Mariano Gredilla Fontaneda es uno de los mejores fichajes de todos los altos cargos, junto con el nuevo director general de Formación Profesional, Agustín Sigüenza Molina, hasta ayer director provincial de Educación de Valladolid; cierto es que últimamente ha tenido algún contratiempo con el nombramiento de directores de la provincia de Valladolid; eso sí, totalmente ajeno a su voluntad, como ha quedado demostrado. Con el nombramiento de Sigüenza Molina, el consejero ha vestido a un santo y ha dejado a otro en cueros y cabreado.
Entre el
profesorado no ha sentado nada bien su nombramiento como director
general de F.P. ¿Por qué? Pues porque hacía muchos años que un director
provincial de educación no se preocupaba tanto como lo ha hecho Sigüenza
Molina por las necesidades de los centros, del profesorado…y del
sistema educativo. Y voy más lejos: ningún director provincial conocía
todas variantes del sistema educativo como él las conoce. ¿Entienden
ahora por qué eso de “vestir un santo y dejar a otro desnudo y
cabreado”?
Por cierto, Sigüenza ha estado durante varios días en la agenda como consejero de educación, si bien en el Partido Popular han presionado para que sustituyera a Sánchez-Pascuala, dado el desaguisado y la descoordinación existe en las Direcciones Provinciales de Educación en estos últimos años; tal cometido era del que todavía sigue siendo director general de Política Educativa Escolar, a pesar de las cartas recibidas por Herrera Campo para que evitara a toda costa su continuidad (una prueba más del desprecio que Herrera tiene por cuanto le hace llegar la ciudadanía, aunque me consta que ayer se enfadó por esta aseveración).
Pero vamos un poco más lejos: Sigüenza Molina también estuvo en la terna para la Delegación Territorial de la Junta en Valladolid, en sustitución de Pablo Trillo-Figueroa. El PP y la Junta parecen haber encontrado en Sigüenza una especie de ‘joya de la Corona’ en educación.
Es evidente que la gran decepción de las consejerías ha sido la de Educación. Si salvamos al citado, Sigüenza Molina, los demás repiten, aunque con alguna excepción, como es el caso de la llegada de Pilar Garcés
a la Dirección General de Universidades e Investigación en sustitución
de Ángel de los Ríos. Si llegan a completar la legislatura, estaremos
ante doce años de poltronas, más grandes que los propios resultados;
también esto va contra dos puntos del decálogo de Juan Vicente Herrera.
Por Jesús Salamanca Alonso /