El gobierno, pese a su desgaste, ha logrado, con la
obsecuencia de la oposición, mantener incólume el sistema económico, sin
afectar las condiciones en que se desenvuelven los grupos económicos dueños de
Chile. Ha evitado referirse a las demandas de corrección económica que se ha
planteado en estos dos meses de explosión social, usando para ello una
verdadera campaña del terror y de desinformación, descalificando un cambio del
modelo, como una “irresponsabilidad populista”, como si se tratarse de ellos o
el caos.
Sebastián
Piñera, defiende la concentración de la riqueza a toda costa. Se ha dicho que no
ha escuchado el fondo de la protesta social, el rechazo a un sistema abusivo y
depredador, que se ha hecho intolerable para más del 80% de los chilenos. Pero,
creo que sí lo ha hecho, y su respuesta ha sido aumentar la represión,
criminalizar al movimiento social y replegarse con maniobras dilatorias para
defender a ultranza los privilegios de los grupos económicos que él y su
familia integran.
¿Cuáles
son los pilares del modelo que el gobierno defiende?
Las
AFP: Los fondos
previsionales de capitalización individual constituyen un ahorro forzoso que
los grupos económicos obtienen a mínimo costo, luego ese dinero lo prestan al
mercado a través de sus propios bancos, con un spread altísimo. Esto explica,
en parte, las enormes ganancias de la banca, un sector con 14 empresas
bancarias establecidas, que alcanzó en el período 2019, alrededor de 2700
millones de dólares de utilidad bruta. Los tres bancos líderes fueron Banco de
Chile, Santander y BCI. Pese a que este año la economía venía a la baja, a raíz
de la guerra comercial entre USA y China, las utilidades de la banca han sido
siderales. Aunque el riesgo ha sobrepasado la racionalidad, ya que se vive un
alto índice de endeudamiento, que alcanza en promedio casi al 70% de los
ingresos mensuales, existiendo 4,6 millones de chilenos morosos en el sistema
financiero.
La
concentración económica:
Los grupos dominantes manejan transversalmente los sectores productivos
extractivos, minería, pesca y forestal, y cada grupo suele ser dueño de banco,
AFP, Isapre, cadenas de farmacias, centros médicos; supermercados, grandes
tiendas, sanitarias y medios de comunicación, financiando la política en forma legal
o bajo cuerda. Los grupos económicos mantienen una estrategia tributaria
elusiva, realizan lobby frente al poder político, frenan las acciones de
fiscalización, obtienen condonaciones de impuestos y, cuando son sorprendidos
en colusiones, cohecho, en general delitos económicos, saben que su impunidad
está asegurada, tráfico de influencias mediante.
El
Estado Subsidiario:
El modelo neoliberal, en sus instancias globales, como lo es la Organización
Mundial de Comercio, OMC, incorporó al orden mundial, como reglas del juego, intereses
de las multinacionales, en materias tales como propiedad intelectual,
servicios, aranceles, salvaguardias, reduciendo las capacidades de regulación
del Estado, trasladando a la competencia internacional, ámbitos de la gestión
pública que eran propios del clásico Estado soberano. Es así que, en el caso
chileno, la apertura de la economía, invocando “la buena fe y el crecimiento”, ha
dejado hacer a las multinacionales, sin que se les fiscalice debidamente para
que cumplan con conductas tributarias y ambientales exigibles en cualquier país.
El
negacionismo que practica hoy el gobierno, no sólo alcanza a las violaciones de
derechos humanos. También niega cualquier alternativa económica que plantee una
pérdida de privilegios para las élites. Pero, cada día se levantan y conjugan
más voces para plantear, desde distintas especialidades, que otro modelo económico
es posible y, de hecho, la mayor parte de los países con que a la élite le gusta
compararse, mantienen una economía y un sistema político distinto, lo que
comprueba que Chile ha sido el laboratorio del neoliberalismo más brutal.
Como
evidencia de lo anterior, baste recordar lo que ha argumentado, en Última Mirada,
el Director de la Bolsa de Santiago,
Economista Jorge Quiroz, quien propuso aplicar una política económica
keynesiana, sin miedo a usar el Estado para reactivar la economía, con el foco
en una planificación que fije prioridades para un desarrollo armónico, saliendo
del dogma del mercado, recuperando el rol conductor del Estado en la economía,
con planes de inversión en infraestructura que generen un efecto multiplicador
y, a partir de ello, un círculo virtuoso que incentive a los agentes económicos
privados, en visión de largo plazo, a integrarse a programas maestros de
desarrollo, impactando con nuevas expectativas de progreso a toda la sociedad. La
deuda sería la herramienta para ese propósito.
Otro
modelo económico es posible y necesario
Apagar
la convulsión social con mayor justicia y empatía, sería el único camino sensato
para la paz social. Para ello, desde distintas miradas, se ha propuesto subir
las pensiones de inmediato, elevar el salario mínimo, elevando el endeudamiento
público a 40 o 45% del PIB, aplicando políticas de fomento para solucionar
problemas estructurales, como el centralismo, logrando potenciar la
vertebración territorial del país con una descentralización efectiva, como
podrían serlo el ferrocarril de Arica a Puerto Montt o plantas desaladoras para
enfrentar la sequía.
Desde
una mirada ética, la sociedad civil reclama el término de un sistema abusivo y
desprotector de las personas, buscando, en un nuevo trato, eliminar como
productos de consumo, las necesidades humanas básicas, entendiendo por tales,
el agua, la energía, salud, educación, transporte, educación, generando
servicios que aseguren y den cobertura a estos derechos y en los cuales el
Estado actúe por sí o en colaboración y joint venture con agentes privados.
El
trabajo con el sector privado es una estrategia válida y necesaria, pero debe
ser transparente y libre de corrupción, considerando que el sistema que se
diseñe en una nueva Constitución Política, contemple las rendiciones de cuentas
de los gobernantes al pueblo soberano, con aplicación de auditorías a cargo de
la sociedad civil, trasladando y fortaleciendo la capacidad de formulación de
proyectos a las regiones y comunas, donde la relación deberá ser de activa
participación y fiscalización de los actos públicos y uso extendido del
gobierno electrónico y la transparencia.
Países
tan distintos como Vietnam o Arabia Saudita, han solucionado problemas de
infraestructura con la estrategia BOT, Building, Operate and Transfer, es decir
con sistema de concesiones, en donde se realizan alianzas estratégicas con el
sector privado para obras de infraestructura. En Chile, el instrumento de las
concesiones se envileció porque la corrupción fue estructural y las condiciones
pactadas con los contratistas fueron leoninas para los usuarios. Pero ese
fenómeno de corrupción, que nos remonta a los escándalos de MOP GATE y MOP
CIADE, no debiera estigmatizar el instrumento, ya que utilizado con
transparencia y honestidad puede ser una palanca efectiva de desarrollo.
Necesariamente,
poder reorientar al país hacia una economía humana, pasa por exigir que los
grandes grupos tributen. Una fiscalización eficaz, inteligente y honesta, que
no sea manoseada por el tráfico de influencias, podría llevar a un aumento
importante en la recaudación, incluso sin subir los impuestos sino simplemente
fiscalizando con rigurosidad para exigir el pago que corresponda a los grandes
contribuyentes, eliminando la evasión con una gestión aduanera y tributaria
inteligente. En el
próximo Estado Responsable al que se aspira, tomado como antónimo de Estado
Subsidiario, que atienda al interés general, se debería generar una
fiscalización eficaz
Los
grupos económicos saben que en cualquier otro país tendrían que tributar
correctamente. Que los delitos económicos no son una broma y se sanciona con
cárcel efectiva. Incluso hay multimillonarios en EEUU que han pedido que se les
aplique más impuestos, porque entienden que todos sus negocios pueden ir por el
suelo si una explosión social desestabiliza el país. Saben, además, que la
desobediencia civil, pese a la rudeza y cantidad de organismos represores, es
irrefrenable y la historia lo demuestra. Gandhi nunca fue de simpatía de los
británicos imperiales. Mandela tampoco lo fue y ambos marcaron un camino
redentor de sus pueblos. Invocar la historia chilena es estremecedor porque los
acontecimientos sangrientos se reiteran como pacificación cruenta de las
protestas populares.
Sin
embargo, el mundo ha cambiado y los autoritarismos se han debilitado por la
irrupción de redes sociales, donde la gente del estado llano se ha empoderado,
principalmente por la desconfianza en la totalidad de las instituciones, corroídas
por la corrupción estructural y los vicios. Hoy, en medio de la crisis, la
gente se ha vuelto a reencontrar, saliendo de su claustro individualista. La
globalización ha entregado un espacio de conectividad instantánea que ha
remecido a los gobernantes y poderosos. El planeta, los compatriotas del
exterior han sumado su voz a las protestas. Los ciudadanos anónimos, marginados
del poder de la plutocracia, han levantado un poder coordinado, auto convocante
a nivel global, capaz de demoler imperios y dictaduras. Los jóvenes que
abrieron las calles y sin miedo han enfrentado una atroz represión, han sido
catalizadores de una bronca acumulada por décadas, las cuales ellos han sufrido
en sus familias en carne propia.
Pero,
empuercando la movilización social y funcionales a la represión y el miedo, del
lado oscuro ha emergido la tenebrosa mano del narcotráfico y la delincuencia en
nuevo giro: robar a mansalva, saquear, turbas a las cuales se ha sumado gente desalmada
y aprovechadora que, sin límites morales, aprovecha la ocasión simplemente para
robar. Una realidad que estaba latente, que había aparecido en cada protesta,
partido de fútbol o catástrofe natural, y que ha quedado en el tapete como un
subproducto de la marginalidad que existe en Chile.
Para
que una economía nacional y local funcione, y en general para que cambie el
ánimo de los chilenos, se debe procurar un cambio cultural profundo, que
erradique las prácticas corruptas, paternalistas, sectarias o ideologizadas,
para reencontrarnos con principios de integridad, decencia y responsabilidad y
rendición de cuentas exigiendo nuevos liderazgos que prediquen con el ejemplo.
Otro
Chile es posible: un capitalismo con equilibrios de poder, poderes del estado
probos sujetos a evaluación popular y prensa libre; Defensor del Pueblo en
diversos ámbitos; una economía mixta que procure asociatividad y cooperación;
un trato laboral no abusivo que apunte al desarrollo de las personas; derechos básicos
asegurados y una tributación acorde sin evasión; en definitiva, un país decente,
donde convivamos en respeto mutuo, equidad y armonía.
Gestionar
políticas públicas desde la razón y la participación ayudará a aplacar los
espíritus y aislará la fuerza bruta. Sólo se debe recuperar la dignidad,
alcanzar libertades públicas con los derechos y deberes que implica.
Ese
cambio de actitud, ejerciendo la no violencia activa, crítica, pluralista y
respetuosa de la vida y el medio ambiente, no sólo es posible, también es
urgente, como premisa de sobrevivencia.
Periodismo
Independiente, 08.12.2019