“En el siglo XXI no nos gobernarán, nos programarán.” Asma Mhalla politologa.
La “destrucción creativa” del Estado argentino no responde solo a decisiones económicas internas. Analistas como Asma Mhalla advierten que se trata de un fenómeno global que articula tecnología, concentración económica y narrativa política para redefinir la democracia contemporánea.
En el siglo XX, las élites instalaron la amenaza del totalitarismo de izquierda como enemigo central. Ese discurso se derrumbó con la caída del Muro de Berlín, pero no desapareció: fue reciclado. Hoy el nuevo totalitarismo se presenta como “libertad de mercado extrema”, asociando política con poder tecnológico y económico concentrado.
El objetivo es claro:
Estados mínimos. Sociedades programadas por algoritmos. Ciudadanos informados con desinformación.
Cuando Milei dijo que venía a “destruir el Estado desde adentro”, no fue una confesión honesta, sino la expresión del rol que cumple dentro de este esquema de poder.
Las nuevas élites: reyes sin coronas
Las megacorporaciones actuales no son una anomalía histórica: son la continuidad de antiguas castas dominantes. La diferencia es el instrumento: hoy gobiernan mediante control económico, tecnológico y comunicacional.
Los Estados democráticos siguen siendo el principal obstáculo entre la riqueza concentrada y el poder total.
Así como no comparten su riqueza, tampoco quieren compartir poder político.
Un ejemplo paradigmático es Elon Musk, nexo entre capital, tecnología y política. Ha respaldado líderes de distintos signos como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Milei y Narendra Modi, y al mismo tiempo negocia con potencias autoritarias. No por ideología: por control.
Hoy el ciudadano ya no elige libremente qué ve o qué cree. El algoritmo decide qué información circula, cuál desaparece y cuál se repite hasta volverse emocionalmente verdadera.
Así nace la política de la posverdad.
El Estado como chivo expiatorio
Se instaló una narrativa simple:
• El Estado es el enemigo • los impuestos son robo • los derechos son privilegios • la política es corrupción
Mientras tanto, los grandes capitales reciben subsidios, beneficios fiscales y protección estructural.
El relato borra la concentración económica y dirige el enojo social hacia el sector público.
El modelo Milei: sin bienestar, con relato agresivo.
Cada cambio económico se presenta como “nueva fase”, aun cuando fracasa:
• crawling peg • bandas cambiarias • tasas altas • deuda encubierta
No hay crecimiento real ni alivio social, pero el relato permanece.
En este fascismo posmoderno no importa la verdad. Importa la repetición.
El mecanismo del odio
Si la culpa siempre es de:
• los migrantes • los empresarios • el socialismo • la “casta” • los pobres • los sindicatos
entonces nunca es del modelo de poder.
El enojo baja. El poder sube.
Por eso, incluso con deterioro social, muchos vuelven a votar lo mismo: el algoritmo filtra la realidad y el discurso sostiene la emoción.
El nuevo totalitarismo
Como señala Mhalla, este fascismo tecnológico crea tres tipos de “hechos”:
✔ hechos verificables (que se ocultan) ✔ hechos racionales (que se distorsionan) ❌ hechos de relato (que se imponen)
Son estos últimos los que gobiernan las creencias.
No gobiernan ideas: gobiernan intereses
Si no existe actitud crítica, el futuro será:
Estados vaciados políticos convertidos en CEOs corporaciones gobernando sociedades programadas
No es ciencia ficción. Es el modelo en marcha.
Edición Yedith Cazarin Escritora