La indignación de Doña
Catalina de Los Ríos y Lisperguer
Apuntes sobre un asesinato de
imagen ordenado por el Santo Oficio
España encaró la conquista de América provista de la espada y la cruz, contando
en Europa con la imbricada plataforma
del poder absolutista que el Rey Sol había consolidado en el mapamundi de la
época. El absolutismo sostenía que el
poder venía de Dios y que el representante en la tierra, el Papa, era quien
debía bendecir al monarca para darle esa legitimidad divina.
En torno al monarca circulaban el clero, la nobleza, estamentos
improductivos y parásitos del poder real. Estaban también los prestamistas, los
judíos , que desde el banco de la plaza de los burgos emergentes, financiaban
al reino para pagar y sostener sus ejércitos profesionales, esos que le permitieron unificar el reino y pasar
del feudalismo a una concepción de Estado Nación, con una moneda acuñada de
modo exclusivo por la corona, con el control centralizado de los tributos y con
soldados que dejando de ser los caballeros feudales, eran dentro del Estado la
fuerza armada, verticalista y disciplinada que obedecía al soberano. La
inquisición fue la expresión de esa colusión de intereses entre el poder
político y el clerical. En la organización territorial de la colonia española,
virreyes, capitanes generales y obispos estaban a la par compartiendo el poder
sobre los pueblos originarios, organizando la economía y el comercio de manera
tal que siempre sus beneficios se mantuvieran concentrados en la misma
aristocracia. Muchas decisiones de España imperial fueron incubadas en el seno
del Santo Oficio, como la expulsión de los jesuitas, cuestionadores del
principio absolutista de la soberanía, o las persecuciones emprendidas en
contra de judíos, moros y gitanos.
El Santo Oficio durante la colonia, en la Capitanía General de Chile,
tuvo que lidiar con una mujer libertaria que no aceptó que la enviaran a un
convento para que la administración de su enprme riqueza pasara al control de
la Iglesia Católica y siendo una adversaria poderosa, la curia de la
inquisición no encontró nada mejor que la calumnia sistematizada para hacer de
la rebelde pelirroja, Catalina de los Ríos y Lisperguer, la sinonimia de la crueldad y el pecado,
llamándola en sus escritos e historias oficiales como La Quintrala. Se la acusó de torturar esclavos, como si el
hecho de tenerlos no fuera algo normal y propio dentro de las encomiendas
cínicas de la evangelización española. Se la acusó de bruja, de malévola y lo
que calló la historia fue el hecho de fondo: a la Iglesia le resultaba
inconveniente que una mujer se constituyera en heredera de una fortuna, pues
eso impedía que sus bienes pasaran a manos de la diócesis, a manos de ese ente
omnipresente y temible que era la Iglesia con sus verdugos y delatores. Ser
blasfema o ser bruja, significaba pasar a los ritos tenebrosos de la
Inquisición, donde la prueba era si sobrevivías a la quema en la hoguera y las
torturas. En los museos actuales se puede observar las máquinas de tortura,
procedimientos que en nada desmerecen los tratamientos que se ha aplicado en la
Gestapo. en la Escuela de las Américas, o en Guantánamo.
La historia oficial se construyó sobre la calumnia y la injuria; logró
forjar una leyenda negra hacer de su memoria, en términos actuales, un
asesinato de imagen, un montaje
mediático sin parangón que se difundió desde los púlpitos, medios monopólicos
de las comunicaciones, como un dogma de la época. Hasta el día de hoy, los
guionistas de teleseries insisten en reproducir la leyenda,
descontextualizándola de su marco histórico político. Ellos explotan
simplemente lo explícito, sin profundizar, mostrando cuentos pasionales que
terminan caricaturizando la historia, insistiendo en el fondo, en la mentira
oficial.
La Iglesia Católica demoró 500 años en pedir perdón por las perversas
acciones de la Inquisición y sus miles de víctimas. Demoró más de 50 años en
reconocer la actitud cobarde que mantuvo frente al Holocausto, con tal de
conseguir que le mantuvieran el Vaticano en medio del fascismo y nazismo. Ha
callado y encubierto los abusos a los niños. ¿Puede tener credibilidad su
leyenda negra sobre la Quintrala?
Y en justicia, desde la poesía que se hace arma en contra de la
mentira, he reclamado por este asesinato de imagen en contra de una mujer
adelantada para sus tiempos, que en otro contexto habría luchado por la
independencia como heroína criolla, o habría hecho causa común con las mujeres
que reclamaban su derecho a voto. Doña Catalina de Los Ríos y Lisperguer, la
mal llamada Quintrala, la innombrable, recibe desde esta dimensión atemporal, mis respetos por su valentía y esa
convicción con que luchó contra un sistema cruel, despiadado, basado en la
codicia. Catalina de Los Ríos y Lisperguer
partió indignada pero llena de dignidad. A la distancia de los siglos,
justicia a su memoria.
Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, 17 de diciembre de 2011. http://comarcadelospoetas.blogspot.com/search?q=odisea+libertaria
Odisea libertaria
A Catalina de Los Ríos y Lisperguer
Urgentemente
cruzo la plaza de San Pedro
para presentar mi expediente azul
reclamando por el oprobio
que manchó tu historia,
Doña Catalina de Los Ríos y
Lisperguer
Para hacer sentir al Sumo Pontífice
la crueldad perversa de sus
inquisidores
la calumnia ululante que cruzaba la
Colonia
amedrentando, pervirtiendo,
codiciando,
esclavizando indios, usando sus
mujeres
Quiero decirle al Papa que fuiste su víctima,
perseguida pelirroja de orgullo
empedernido,
y necesitas de él un mea culpa
Porque quisieron apropiarse de tus
bienes
Descalificar tu impronta de mujer
valiente
Sepultarte en un claustro, como a
tantas
Pero tu látigo sacudió sus dientes de
oro
Defendiendo lo tuyo, tu dignidad y tu
albedrío
Evitando que la codicia forrada en
hábitos e inciensos
se quedara con tus tierras
No podía permitirlo tu prestancia rebelde
Te acusaron de maldita
Que al propio Cristo de mayo habrías
expulsado
Murmuraron por el barroso campo de
Santiago
Sus dientes enrojecidos de odio te
mordieron el alma
Acusada de malvada, devoradora de
esclavos
Apenas humana, la Quintrala
Pero detrás de eso la ambición desbocada
La fiera camuflada vestía sus hábitos
de muerte
Rastrera se escondía en los
portalones
Estirando los cuerpos sin
misericordia
Estampando la verdad en su cruenta
historia
Impía te llamaron
Basura de tu honra hicieron
Hasta dejar establecidas en leyendas
las mil misas redentoras
que habrías ordenado para salvar tu
alma
Indómita Catalina de los Ríos y
Lisperguer,
el puente de la ira se rompió a tus
espaldas
Has sido víctima desolada de la mentira oficial
Por eso cruzo la plaza de San Pedro
Los orines del cenáculo se
arremolinan
recordando las voces del Santo
Oficio,
las torturas disfrazadas de piadosa
espiga
Llego al Papa somnoliento
El mismo que espera quinientos años
para un perdón
apenas susurrado en el ángelus
Y le grito desde la plaza hasta el
balcón de las palomas
Que sus mentiras ya no te alcanzan
Que la vida te rodea y que la luz de
la justicia
abraza tu cabellera pelirroja
Y le exijo que te dejen volver a ser
niña, Catalina,
Libre, independiente, rebelde,
conjura de mapuche y huinca
Levantada como una espada para atravesar al verdugo
Y queda en el cielo tu nombre, tu
honra recuperas
Y la vida se cuela por tu historia
hidalga
Sin que nadie ose tocar tus bienes
Sin que ningún obispo profite de tus
tierras
Sin que ningún zángano inquisidor
beba el vino libre de tus campos
Eres heroica Catalina de los Ríos,
la vida hoy te aplaude a la distancia
y queda embelesada por tu coraje
Con tu verdad en ristre,
luchando contra el sistema,
revolucionando la colonia,
sembrando semillas de libertad
en la noche corrupta
que vestida de muerte
quiso pisotear tu dignidad
inclaudicable.
Valiente y decidida mujer
de laica estirpe,
tu historia corrijan los escribas
Que fluya la verdad como un puño
que sacude la bazofia
de esos sarcófagos blanqueados
que por cinco siglos mortificaron tu
memoria.
Valparaíso, Comarca de los
