prácticas para desviar ganancias de las
universidades privadas a sus controladores. La investigación de la Fiscalía
a la Universidad del Mar ha adquirido ribetes que remecen al sistema. Saltan
los nombres de personeros de todo el espectro político relacionados a este
negocio desde que partió en los ochenta el sistema de Ues privadas. La
autocrítica ha llegado también a las universidades públicas que también
entraron al juego de inventar carreras sin destino. Si evaluáramos los avances,
desde la frustración que dejara la revolución pingüina en el gobierno de
Bachelet, remontándonos al Crédito perverso que se entregara en el gobierno de
Lagos al manejo de la banca¸ podríamos afirmar que objetivamente la situación
ha mejorado, han bajado los intereses a los endeudados CORFO, se ha aumentado
el número de becas a alumnos de Pedagogía. Los profesores, por su parte, han
recibido bonos y son ahora evaluados como todos los funcionarios del Estado; en
resumen, ha habido avances objetivos y negarlos sería una obstinación política
sesgada por la desesperación.
En medio de estos
escenarios de dulce y agraz, la idea fuerza de gobernar con y para la clase
media está puesta en el tapete por los candidatos presidenciales alternativos,
MEO y Franco Parisi. Hasta aquí se ha seguido con el asistencialismo, donde
hay verdaderos profesionales de la mendicidad, que practican la obtención de
subsidios falseando u ocultando información. La labor de cruce de datos que ha
hecho el Ministerio de Desarrollo Social ha permitido ir limpiando las bases de
datos de delincuentes que han engañado por décadas la fe pública.
Sería utópico
escuchar de la clase política opositora una crítica que reconozca los avances
del Gobierno. Eso va en contra de los discursos electorales que quieren vender
imágenes, congelarlas y sacarlas a circulación cuando sea la campaña.
Mientras tanto, totalmente divorciados del acontecer cotidiano de las diversas regiones de Chile,
esos políticos repetidos por décadas, pretenden capitalizar los reclamos
sociales y vender el mensaje de que estamos mal y mañana peor. Pero,
simultáneamente, saben aprovechar las ventajas del binominalismo para
asegurarse continuidad en el sistema representativo.
Rechazando a los que
se quejan y quieren que todo se lo haga el Estado, la clase media tiene sus
propias percepciones y expectativas. Para ella, que paga más impuestos que
los grandes conglomerados, no existe la práctica del populismo, sino la del
esfuerzo y el emprendimiento honesto, paga sagradamente impuestos y por eso
rechaza la corrupción, venga de donde venga y quienquiera sea el que la
realice.
El boom chileno es percibido como una tabla de salvataje y
eso explica los enormes flujos migratorios que se están produciendo. Si tantos
extranjeros buscan mayor tranquilidad e ingresos en Chile, sin entrar al tema
que amerita un análisis ulterior, algo indica que Chile en el contexto
internacional camina a paso más firme que el resto.
En verdad, veo el
vaso medio lleno.
Periodismo Independiente, 12 de agosto de 2012.