Algo raro está pasando en nuestro
continente. El giro "a la izquierda" que están dando todos los países
debe llamarnos a la reflexión sobre la razón de que se esté dando esta
conducta, en países donde, hasta hace un par de décadas, la palabra "comunista"
o "socialista" era casi una forma de insultar a los ciudadanos.
No pretendo defender a la izquierda
radical y reaccionaria ni al capitalismo intransigente. Trato solamente de
buscar las causas reales que pudieran estar favoreciendo la proliferación de
gobiernos de mayor orientación social, mezclados con otros de un claro matiz
populista que pueden fácilmente llevar al despeñadero a toda la región.
Lo primero que tenemos que entender
(y aceptar) es que estos gobiernos "izquierdistas" han llegado al
poder por vía de votaciones genéricamente democráticas. De este modo, Kirchner,
Lagos, Vázquez y Lula gobiernan países donde, anteriormente, muchos de ellos
mismos y sus partidos habían fracasado estruendosamente, cada vez que se
enfrentaron al sufragio popular. Así mismo, Chávez en Venezuela ganó de manera
aplastante unas elecciones con un discurso claramente populista, lo cual
pareciera ser el camino que seguirán México y Bolivia (donde López Obrador y
Evo Morales lideraban las
encuestas de intención de voto). Esto, representa un serio problema para sus
opositores porque su legitimidad es real y dificulta el apoyo internacional en
su contra. Exceptuando a Estados Unidos (que aunque muchos lo consideren
"el redentor", tiene por norma entrometerse donde nadie los ha
llamado), son pocos los gobiernos que están dispuestos a "atentar contra
la soberanía, opinando en asuntos internos de otras naciones". Así, sólo
resta "mediar" en las conversaciones que busquen resolver las
disputas internas que, por lo antagónico de las partes, no son más que
"diálogos entre sordomudos".
Otro de nuestros problemas es que
individuos como Hugo Chávez se han dado a la tarea (muy posiblemente dirigidos
desde la "ínsula Fidelaria") de tratar de exportar su
"revolución bolivariana" al resto del continente. Como Venezuela
cuenta con enormes reservas de petróleo, controladas por el gobierno, lo que se
logra es una especie de chantaje económico, a cambio de respaldo político.
Francamente, dudo mucho que individuos como Néstor Kirchner o Tabaré Vázquez
crean realmente en alguien que tiene una silla se sienta Simón Bolívar. Sin
embargo, si cada vez que se encuentran ese mismo señor, les facilita el acceso
al petróleo que sus países necesitan, pues no tienen otro remedio que hacerse
"de la vista gorda" y aceptarlo.
Pero, ¿dónde se origina esta
tendencia latinoamericana? Pues en que nuestros países han tenido muchas cosas
en común que abonan la tierra para el desarrollo de "las izquierdas".
Pobreza, corrupción política descarada, falta de educación de la población,
pésima distribución de la riqueza y descarada explotación social, favorecen que
esas mayorías marginadas, se den cuenta en algún momento que, como son muchos,
pueden cambiar la inclinación de la balanza por medio de los votos. Si a esto le
sumamos que el capitalismo desbocado solamente piensa en
"globalización" para aumentar el valor de las acciones de sus
Halliburtons, Enrons, WorldComms, etc., sin que importe mejorar el nivel de
vida de la gente… Pues la mesa está servida para el banquete populista.
La historia siempre es más o menos
la misma. Después de décadas de corrupción política descarada, donde los
sistemas democráticos, controlados siempre por los mismos grupos de poder
económico han sido incapaces de poner controles (porque ellos mismos hacen las
leyes en que se basan los abusos), la pobreza y la brecha entre "ricos y
pobres" se amplía tanto que favorece la aparición de algún líder
"popular" que monta un discurso de "igualdad y mejor
distribución de la riqueza". Los marginados (casi sin nada que perder) lo
apoyan masivamente y lo hacen ganar las elecciones. Y aquí está la única
diferencia. Los países con mejores índices educativos (Argentina, Chile,
Uruguay, Costa Rica, etc.) tienden a apoyar a líderes más moderados, mientras
que las naciones con mayores cinturones de pobreza y peor distribución de la
riqueza se inclinan por los más radicales que prometen irresponsablemente
cualquier cosa, sin tener idea de las posibles consecuencias. Venezuela,
Bolivia y México estarían en este grupo. Y para remate, quienes apoyan a estos
"líderes" terminan siendo tanto o más corruptos que los anteriores. Y
los que más daño hacen son soldados golpistas sin ninguna cultura que se reeligen
solo para convertirse en “empresarios” olvidándose de su pueblo.
Mientras el mundo (y nuestros
políticos) no entiendan que "el capital" tiene que estar al servicio
del ser humano y no lo contrario, seguirán favoreciéndose las condiciones para
que se den estos movimientos políticos que, en países con poca educación,
pueden ser simplemente el principio de su fin. Esperemos que lo entiendan
quienes pueden implementar los cambios que el mundo en general necesita.