“Ya no sería posible cambiar el capitalismo” nos quieren hacer
creer…
Es la torpe y desenfada
disculpa de los intelectuales de la pseudo izquierda, el argumento falaz de
quienes vendieron sus sueños y se convirtieron en esbirros obsecuentes de quien
los financiaba. Claudicaron de sus sueños y principios. Mintieron con programas
de gobierno que prometían cambios que jamás pretendieron pero que constituía un
mensaje de marketing encantador. Mintieron
cuando lo escribieron, mintieron al ejecutarlo, se diluyeron, se fueron por las
ramas.
Su gestión ha estado marcada
por la impericia y la improvisación, pasando por encima de los funcionarios de
carrera, en una ordeña descarada del aparato público, en el cual no creen, pero
que sirvió para su clientelismo, les sirvió para profitar y organizar sus negocios
sin escrúpulos. Se irguieron como savia joven, como la etapa 2.0 de la
política, como el progresismo, pero eran ancianos de espíritu, mañosos,
sin vuelo libre, serviles a la garra que los mantenía.
El decir que no hay posibilidades
de cambiar el capitalismo salvaje, concentrado y
distorsionado que nos aflige, es una explicación cínica, un mensaje para que la gente piense que realmente se intentó, que se hizo lo que
se pudo, que hay que seguir dentro de lo posible. Que no habría nada mejor que
lo que se tiene, que hay que resignarse, conformarse y seguir esclavizados, comparándonos
como idiotas con la OCDE.
Pero, la verdad es que buscan mantenerse en el
poder, con la lógica más descarada, seguir en la cresta de la ola, vendiendo pomadas añejas, sin capacidad de
creer en las energías positivas de las personas y las comunidades de base. Sin
entender que hay una energía social poderosa, si la dejan fluir; que existe humanismo
y que hay sueños por los cuales el pueblo se las puede jugar, por ejemplo por recuperar la integridad en la cosa pública.
Queda integridad,
Que los que pregonan un mundo
sin alternativas, porque todos son tránsfugas, porque así son las reglas del juego,
porque hay que pasar por encima del otro, se excusan ellos mismos de su
historia en política.
Quienes así piensan es
porque los corrompió el sistema, porque adoran la materia y su mirada es al
piso, a sus egos y jamás podrán volver a
mirar el espacio de los libres de verdad. Porque no quieren mostrar o no pueden
hacerlo, las alternativas de ciudades a escala humana, barrios y escuelas con
afectos ciudadanos. No pueden visualizar una vida distinta porque no creen en la
solidaridad, porque una tragedia la convierten en oportunidad de mayor lucro,
porque tildan de populistas a quienes hablan de asociatividad o cooperativismo,
descartando esas opciones como impracticables, pero sí aceptan las
colusiones, los carteles, las asociaciones ilícitas para defraudar al fisco.
Son esos tipos los que nos
dicen que este capitalismo salvaje es así, un hecho consumado. Pero estamos
conscientes que el abuso no puede ser la
regla, que la delincuencia económica en cualquier país estaría presa y que
necesitamos recuperar un Estado digno, probo, donde se premie las buenas
costumbres republicanas, de respetar las instituciones, pero que al mismo
tiempo se fiscalice a fondo su comportamiento, que todos paguemos impuestos y
que se acaben los privilegios o las leyes a la medida de los grupos dominantes.
La gente no está pidiendo una revolución
incendiaria, está demandando un trato justo, una constitución democrática, con
equilibrios de poder, con libertades públicas y compromisos al servir un cargo público,
con un país decente, con respeto a la ley, donde se reivindique el trabajo y el
emprendimiento, antes que los bonos populistas que generan dependencia.
Un país decente, no es
mucho pedir y levantar un sueño ciudadano para lograrlo corresponde a los
ciudadanos que no buscan el enriquecimiento ilícito al actuar en política. Es
ese 60% de personas que se abstuvieron y que pueden plegarse a este proyecto de
un país decente, en un nuevo trato social. El capitalismo necesita sacudirse los
delincuentes que lo están dominando, pero eso exige transparencia y un gobierno
virtuoso, donde dirijan personas honestas, esa es la nueva utopía por la que
debemos luchar.
Periodismo
Independiente, 05.04.2016 @hnarbona en Twitter.