La cita electoral del 21D no ha pillado por sorpresa a nadie. Tanto los partidos independentistas como los constitucionalistas eran conscientes de que la aplicación del artículo 155 conllevaba la convocatoria de elecciones anticipadas.
De hecho el día 26 de octubre el propio Puigdemont estuvo a punto
de convocar las elecciones antes de que fracasara el último intento de llegar a
un acuerdo con el Gobierno para evitar el 155. Incluso la ilegal vía hacia la
independencia prevista en las leyes aprobadas por el Parlament preveían la celebración de elecciones constituyentes
para elaborar la constitución de la futura república catalana. Así pues el
horizonte de una cita en las urnas era una constante en todos los escenarios
políticos del conflicto catalán. Por tanto hay suficientes motivos para pensar
que las estrategias electorales han marcado todos los pasos dados por las
fuerzas independentistas y por supuesto por PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos.
La celebración del
referéndum el pasado 1 de octubre fue un auténtico pulso entre los partidos
independentistas y el gobierno. Los primeros eran conscientes de que no tendría
validez legal pero si un valor simbólico con rédito electoral en el futuro. El
gobierno del PP por su parte tomo todas las medidas políticas y policiales para
impedir que se colocaran las urnas en los colegios electorales porque era
consciente de que cualquier debilidad en este sentido tendría su coste
electoral. Pedro Sánchez compareció ante los medios la misma noche del
referéndum para posicionarse al lado de Rajoy en la defensa del estado de
derecho para evitar la pérdida del voto moderado de centro, imprescindible para
ganar unas elecciones generales. Por su parte Ciudadanos, sin duda el partido
que más presionó a Rajoy para que aplicara cuanto antes el artículo 155 y
convocara elecciones, está ya en plena campaña electoral. Podemos ha mantenido ante el proces una posición ambigua -defendiendo
un referéndum pactado pero sin apoyar la proclamación de la independencia- que
según las últimas encuestas ya ha tenido su coste electoral. Ahora Pablo
Iglesias allana el camino hacia el 21D desprendiéndose tanto de las voces
críticas, este es el caso de Carolina Bescansa por advertir a Pablo Iglesias de
los riesgos de “no hablar de España”, como la de aquellos que apoyan la
declaración de independencia en Cataluña, posición mantenida por el hasta ahora
Secretario General de la filial catalana de Podemos, Albano Dante Fachin.
En definitiva todos esperan sacar rédito electoral del traumático final del proces y quizá más que nadie los propios partidos independentistas que ven en el 21D una especie de nuevo referéndum, esta vez legal, para confirmar que en Cataluña hay una mayoría independentista. En el terreno de la especulación no resulta descabellado pensar que en la estrategia de Puigdemont para celebrar el referéndum y proclamar la independencia de Cataluña se incluía la rentabilización electoral del previsible encarcelamiento de los miembros del Govern. La peculiar campaña electoral que está realizando Puigdemont desde Bruselas es buena prueba de ello. Apunta también en este sentido un interesante artículo, "España, ante el teorema de Forcadell", del periodista Joan Tapia que publica hoy El Confidencial. Tapia recupera estas palabras de Carme Forcadell cuando era Presidenta de la ANC: “tranquilos, porque incluso en el momento en que estemos más bajos, siempre vendrá el Estado español a ayudarnos con sus decisiones impopulares y anticatalanas. El 21 D veremos si el teorema de Forcadell funciona de nuevo. Atentos.