Parece difícil
visualizarlo. Y hasta suena como una utopía moderna, vista desde las carencias
de América Latina. Pero en Noruega lo sienten: es el país donde mejor se vive,
con los indicadores de desarrollo humano más altos del planeta; no tiene
pobreza, prácticamente ha erradicado la corrupción y goza de los mejores
sistemas sanitarios y educativos del mundo. Los estudios dicen que los noruegos
son los más felices a nivel mundial, pues tienen la mejor educación, buena
salud, seguridad, bienestar y un Estado eficiente que se preocupa por su gente.
El desempleo parece más un concepto de manual que una realidad, y el ingreso
per cápita se mantiene entre los más altos.
No resulta novedoso que un estudio de la Organización de Naciones Unidas (ONU) ubique a Noruega como el lugar donde hay mejor calidad de vida, pues esto ha venido sucediendo en las últimas tres décadas. Por encima de potencias como Estados Unidos, Japón o Rusia, este país nórdico es una muestra de educación, trabajo y equidad en la generación de oportunidades.
Además del
orden, el factor determinante del modelo noruego se encuentra en la educación
de su gente. De cada 100 niños que ingresan a la primaria, prácticamente todos
terminarán la secundaria. Los índices de deserción escolar son insignificantes,
porque todas las condiciones favorecen a la formación. Con los impuestos que
pagan -mucho más elevados que los latinoamericanos- tienen asegurado que sus
hijos irán a las mejores escuelas, que tendrán asistencia de salud eficiente y
segura, y que pueden caminar libremente por las calles, sin la amenaza de la
inseguridad. Con un Estado que se preocupa por cada uno de sus ciudadanos, la
formación no es una dificultad sino una enorme facilidad: paso a paso van
construyendo un profesional a partir de cada niño que va a la escuela.
El manejo
estratégico de los recursos es uno de los grandes secretos: con una presión
tributaria del 60% -entre 3 y 6 veces más que en Latinoamérica, en donde la
presión va del 10 al 20%-, los noruegos se sienten satisfechos por el resultado
de sus contribuciones, pues ven los logros en escuelas de primer nivel,
hospitales bien equipados y con profesionales idóneos, calles seguras y un
sistema de bienestar que impide que su gente caiga en la pobreza. Un ejemplo de
la visión estratégica noruega lo tenemos con el petróleo. A partir de su
descubrimiento, en 1969, se planificó minuciosamente cómo se explotaría esta
riqueza natural y cuáles serían los destinos de los ingresos que se obtuvieran.
Hoy, Noruega es uno de los principales productores petroleros del mundo, lo que
genera 200 mil empleos, ha desarrollado la industria, así como tecnología de
vanguardia en el sector, en tanto sigue invirtiendo los petrodólares en
proyectos que beneficien a toda la sociedad.
El modelo
noruego no sólo es de explotación de recursos o generación de ingresos, sino
que busca la sostenibilidad de la calidad de vida, cuidando el medio ambiente y
haciendo que la gente esté en condiciones de producir, que tenga acceso a los
conocimientos necesarios para competir y no caer en la marginalidad y la
pobreza. Y todo esto es posible gracias a la conciencia de su gente, lo que
deriva de una educación de calidad y que permite minimizar la corrupción, las
expresiones de violencia, la inseguridad y muchos otros males propios de las
sociedades modernas.
El ejemplo
noruego, más allá de discutir un ajuste del modelo a nuestros casos
particulares, debería permear en nuestros actos en cuanto a lo que podemos
hacer a partir de lo que tenemos. Los recursos naturales y los ingresos son
enormes: el petróleo en Venezuela, Ecuador y México, el gas en Bolivia, el
cobre en Chile y la energía eléctrica en Paraguay, son apenas algunos ejemplos
del enorme potencial económico que se tiene, pero que no ha llegado a
trascender a todos los estratos de la sociedad, lo que se nota con los
indicadores que nos hablan de desigualdad, pobreza, desempleo y atraso.
Nos falta
aprender a planificar mejor, a interpretar la dirección de los tiempos y a
utilizar nuestros recursos –que nos sobran- para emprendimientos que ataquen el
fondo de los problemas: la marginación de numerosos sectores sociales, que no
son capaces de conseguir un buen empleo o producir competitivamente,
sencillamente porque no tuvieron la posibilidad de educarse. Planificar la
sociedad que queremos, aprovechar nuestras riquezas y construir nuestros
cimientos sobre la base de lo que somos: parece sencillo, pero no lo hemos
hecho hasta ahora. ¿Podemos empezar?
Comentarios
¿Qué ha pasa con nuestros gobernantes que en 200 años de independencia no han sabido gestionar la infinidad de riqueza de nuestra tierra?
El caso de Noruega es una muestra del enorme retorno que trae la inversión en educación.
