Esta
historia es de un sobrino escrita por su hermana........no he pedido permiso
para publicarla pero te deja tanto que no pude evitar compartirla con Uds........te
enseña serenidad y valor.
A mi hermano no le gusta hablar del asunto, no quiere escribir al
respecto y además da la impresión de que lo que para muchos es motivo de
asombro y admiración para el son cosas normales y sin importancia.
El mundo esta lleno de historias asombrosas que nos inspiran. Yo
quiero contar, por primera vez, esta historia porque ha estado cerca de mí. La
quiero contar porque la he vivido y porque soy orgulloso testigo de una
experiencia de vida tan gratificante que su sólo reflejo ha influido en el
accionar de mi propia vida en una forma, en la que el propio protagonista de la
historia, imagina.
Miguel es mi hermano mayor por casi 11 años. Cuando yo tenía
seis años el tenia 17. En esos días de nuestras vidas vivíamos en Lima
Perú.
Todavía me acuerdo de aquella noche en que recibimos una llamada
telefónica que provocó que mis padres salieran de casa a toda velocidad
mientras nos dejaban a mis hermanos y a mí con una de mis tías.
Mi hermano Miguel había sufrido un accidente.
De ahí en adelante todo fue medio confuso para mí ya que nadie
nos decía - a nosotros los hermanos pequeños - que era lo que estaba pasando.
Recuerdo que mis padres se fueron a Houston por meses dejándonos
con la abuela y haciendo, cada vez que podían, viajes relámpagos para ver
como estábamos. No había internet o emails, sólo cartas y llamadas telefónicas
internacionales que salían carísimas.
Casi un año después, mi padre, inteligentemente, unió para
nosotros un viaje a Disney World con una visita incluida a Houston para ver a
mi hermano. Me acuerdo como si fuera ayer cuando entré por la puerta del departamento del Houston House donde vivía, a corta distancia del
centro médico. Lo encontré sentado en una silla de ruedas, una silla que iba
ser su compañera por el resto de su vida.
Aquella noche en 1979 mi hermano había sufrido un accidente que
le partió la columna a la altura del cuello. ¿El resultado? Parálisis del
cuello para abajo.
¿Qué es miedo? Me pregunto..... ¿Qué es realmente el miedo? ¿A
que le tenemos miedo?
Yo no se que hubiera pasado con mi vida si a los 17 años me
dijeran que ya no podría volver a caminar. Yo no se si hubiera podido soportar
los días, semanas y meses postrado en una cama. El año de terapias,
operaciones, dudas y temor. Yo no se que pasó por la mente de mi hermano. No
se que lo hizo convertirse en lo que es ahora. No se si estuvo deprimido. No se
si lloró o tuvo miedo. No lo se porque yo nunca lo he visto deprimido ó
asustado. Lo que si sé es que, al ponerme en sus zapatos, yo hubiera tenido pánico, hubiera gritado, maldecido e insultado al mundo y a todos por mi
desgracia.
Mi vida se hubiera convertido en un gigantesco, tormentoso y
oscuro símbolo de interrogación.
Pero ahora veo a mi hermano y veo a un hombre pleno que irradia
paz. Veo un profesional totalmente independiente con dos carreras, una
maestría y un hermoso matrimonio de más de 25 años. Veo a un hombre feliz. Un
hombre en balance y sobre todo a un hombre agradecido con Dios. ¿Por qué?
¿Cómo?
Miguel utiliza el humor como una herramienta de vida. El no tiene
prisa, el no se queja - el sólo vive y, como se imaginarán, su vida esta llena
de historias.
Quiero contarles una que, según mi punto de vista, refleja su
actitud ante los problemas y la vida.
Miguel vivió por unos años en los dormitorios de la Universidad
de Houston. Tiempos en los que los teléfonos celulares no existían.
Un domingo había quedado con unos amigos en ver un partido de
fútbol de la NFL en casa de uno de ellos.
“Ese día había amanecido nublado y estaba lloviendo – cuenta -.
Mi auto estaba aparcado en un pequeño estacionamiento frente a la puerta de
salida del sótano de los dormitorios. Es un lugar sin techo, abierto y
apartado del estacionamiento principal. Llevaba conmigo un paquete de seis
botellas de cerveza que para tomármelas con los amigos mientras veíamos el
partido.
Como siempre inicié el proceso de pasarme de la silla al auto y
guardar la silla en el asiento trasero. En el momento de transferirme de mi
silla al asiento del auto, la silla se resbalo en el piso mojado y perdí el
balance cayéndome en el pavimento entre la silla y el auto, mientras perplejo
veía como en cámara lenta mi silla se alejaba rodando lentamente.
Pues ahí estaba, sentado en el suelo en medio del estacionamiento,
sin poderme subir ni a mi silla ni al auto. Al ver que no podía hacer nada
empecé a gritar por ayuda: HELP, HELP, HELP. Después de 15 minutos gritando
me di cuenta que no había ni un alma por ahí, nadie me iba a escuchar, el
estacionamiento estaba vacío, era domingo y además estaba lloviendo.
Sabiendo que ya no llegaría al partido y suponiendo que tarde o
temprano alguien pasaría por ahí decidí hacer un esfuerzo y alcanzar el
cojín de mi silla y sentarme sobre el recostado en el auto, - para que
incomodarse demasiado, ¿no? – y abrirme una cervecita ya que el paquete había
caído cerca de mí y no podía permitir que se calentaran.
Como una hora y media después pude ver un paraguas moverse por
donde estaba y comencé a llamar de nuevo. Un “buen samaritano” me encontró
tirado en el piso del estacionamiento empapado, con unas “copitas de más”,
muerto de risa y rodeado de seis botellas vacías de cerveza. Me perdí el
partido pero nadie me quito la fiesta”.
¿Cuántas veces maldecimos, insultamos o nos quejamos cuando no
tenemos lo que queremos al minuto?
No puedo evitarlo, cada vez que me pasa algo, me enfermo ó se me
cae un negocio y sale de mi boca una queja. Inmediatamente me acuerdo de mi
hermano y me muerdo los labios.
El ha sido para mí un gran ejemplo de perseverancia y de coraje.
El me ha enseñado, tal vez sin quererlo, de cerca y mejor que cualquier libro
de auto ayuda ó curso de motivación, que cada uno de nosotros somos
responsables de cómo vivimos nuestra vida independientemente de lo que la vida
nos ponga enfrente.
"No
existen circunstancias externas, sólo actitudes ante las circunstancias".
El me enseñado que si tienes un plan y te mueves puedes llegar a
construir imposibles. El me ha enseñado que una actitud correcta es
imprescindible para ser feliz y que el reírnos de nosotros mismos y de nuestros
problemas es probablemente la más útil de las terapias para combatir el
dolor, la frustración, el rechazo y las dificultades.
Actualmente trato de utilizar lo aprendido y es por eso que cada
vez que pienso en él y en sus historias no puedo evitar dibujar una sonrisa en
mi cara para después reírme a carcajadas de la vida y mis problemas sin
importarme realmente cuantas veces me caiga ó cuantas veces me frustre porque
me cierren la puerta en la nariz ya sea en los negocios ó en la vida. ¿Qué
más da? Mientras siga tocando alguien abrirá. ¿No crees? Qué nadie nos quite
la fiesta, que nada nos impida disfrutar de este regalo que se llama vida.
Sólo me queda decir:
Gracias Miguel.