La pandemia
del Covid-19 limita y condiciona totalmente tanto la jornada electoral del
próximo 14 de febrero, como los eventos de campaña de las elecciones catalanas.
Sin duda el mayor problema se presenta en la formación de las mesas electorales
y las complejas medidas que hay que adoptar para evitar contagios. Pero en esta
campaña se están celebrando debates electorales y por supuesto mítines. Son
precisamente los mítines los que han cambiado más su formato para respetar las
medidas sanitarias de la pandemia.
Como se ha podido ver estos días en las crónicas electorales de las televisiones, se ha reducido sustancialmente el número de asistentes a los mítines para poder respetar las distancias y las medidas sanitarias del Covid-19. Pero además el escenario desde el que hablan los candidatos es muy pequeño, apenas el espacio para el atril y el imprescindible para que acceda el siguiente orador. Pero hay otro cambio más, y es el decorado. Hasta ahora en los mítines se situaban detrás del orador jóvenes, mujeres, jubilados etc. dependiendo del mensaje político que los estrategas de la campaña electoral quisieran destacar, fundamentalmente en las televisiones. En los mítines del 14F aparecen de fondo grandes imágenes del candidato, así como el eslogan o los eslóganes de la campaña. También se utiliza un videowall en el que aparecen imágenes de otros candidatos que asisten virtualmente al evento. Pero en cuanto a los cambios experimentados por los mítines de las elecciones catalanas, no todos se deben a las limitaciones impuestas por la pandemia. Los mítines, ahora y desde que existe la televisión, se han ido adaptando a los avances tecnológicos de este influyente y poderoso medio de comunicación. Porque los mítines no se dirigen, o no se dirigen solo, a las grandes multitudes que asistían antaño a estos actos de propaganda política, o a la reducida asistencia que hay ahora, sino a los millones de espectadores que ven estos eventos de las campañas electorales en las televisiones. Recojo a continuación la evolución y los cambios experimentados por los mítines desde que se inició la actual etapa democrática.
En los
años noventa hubo agoreros -entre otros el periodista Carlos Estévez- que
vaticinaron que el mitin había muerto. Sin duda le inducía hacer esta
aseveración el éxito de los dos debates electorales que mantuvieron Felipe
González y José María Aznar en 1993. Pero parece evidente que la crónica
política de las últimas décadas, y por supuesto la realidad actual, desmienten
claramente este vaticinio. Otros, ya en época más reciente, argumentaron
también que con la llegada de Internet se había terminado el mitin. Pero nada
más lejos de la realidad. Se hacen precisas en cualquier caso algunas
puntualizaciones.
El
mitin ha evolucionado sustancialmente desde el retorno de la democracia a
nuestro país. En los primeros años de la democracia y hasta mediados de la
década de los noventa, la televisión -incluso después de la aparición de los
canales privados- ejercía una función informativa y de altavoz de los mensajes
que lanzaban los líderes políticos en los mítines de las campañas electorales.
En esos años las crónicas electorales de las televisiones recogían amplios
resúmenes de los principales mítines, en ocasiones celebrados el día anterior.
No había por supuesto conexiones en directo con los escenarios de estos eventos
y además el control sobre este tipo de información política lo ejercían las
televisiones y los profesionales que cubrían las campañas electorales.
A
mediados de los años noventa, en concreto en la campaña de las elecciones
municipales de 1995, el PSOE utilizó por primera vez equipos de televisión
propios para la grabación y difusión en los canales de televisión de sus
principales mítines de campaña. Es lo que se conoce como señal pool o señal
institucional. En las elecciones generales de 1996 el PP incorporó a sus
mítines los mismos medios utilizados por el PSOE. Esta importante novedad marcó
un antes y un después en la evolución del mitin en nuestro país. A partir de
este momento eran los dos grandes partidos los que ejercían el control sobre la
información de sus mítines que emitían los canales de televisión,
fundamentalmente, porque disponían de recursos y estrategias para conseguirlo.
En estos años, y se puede decir que, hasta la campaña de las elecciones
generales de 2011, tanto el PSOE como el PP llenaban en campaña plazas de toros
y grandes recintos deportivos. La exhibición de esta gran capacidad de
convocatoria de los dos principales partidos era importante porque las imágenes
de estos mítines multitudinarios reforzaban en televisión el apoyo masivo que
tenían sus candidatos.
En las
últimas campañas, y especialmente desde la aparición de Podemos y Ciudadanos,
la asistencia a los mítines ha disminuido. Hay que reconocer que Internet y la
extensión e influencia de las redes sociales han tenido algo que ver. Pero a
pesar de ello no se puede admitir, como mantienen algunos expertos, que las
redes sociales han sustituido a los mítines. Esta es una realidad
incuestionable y el mitin, a pesar de los avances tecnológicos y de que los
partidos ya no llenen plazas de toros y grandes recintos deportivos, sigue
siendo una insustituible herramienta de propaganda política.