En Castilla y León
los centros públicos de enseñanza han comenzado a funcionar sin que se hayan
cubierto, en la mayoría de los casos, las bajas ni las necesidades más
imprescindibles de profesorado para la enseñanza obligatoria. No entramos a
valorar, de momento, lo que sucede en los niveles no obligatorios o en otras
variantes del sistema educativo como la educación de personas adultas. Tenemos
todo un curso para hacerlo.
No han llegado los sustitutos en muchos casos y los equipos directivos no saben a qué atenerse. La falta de planificación por parte de la Consejería y de los servicios periféricos hace que algunos Jefes de Estudio del cuerpo de profesores de secundaria tengan 28 y más periodos lectivos, lo que supone un atentado al sentido común y a las normas que elabora la propia Administración educativa. Pero lo más doloroso es el remoloneo de los servicios periféricos a la hora de solicitar personal a los servicios centrales de educación, dirigidos por el huidizo Juanjo Mateos.
La Consejería ha dado orden de
que el profesorado se incorpore cuando se inicien las clases. ¿Y las
planificaciones, programaciones y
temporalizaciones? ¿Y en los centros donde la matrícula la hace el propio
profesorado durante el mes de septiembre? Tampoco responden los sindicatos ni
se movilizan. Para ellos lo importante son las liberaciones. Pasan del
profesorado, al igual que la
Consejería de educación y los servicios periféricos.
Y no solo pasan del profesorado, también importa un comino a la Administración educativa la repercusión en el alumnado; porque, todo sea dicho, sin profesorado no se atiende al alumnado. ¿Y el resultado final? ¿Tal vez aprobado general? ¿Imposibilidad de que cursen esas materias, áreas o módulos concretos por incompetencia de los políticos de turno? ¿Y dónde queda el derecho de los ciudadanos a la educación? Así son los ‘cabezas pensantes’ de la Consejería de educación en León y en Castilla. En fin, lo dicho: Por mi parte, queda firmado el compromiso y asumido el citado reto. Al tiempo.
También es
llamativo que aún no hayan cesado al responsable de Recursos Humanos, de quien
hace tiempo dejó de fiarse el profesorado. Un político que se esconde de la
ciudadanía e impide el acceso del profesorado a su dirección general, si no es
con previo aviso, es muy sospechoso para el ciudadano. Casi siempre la
planificación depende de las personas y de los equipos. Está suficientemente
demostrado que el personal acaba apoltronándose cuando se mantiene mucho tiempo
en el mismo puesto de libre designación, sobre todo de director o directora
general para arriba. Claro que, en cuestiones de apoltronamiento, saben mucho
los equipos de Juan Vicente Herrera.
Gran parte de los docentes de Castilla y León ni siquiera tiene en su poder el nuevo nombramiento. Más dejadez y más desidia es difícil de conseguir, pero el presidente Herrera sigue sin enterarse, dada su soledad y su demostrado pasotismo tras tantos años de gobierno de su partido. Hasta los altos cargos se marchan de la Junta de Castilla y León, desengañados de la actitud de Juan Vicente, más inclinada a la foto del momento, a la imagen de campaña y a las inauguraciones donde hay canapés y buen vino, que a trabajar por la realidad de Castilla y de León.
Lo peor que puede
suceder en cualquier Consejería y en Presidencia es que se olviden del
administrado. A partir de ahora, cuando vengan hablando de calidad y de
excelencia habrá que hacerles el gesto de la 'pedorreta' del día. ¿Cómo van a
hablar de calidad, y mucho menos de excelencia, si son incapaces de dotar del
profesorado necesario e imprescindible al sistema educativo en la comunidad? Un buen día descubrieron que el informe PISA
les trataba bien y piensan que ya han cumplido, sin pararse a pensar que el
mérito es del profesorado; única y exclusivamente del profesorado. En León y en
Castilla los políticos suelen decir lo que oyen a periodistas y articulistas de
educación. Y si no lo creen, pregunten al portavoz del Senado y – de paso – nos
reímos todos juntos.
Así las cosas, desde numerosas instancias se está pidiendo a Juan Vicente Herrera que ponga orden en el desconcierto reinante en cuanto a la planificación de profesorado en su jurisdicción o se marche para no seguir haciendo más daño. No hace mucho tiempo le aplicábamos al señor Herrera un breve pensamiento de Eugenio D’Ors: “El estilo es como las uñas, es más fácil tenerlo brillante que limpio”. Pues eso mismo, Juan Vicente, aun sabiendo que tus ‘sabuesos’ vigilan de cerca desde hace tiempo los movimientos y opiniones del disidente.
Jesús Salamanca Alonso