Una clase política autoritaria a
quien le resultaba intolerable la existencia de voces libres en el concierto
académico de la provincia de Mendoza, se apropió indebidamente y con impunidad
de un proyecto universitario exitoso, de total inversión privada realizada por
su fundador, el Licenciado en Relaciones Internacionales y Doctorando en
Ciencia Política, Oscar Klier. Esta crónica en su defensa póstuma, reclama
justicia.
Conocí a Oscar Klier en Buenos
Aires el año 1978, cuando ingresé a
cursar el postítulo en Relaciones Internacionales a la Facultad de Ciencias
Políticas de la Universidad del Salvador. La Universidad está en el barrio de
Once y su impronta jesuítica la convertía en un oasis de tolerancia en plena
dictadura militar, después de la muerte de Perón en junio de 1974. Yo había
emigrado a la Argentina en mayo de ese año y opté por quedarme a vivir en
Buenos Aires con el propósito de juntarme lo más pronto posible con mi
compañera y nuestro hijo que estaba por
nacer. Y esto ocurrió precisamente cuando se velaba a Perón y comenzaba
el oscuro y sangriento período de Isabel Perón y el brujo López Rega. Mi
formación en la Universidad de Chile, era
en Ciencias Políticas y Administrativas, profesión que me permitió una
inserción segura en dos importantes compañías internacionales de Buenos Aires.
Mi incorporación al postítulo en Relaciones Internacionales me permitió crecer
en lo humano y profesional. Oscar Klier tenía unos cincuenta años y en el curso
lo conocimos como un innovador empresario de la moda, con una conocida marca
muy bien posicionada en el exigente mercado bonaerense. Yo venía también de un
ámbito profesional empresarial, reciclado al sector privado en Argentina, y
ambos teníamos una gran capacidad de gestionar políticas, mientras otros
miembros del curso eran de formación netamente académica. Recuerdo que por esa
afinidad integramos equipo con un Diplomático uruguayo, Enrique Rubio, una ejecutiva de la Industria automotriz,
Clara Decourt, un viejo político radical , Enrique Barrionuevo y una abogado
boliviana, Sara Ardaya. Era un grupo de estudio y amistad que permitía a los
seniors compartir la energía de los que éramos más jóvenes, generándose una
visión histórica sólida y una visión de futuro realista. En el curso teníamos
también condiscípulos que eran parte del aparato de seguridad del gobierno
militar, personajes que integraban el curso y que se dedicaban a labores de
inteligencia naval. Sin embargo, más allá de las implícitas medidas de
seguridad que todos manteníamos, esos compañeros de aula iban escuchando las
ideas democráticas que surgían y quizá si hayan permeado su impronta fanática y
represiva. Remarco el punto para
entender el clima que se vivía. El Embajador de Chile en Buenos Aires era
Sergio Onofre Jarpa, quien dio alguna vez una conferencia a la que asistimos
como actividad de extensión dentro del postítulo.
Mi amistad con Oscar avanzó por
carriles propios y siempre nos invitaba a los grandes desfiles de moda que
realizaba su empresa allí en la Recoleta. En el sinceramiento al interior de
nuestro grupo, fuimos manifestando nuestras visiones y convicciones democráticas
de sociedad. El interés por este mundo de las Ciencias Políticas llevó a Oscar
a dar un gran golpe de timón en su vida para abocarse a un proyecto académico, pero
su esencia empresarial era parte de su ADN, lo que significó que colocara todas
sus energías y recursos para crear un proyecto educativo democrático y pluralista,
que nace en los noventa como la Universidad de Congreso, en la ciudad de Mendoza.
Terminamos el postítulo a fines del
año 1979. Y quedó pendiente una idea de libro al que habíamos titulado "La
Comisión Trilateral, una nueva Plutocracia", del cual intercambiamos
índices y notas preliminares. Pero, la
vida está cruzada por muchas circunstancias y las que se vivían en ese momento
en Argentina eran de profunda crisis económica, con la caída de muchos grupos
empresariales. Ignoro si fue por esa crisis que desapareció la empresa de moda
que tenía Oscar, porque yo decidí regresar a Chile con mi familia, dada la
crisis que se visualizaba. Antes que el loco Galtieri realizara su aventura de
invasión a las islas Malvinas, nos devolvimos a Valparaíso, a empezar de cero y
desplegar nuestras energías para una reinserción difícil, pues acá en Chile en
dictadura, seguían vigentes las listas negras y yo integraba esos registros. En
los 80, por ser una de las vías de reinserción, me Incorporé a la vida
académica, escribí libros técnicos sobre Comercio Exterior y me abrí un espacio
en el campo autoral técnico. El tráfago de los 80 me hizo perder comunicación
con Oscar. Lo volví a encontrar en las lides de la integración micro regional
entre Cuyo y la región de Valparaíso al inicio de los noventa. Argentina había
recuperado la democracia después de las Malvinas, mientras nosotros, los chilenos, vivíamos un proceso paralelo.
Los dos países que habíamos estado a punto de ir a la guerra en la navidad de
1978, habían firmado el Acuerdo de Paz y Amistad Perpetua en 1985. En ese
devenir histórico, trabajando media jornada en la Universidad Católica de
Valparaíso, logré desplegar una histórica experiencia de cooperación académica
- empresarial entre Valparaíso y Mendoza, que se plasmó en la creación del
Consejo Académico de Integración, del
cual fui Secretario Ejecutivo. Universidades de Cuyo y de la V Región de Chile
logramos vertebrar un eje directo de cooperación que sorprendió a las
cancillerías de ambos países. Las Primeras Jornadas Académico Empresariales se
desarrollaron en Viña del Mar el año 1986, con concurrencia masiva de más de
170 académicos, políticos y empresarios argentinos y una presencia similar de
contrapartes chilenas. Fue un proceso cívico binacional que buscaba la paz, la
integración por la base y la recuperación democrática en Chile. Recuerdo el Encuentro
de Paz, Poesía y Democracia que organicé en la UCV con presencia de Luis
Triviño, Rector para entonces de la Universidad Nacional de Cuyo, pero que vino
en calidad de poeta mendocino a este histórico encuentro. En este derrotero
innovador, las federaciones universitarias se sumaron y vinieron emblemáticos
encuentros juveniles para conquistar la Paz Perpetua que marcaba el Tratado y
una cooperación e integración física eficiente entre dos regiones vecinas y
complementarias. En los noventa, pasado el impacto del plebiscito, en el cual
el No al dictador abrió puertas a la transición a la democracia, los niveles
centrales de la diplomacia volvieron al eje Buenos Aires - Santiago, pero ya se
había instalado el impulso de la diplomacia a nivel de sociedad civil, dinamizadora real de la cooperación y la
integración en ejes fronterizos y que fuera respaldada por el propio Felipe
Herrera, palabra mayor en el quehacer integracionista latinoamericano. Fue el
tiempo preciso en que, desde su propio proyecto, Oscar Klier aterrizaba en
Mendoza invirtiendo todos sus recursos en la Fundación Congreso de donde
nacería la Universidad de Congreso. En ese período, al inicio de los noventa,
mi trabajo se había centrado en la consultoría internacional, en organizaciones
regionales como el Centro Interamericano de Comercialización, Cicom-OEA, la ALADI y el PNUD. Al reencontrarme con Oscar en su
nuevo desafío, colaboré con su proyecto, sirviendo de puente para relaciones de
cooperación con Universidades del Consejo Académico de Integración. CAI, principalmente la Uplaced, Universidad de
Playa Ancha de Ciencias de la Educación, donde Tito Larrondo, directivo de la
UPLA y Oscar, cultivaron una amistad institucional muy fructífera, de donde
surgieron nuevos proyectos académicos que se gestionaron bajo la conducción
entusiasta del Rector Oscar Klier.
La Universidad de Congreso, fue
un proyecto innovador en lo educativo que remeció a los poderes fácticos de la
rancia aristocracia mendocina. Ello puso en la mira de reaccionarios intereses
a esta Universidad laica y pluralista que era plataforma para el cruce
democrático de ideas, con un ethos aristotélico de la misión universitaria, con
el plus de una conducción holística que iba generando alianzas con el ámbito
político y empresarial. Nunca escuché a Oscar alguna expresión excluyente o
xenofóbica, pese a su condición familiar de judio. La impronta jesuítica, por
el contrario, lo había convertido en un hombre ecuménico, un negociador que había reencauzado su vida
en esta obra que quería dejar como un legado.
La vida fluyó en paralelo, alguna vez di conferencias rápidas en su casa
de estudios y el reencuentro real con Oscar fue después que el despojo de su
Universidad se había consumado y en su blog Oscar intentaba una denodada
defensa, desde una rotunda pobreza, viviendo en un desmejorado departamento
repleto de libros, con un alto árbol en
el patio, el que él le había regalado a sus viejos para el solaz de sus últimos
años. A esa casa, repleta de libros de
política y relaciones internacionales, tuvo que replegarse Oscar, herido de
muerte por un complot urdido en las esferas del poder mendocino, grupos
facciosos que articularon la usurpación legal, previo una campaña mediática de
desprestigio, con infamias y calumnias. La Universidad de Congreso era una
Fundación y por tanto, una organización no gubernamental sin fines de lucro
destinada a un fin social. Oscar Klier la había creado y sostenido con todo su
patrimonio puesto a full en el proyecto,
hasta que su Universidad es intervenida; mediante un golpe de fuerza
interno se le excluye de la Universidad y , luego, sumido en la depresión Oscar
Klier trata de defender su obra, pero se imponen la corrupción y las redes
subterráneas en las que se sumaron intereses eclesiásticos ultra conservadores
y políticos corruptos, para dar un golpe, para consolidar un zarpazo mafioso
que gozó de una mascarada de legalidad, pero que fue de una profunda
injusticia. Con más de setenta años a cuestas, Oscar quedó solo y no alcanzamos
a escribir sobre la plutocracia, pero
quedó reflejado su tenebroso poder en esta historia triste, que alcancé a
reflejar en una entrevista que le hice a Oscar, conversando en profundidad ese
fin de semana que paré en su departamento,
repleto de libros. Ocasión en que le representé el no haberme ubicado
antes, cuando desarrollaba el proyecto que vi nacer y el conflicto que enfrentó
con traiciones en su propio equipo directivo. Lamentablemente, la vida nos llevó
hacia estaciones diferentes y recién conocí del despojo cuando Oscar me pide
apoyo para dar a conocer su drama en las redes sociales.
No alcanzamos más que a sostener una
conversación que transcurrió entre cafés y caminatas por Buenos Aires, su
tiempo se había agotado.
http://www.reeditor.com/columna/7534/26/ciudadania/universidad/congreso/historia/un/despojo
De su historia quise ocuparme hoy para dejar
en la memoria de sus hijos y nietos esta crónica de un soñador, un empresario
que trató de aprender de política en la cátedra, sin llegar a entender que el
poder no actúa con decencia ni transparencia,
sino con la colusión y golpes bajos que tuvo que sufrir en carne propia.
Denunciar a los desalmados que se hicieron de la Universidad de Congreso,
tratando de borrar vestigios del hombre noble que la fundó. Lo que le hicieron fue de una vileza
total. Para la memoria del pueblo de Mendoza, desinformado por manipulaciones
mediáticas, esta lectura objetiva de un despojo que debiera la historia reparar
para que los usurpadores no queden impunes.
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@hnarbona en Twitter 06/12/2015