La paz mental
Ciudadanía | 23/08/2018

Ya se ha escrito tanto de esto que uno mas no va a hacer daño y yo no la he conseguido todavía. Muchas veces he tratado de trabajar sobre este vital tema y les cuento que los miniproblemas que son inherentes al vivir, se magnifican en mi mente, dándoles una importancia que no la tienen, detalle que me doy cuenta días despues cuando no me acuerdo de ellos. Hay algo en mi mente que me impide ser feliz……..cuando todo lo que me rodea tienen los ingredientes para que ese detalle tan importante funcione.


Por eso cuando lei ese pensamiento que aparece en la foto quise compartirlo con Uds. como una muestra de lo que yo todavia no lo he podido disfrutar. De hecho soy imperfecto, como algunos que me lean y coincidan conmigo ; con los años que llevo encima y rodeado solo de cosas buenas que he conseguido con una vida sobria y ordenada, especialmente los últimos 30 años, algo en mi cerebro no me funciona porque es la mente que me hace esas jugadas. Ver a un psiquiatra pienso sin temor a equivocarme que todavía esta muy lejos de mi, con el peligro que el Sr. este peor que yo, ya que este “mal” es inherente al ser humano, reconociendo que el profesional ha estudiado y algo bueno podria aportar pero como mi daño no es mortal, deshecho esta opción.


Les quiero compartir algo que encontre en internet, trate de ponerlo en practica, me parecio buenísimo pero el mismo dia , en la tarde lo habia olvidado. Ojala a Uds. les sirva y aca termino con el interesante y pequeño articulo.


Cómo conseguir una mente serena y enfocada: cuatro estrategias para desactivar las alarmas del ego”

En medicina conocemos muy bien los efectos tan negativos del estrés crónico y no es otro que la activación sostenida de nuestro mecanismo de alarmaUna persona que está en situación de alarma, no piensa, sino que está a merced de unos patrones automáticos de conducta. Por eso nos volvemos irascibles, huimos o atacamos. Por eso es por lo que cuando no hay un peligro físico real, sino tan sólo una amenaza de sufrimiento emocional, hemos de evitar que este mecanismo de alarma controle nuestra vida. Imaginemos que alguien en nuestra casa ha tirado la colilla de su cigarrillo a nuestro suelo de madera. No cabe duda de que esto precisa que estemos atentos y rápidamente la apaguemos. Sin embargo, si por una razón u otra llegara a la central de bomberos el aviso de que nuestra casa está ardiendo y los bomberos empezaran a inundarla con agua a pesar de no ver las llamas, el tamaño del daño generado por esa reacción tan excesiva, sería mucho mayor que el tamaño del daño generado por la colilla en el suelo de nuestra casa. Algo parecido ocurre cuando el mecanismo de alarma de nuestro cerebro se activa de forma inadecuada.Todos nosotros somos conscientes de cuándo esta reacción se ha puesto en marcha. Puede ser en el trabajo, en la calle o en casa. Basta que alguien haga un comentario poco afortunado o deje de contar con nosotros para una fiesta, para que podamos notar cómo nos tensamos, la respiración se agita y dejamos de pensar con claridad. Nadie nos ha amenazado físicamente, pero nuestro ego ha sido herido y está dolido y airado. Un ego así, siempre pone en marcha el mecanismo de alarma. En medicina conocemos muy bien los efectos tan negativos del estrés crónico y no es otro que la activación sostenida de nuestro mecanismo de alarma. Por eso voy a proponer una estrategia para desactivar dicho mecanismo de alarma y favorecer así nuestra salud y nuestra capacidad de aprender:

Paso 1. Cuando sienta los efectos de su reacción de alarma, observe lo que le está pasando (emociones y reacciones corporales) y, simplemente describa la situación de la misma manera que describiría un paisaje. No enjuicie las emociones y reacciones. No las califique de malas o de desagradables, solo descríbalas. Usted si está contemplando un desierto y lo está describiendo, no necesita decir que es un lugar desagradable, basta que diga cosas como que hay arena por todas partes, que se percibe un intenso calor,etc. Mi propuesta es que haga lo mismo con lo que siente y nota en su cuerpo.

Paso 2. ¡Ni se le ocurra quedar cautivo de esas historias mentales que todos tendemos a contarnos cuando algo no es como nos gustaría que fuera! No practique “la rumiación mental” por seductora que le parezca.

Paso 3. Lleve su atención a la respiración, al aquí y ahora, al presente. Si le cuesta llevar la atención a la respiración, cuente números o ponga su atención en los sonidos que escuche. Todo menos llevar la atención a la “jaula de grillos” que es ahora su cabeza.

Paso 4. Decida qué es en ese momento lo prioritario, lo esencial, la única cosa en la que usted debe de enfocarse. Tal vez sea en mantener la serenidad, en descubrir algo valioso, en sentirse más libre frente a las emociones disfuncionales que tienden a gobernar su vida.

Recuerde que entre el saberlo y el saber hacerlo está la sabiduría. Sé por experiencia que aunque esta metodología es sencilla, cuesta practicarla. Le animo a hacerlo porque el fruto de ella es uno: la libertad.


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