La noche del 26 de mayo, cuando los resultados de las elecciones municipales y autonómicas daban mayoría a los tres partidos de la derecha, tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad de Madrid, el ambiente de fiesta y celebración se asomó al “balcón de Génova”. El PP, que era el partido más votado de las tres fuerzas conservadoras, veía al alcance de la mano la posibilidad de recuperar el gobierno del Ayuntamiento de Madrid y mantenerse en la administración autonómica. Era, indiscutiblemente, el éxito que necesitaba Pablo Casado para que no peligrara su liderazgo del PP.
Para conseguir estos objetivos
el Partido Popular y Ciudadanos necesitaban el apoyo de Vox, es decir se trataba
de aplicar en Madrid la “fórmula andaluza”. Pero de nuevo –a pesar de necesitar
los votos de Vox- Ciudadanos se niega a sentarse con la formación
ultra-derechista en una mesa de negociación. Se repite pues un proceso similar
al ocurrido en Andalucía, donde el PP alcanzó acuerdos por separado con
Ciudadanos y Vox. Pero el partido liderado por Abascal exige en esta ocasión
formar parte de los gobiernos municipal y autonómico. En el Ayuntamiento de
Madrid ya se ha investido como alcalde al candidato del PP, José Luis
Martínez-Almeida, y se han repartido las concejalías entre el PP y Ciudadanos.
Vox afirma que en el acuerdo suscrito con el PP se incluía su entrada en el
gobierno municipal con un número de concejalías proporcional a su resultado
electoral. El PP niega este aspecto y dice que Vox tendrá importantes juntas de
distrito, pero en ningún caso concejalías porque esto contradice lo firmado con
Ciudadanos. Así las cosas, Vox amenaza con no respaldar la investidura de
Isabel Díaz Ayuso como presidenta de la Comunidad de Madrid. Lo que resulta evidente
es que en el acuerdo del PP y Vox alguien miente. Además, mientras que el
documento firmado por PP y Ciudadanos se ha hecho público, el del PP con Vox
permanece oculto. Por otra parte, si para solucionar el conflicto con Vox el PP
cediera alguno de sus distritos a la formación de Abascal, sería una
modificación del acuerdo y para tener validez sería necesaria la firma de
Ciudadanos. En el supuesto de que el PP cediera a Vox a algún área de gobierno,
Ciudadanos se opondría porque su Ejecutiva Nacional vetó de forma expresa estar
en ejecutivos municipales o autonómicos de los que formara parte el partido ultra-derechista.
Se puede decir pues, que las
tres derechas están enredadas en un callejón sin salida, porque a pesar de que
tienen un objetivo común, desalojar a la izquierda del Ayuntamiento de Madrid e
impedir que gobiernen en la Comunidad de Madrid, Vox no acepta ser convidado de
piedra y dar sus votos a cambio de nada. Además, Ciudadanos, cerrando los ojos
a la realidad y negando lo evidente, insiste en que su pacto es solo con el PP,
ignorando en todo momento que necesitan el apoyo de Vox.
Lo que parece evidente es que
en este proceso el partido más perjudicado es Ciudadanos que, con el objetivo
de llegar al poder, o compartirlo con el PP, ha sacrificado su posición de
partido de centro y se ha integrado -por mucho que lo nieguen- en el bloque de derechas.
Además, su hasta ahora “socio catalán”, Manuel Valls, ya ha criticado públicamente
el acercamiento a Vox de la formación naranja. La presión sobre Albert Rivera
para que no participe en gobiernos sustentados por Vox le llega también desde el
presidente francés, Emmanuel Macron. En su carrera para convertirse en líder de
la oposición, tras el éxito del PSOE en las elecciones generales, Rivera ha
dado un traspiés en Madrid, además cada día aumentan las presiones para que se
abstenga en la investidura de Pedro Sánchez. Veremos.