Faltan escasas horas para que se sepa quién será el próximo
presidente o presidenta del PP. Mas allá del resultado de las elecciones
primarias, ganadas por un escaso margen de votos por Soraya Sáenz de Santamaría
sobre Pablo Casado, se están produciendo en estos días apoyos manifiestos a
cada candidato y también maniobras entre bastidores para influir en el voto de
los compromisarios.
Según los datos que están apareciendo en los medios de comunicación
parece que será Pablo Casado quién sustituya a Rajoy al frente del Partido Popular.
María Dolores de Cospedal ha dado ya su apoyo a Pablo Casado, quizá por aquello
de que el enemigo de mi enemiga es mi amigo. Es sobradamente conocido el
enfrentamiento existente entre la todo poderosa exvicepresidenta del Gobierno y
la secretaria general del partido. Pero además el resto de los candidatos, que
no han superado el primer filtro de las primarias, se han puesto del lado de Casado.
Pero en estás insólitas elecciones primarias del PP -hasta ahora
la sucesión en la presidencia del PP se había realizado por el procedimiento “digital”- hay aspectos que merecen un análisis más profundo. Hay indicios de que Rajoy apoya a Santamaría,
y el hecho resulta sorprendente porque la exvicepresidenta ha conspirado hasta
en tres ocasiones para conseguir que Rajoy dimitiera de la presidencia del gobierno.
Una información del diario digital República detalla las maniobras conspiratorias
de Santamaría para desalojar a Rajoy de la Moncloa.
El bolso de Santamaría en el escaño de Rajoy el día de la moción de censura se
ha convertido ya en todo un símbolo de la ambición de poder de la
exvicepresidenta. Pero siendo esto así, ¿por qué apoya Rajoy a Santamaría?, el motivo está en Aznar. Pablo Casado parece
tener detrás la "mano amiga" de José María Aznar y no hay que hacer grandes
esfuerzos para ver la distancia que separa desde hace tiempo a Rajoy de quién
hace quince años le eligió para sucederle. Por ello de alguna forma, y como titulaba una
reciente información de El País, “Rajoy y Aznar se baten en duelo 15 años después”.
Parece ser, pues, que de nuevo se hace real la frase de que el enemigo de mi
enemigo es mi amigo y que, aunque resulte sorprendente, Rajoy prefiere apoyar a
su “infiel escudera” antes que permitir que el supuesto “ahijado” de Aznar sea
el ganador de esta batalla por la presidencia del PP.
Pero es imprescindible hacer una reflexión, válida hace 15 años cuando Aznar nombró a dedo a Rajoy presidente del PP, y ahora en el supuesto de que fuera cierto que Aznar apadrina a Casado. Aznar eligió en 2003 a Rajoy porque pensaba que podría manejarle y convertirle en una especie de pelele a su servicio. La realidad de la gestión de Rajoy al frente del PP, y todavía más como presidente del Gobierno, demuestra claramente que ha actuado con absoluta independencia y por supuesto sin someterse en ningún momento a las presiones de Aznar, si es que las hubo. En el caso de Pablo Casado hay motivos para pensar que pretende renovar y regenerar el partido con criterios propios. Además, en este empeño de renovación cuenta con el apoyo de exministros de Rajoy nada sospechosos de ser aznaristas. Por otra parte, nadie duda, y es posible que Rajoy tampoco, que Pablo Casado reúne todos los requisitos para renovar el partido y para ser, por su juventud, el candidato ideal para disputar la hegemonía en la derecha española a Albert Rivera.
Por todo ello, sería deseable que mañana los compromisarios cuando voten
actúen con criterios propios pensando en lo mejor para el partido, y no en satisfacer los deseos revanchistas de quienes ejercieron el poder. Esto además es especialmente importante en este congreso del PP, en el que se elige al nuevo presidente con el voto de los militantes y no con el dedo de su antecesor,