Crisis
de credibilidad: una valiosa oportunidad para profundizar la democracia
Algo importante está ocurriendo en nuestra sociedad. La crisis
de credibilidad en las instituciones sigue agudizándose. Se nos implantó por la
fuerza un orden basado en el individualismo, en el Estado subsidiario, en la
doctrina neoliberal, que resultó en un crecimiento económico depredador, que ha
producido un debilitamiento de la clase media como motor de movilidad social y
una cada vez más regresiva distribución de la riqueza. Hemos sufrido el imperio
ideológico neoliberal y esto se sustentó en una fragmentación premeditada de
los movimientos sociales, en una convivencia acomodaticia de los dos bloques
políticos, en un sistema excluyente fijado por una Constitución Política que ha
limitado la efectiva democratización de la sociedad chilena.
Nos hemos convertido en un pueblo triste, irritable, agresivo, con una
violencia latente que nos aleja como personas de la felicidad. Es que los vectores
de la sociedad en que nos movemos, se han centrado en el consumismo y la
búsqueda obsesiva del placer, en donde nos hemos convertido en consumidores
planetarios, segmentados hasta el detalle, instrumentos de los mercados para
crecer y que se han implantado en el ADN de la gente “moderna”. Las ideas, los
debates, los proyectos de organización asociativa o de solidaridad, no entran
en el lenguaje comunicacional por ser contrarios conceptualmente a la propuesta
individualista. Es así como, marcando el paso del modelo, hemos avanzado en el
acceso a nuevos bienes y servicios, progresando en tal sentido objetivamente,
principalmente al haber incorporado innovadoras tecnologías a nuestra vida
cotidiana. Pero, ese mismo modelo de crecimiento y supuesto chorreo, ha ido
maximizando la brecha entre los sectores pudientes y los sectores medios y
bajos.
La inteligente manipulación comunicacional que ha ejercido el
sistema,
controlado por los mismos intereses económicos que funcionaron al alero del
régimen militar, se ejerce gracias a la concentración que mantienen esos
poderes fácticos en medios de comunicación social. A lo cual se agrega la
desatención negligente de los gobiernos democráticos de la prensa alternativa
que se había construido en los ochenta. Lo que provocó la desaparición de
numerosos medios emblemáticos y ha dejado a nuestra sociedad del siglo XXI en
medio de una realidad alienante, con los oligopolios de la prensa radial y
escrita, degradando a la sociedad con frivolidad, mensajes que llaman de la tenencia
de cosas, a pasarlo bien sin límites, a vivir el aquí y ahora, sin ninguna
responsabilidad frente al futuro.
En
la actualidad se observa que hay amplios sectores que históricamente
protagonizaban el devenir político, con una indiferencia o rechazo a participar
en política, manteniendo
una actitud cívica resignada y pasiva. Nos hemos convertido en un pueblo
agobiado por las deudas, encandilado por el consumismo y que en la vida diaria
ha sido manipulado por la frivolidad. Un pueblo fracturado, donde se advierte
el drama de relaciones afectivas inestables, bajo nivel de compromiso, abandono
de valores y responsabilidades respecto a los hijos, la propia familia y el
futuro colectivo como proyecto país.
Sin embargo, algo está pasando, en medio de una crisis de
credibilidad que
cada día va dejando sus coletazos. Se comienza a hacer visible en la expansión
de las redes, la presencia de numerosos sectores democráticos contestatarios
del discurso oficial y que han accionado como colectivos en pro de un rescate de
valores. Frente a la tendencia tenebrosa del tráfico de drogas en las
poblaciones, aparece con heroísmo la acción cooperativa de vecinos. Frente a la
prepotencia de intereses invasivos de los espacios públicos se han levantado
los grupos ciudadanos de defensa; pese a no haberse logrado implantar en la
institucionalidad el Defensor del Pueblo, son miles las experiencias de
acciones colectivas que van recuperando un estilo ciudadano de poder ciudadano,
que ha ido frenando abusos ambientales o la irrupción de mega proyectos
inmobiliarios que rompen la armonía o identidad histórica de las comunidades
locales. Esto demuestra que hay una gran energía vital circulando subterránea
respecto de las agendas oficiales que marcan las pautas noticiosas.
La crisis del sistema global ha dejado en evidencia la necesidad
de recuperar en los países el rol responsable del Estado y las personas han
visto que la realidad dura de la cesantía es una amenaza real. Generar acciones
de inversión que muevan la economía es una necesidad que no se puede acallar. Se está entendiendo en todos
los países afectados que reactivar la industria mediana y pequeña nacional es
una necesidad de sobrevivencia y que eso significa generar capacidades
asociativas para levantar proyectos. La realidad es dura y puede serlo todavía
más. Acá es cuando aparece el rescate de la acción social, de la buena vecindad
de barrios que encaran la recuperación de sus espacios públicos y en vez de
amurallar sus casas piensan en ayuda mutua, en responsabilidades compartidas.
La respuesta de las familias pasa por la unión de barrios, de vecinos y amigos
para lograr en la actividad solidaria economías de sobrevivencia. La
incapacidad de servir los compromisos, la impotencia que se siente frente a
despidos masivos, significa mirar con realismo la experiencia que tenemos como
país para enfrentar momentos difíciles y eso – recreando la experiencia de la
crisis de los ochenta que llevó a protestas heroicas y masivas - no se puede
hacer desde el individualismo, sino que parte de la capacidad de creer en el
vecino, de abrir tu casa al vecino, de trabajar en equipo, en confianza, con
reciprocidad y esfuerzo. Movimientos sociales que plantean desobediencia pacífica
y activa para exigir cambios al sistema previsional, demuestran que la caldera
social va creciendo.
Hay amplios sectores medios que se han dado cuenta que es el
momento de actuar con racionalidad, sumarse a acciones en las poblaciones y
barrios para que el tejido social vuelva a vertebrar acciones mancomunadas para
la solución propia de problemas inmediatos. Generar acciones `para pasar por
momentos difíciles, significa erradicar el facilismo, el simple reclamo de
ayudas. Se trata de fomentar la autoayuda y de canalizar el apoyo a quienes
mejor organizados se encuentren para llevar adelante proyectos de carácter
cooperativo.
Cooperar, trabajar como colectivos de barrios, comprar juntos,
fiscalizar la calidad de los servicios públicos, participar desde la base
social, buscando y proponiendo soluciones, es un estilo que se siente venir en
Chile, como consecuencia de la crisis que nos impacta.
Si
desde la autoridad de gobierno y parlamento no se escucha este clamor
creciente, la crisis puede agudizarse. El cambio ético y generacional se hace
imprescindible. Es posible convertir esta grave crisis en una oportunidad para
avanzar desde la ciudadanía en la corrección efectiva del modelo; que no calza
doctrinariamente con la conjugación de la solidaridad, del nosotros, del
caminar espalda con espalda para transitar las turbulencias con las energías
multiplicadas de un pueblo empoderado y proactivo.
Valparaíso,
21 de septiembre 2016 Periodismo Independiente. @hnarbona en Twitter.