Cambios de gabinete: las tres almas de la derecha
Política Nacional | 16/07/2011
Una
movilización que necesita arribar a una negociación sensata; un
Presidente que cae en la percepción ciudadana; una clase política que
enfrenta su propia crisis de credibilidad y legitimidad; un agotamiento
del gobierno a mitad de camino. Por ende, la necesidad de un golpe de
timón, de un cambio de gabinete.
¿Qué fuerzas pugnan al interior de la Alianza?
El
Presidente se debate en un problema existencial para delinear un futuro
que se avenga al interés normal y lógico de cualquier fuerza política
de mantenerse en el poder. Porque la derecha política tiene dos almas
que marcan tendencias y conductas contradictorias. Una tercer alma es la
visión del poder que tienen los grupos económicos, los que han
usufructuado del modelo, los que propiciaron el desmantelamiento del
Estado Empresario para quedarse precisamente con los más lucrativos
negocios, los naturales monopolios de la energía, las sanitarias, los
servicios logísticos de puertos y aeropuertos, las telecomunicaciones y
el transporte.
En la Alianza está el alma liberal progresista
que es transversal a la UDI y RN, que aspira al éxito del modelo de
mercado, abierta a hacerle correcciones, sabedor de que sus límites son
el alto endeudamiento interno, la concentración de la riqueza y el
profundo descontento social, factores todos que, en caso de no
enmendarse terminarán llevando al fracaso, a la vía muerta las
aspiraciones de llegar a las ligas mayores en el concierto mundial.
Estas élites liberales progresistas buscan tender puentes a los partidos
opositores, entendiendo que entre ambas visiones prácticamente no ha
habido disensos estructurales, ya que esa oposición, aunque se vista de
izquierda, por 20 años demostró sentirse cómoda con el modelo y con el
binominalismo.
El ala más recalcitrante de la Alianza
es aquella que presiona por dar respuestas represivas al movimiento
social y añora expresamente el orden que imponía una dictadura. Esos
sectores han sido llevados a cuestas hacia posiciones democráticas
representativas, pero cuando ven en riesgo sus trincheras fundamentales,
entre las cuales mantener el modelo previsional, el sistema concentrado
de generación de energía y el de educación en manos privadas son áreas
sensibles a sus más caros intereses, por lo que al sentirse amenazados
por las movilizaciones continuas y atrevidas de la sociedad civil,
vuelven sospechosamente su mirada a los cuarteles, aunque no más sea por
una nostalgia trasnochada. La democracia profunda les quita el sueño.
El pivote de los intereses corporativos, la tercer alma,
hay que leerlos desde el mapa de la extrema riqueza en Chile y a partir
de la identificación del puñado de grupos que manejan el país se podrá
definir los límites estructurales de la derecha política para responder a
las presiones por cambios al modelo, toda vez que eso es entrar al área
chica de los cuerpos corporativos, allí junto al corazón, donde se
guardan las cuentas cifradas, los balances integrados de los holding,
las relaciones de estos grupos con los intereses multinacionales. A esta
derecha pragmática, que constituye la real plutocracia chilena, le
sirve cualquier micro, siempre que transite por las vías populistas que a
fuerza de maquillajes y dádivas menores, respete en su recorrido los
espacios amurallados que construyeron en los últimos 50 años. Por lo
tanto, esta retaguardia silenciosa es el mayor obstáculo para la derecha
política liberal progresista, pues cualquier avance que reduzca los
privilegios alcanzados, hará ver al gobierno como izquierdoso y traidor a
los intereses de los poderosos de verdad, que se cuentan con los dedos
de una mano.
Por lo tanto, el Presidente Piñera debe estar barajando estas variables estructurales de su coalición.
Porque sabe que tiene dos años estrechos para revertir su
impopularidad. Ahora bien, si el político Sebastián Piñera quiere pasar a
la historia como un simple accidente en una secuencia de centro
izquierda –al menos así autoproclamada- bastará con administrar lo que
queda, quizás haciendo más dura la respuesta represiva, pero aislado y
deslegitimado tras cada encuesta que mensualmente marcará su debacle.
Pero,
si por el contrario, aspira a ganar un sitial histórico de respeto y
reconocimiento social, tiene la opción preciosa de entrar a realizar los
cambios para los que nunca antes hubo voluntad política en ninguno de
los dos bloques.
De partida, el Presidente debería marcar a sus ministros con criterio
político, instruir para que se escatime recursos y entrar a una decidida
inversión pública en los proyectos sociales, dar el paso a un post
natal incluyente que alcance a todas las mujeres, que alcance a las
profesionales; abrir el sistema electoral para que exista la inscripción
automática; abrir el derecho a voto a todos los chilenos del exterior
que deseen hacerlo y que se inscriban en los consulados; eliminar para
todos los jubilados el 7% de salud. No tiene sentido que con el
crecimiento y reservas que tiene la economía se actúe de manera
restrictiva en una coyuntura auspiciosa, que despierta expectativas en
la gente. Subordinando las tecnocracias a criterios de gobierno, bien
puede el Presidente neutralizar conflictos que bien pudo haber evitado y
avanzar en su agenda social.
El
otro frente político que le permitiría a Piñera revertir la tendencia
actual sería abrir canales para una participación y fiscalización real
de la ciudadanía al sistema económico. Abandonar el maquillaje de un
Sernac financiero y generar un Ombudsman autónomo, efectivo como los que
existen en el mundo desarrollado, empoderado para denunciar todo tipo
de abusos a las personas y comunidades. Los abusos recientes como el
caso La Polar, la colusión de farmacias, los leoninos contratos de
concesiones; los trajes a la medida entregados a proyectos de
multinacionales, han copado la paciencia ciudadana, pues la falta de
transparencia conlleva siempre redes de corrupción, que afectan el bien
común, el interés general.
Finalmente,
en materia de reforma al sistema educacional, existe un espacio público
en donde el Gobierno podría tener injerencia con simple gestión: como
una señal de compromiso con la educación pública de excelencia, bien
podría inyectar recursos y cambios en la Universidad de Chile,
reconformándola en lo que fue, una universidad nacional, laica,
republicana, que entregaba la mejor educación del país, a los mejores y
con gratuidad o matrículas muy bajas. Esta vía directa permitiría en la
red de la Universidad y sus ex sedes territoriales a lo largo de Chile,
marcar un pivote de esa universidad sin fin de lucro a que aspira el 80%
de la sociedad civil.
De
esta forma, realizando la desmunicipalización, aplicando una mejor
fiscalización y reconformando una Universidad nacional, laica, de
excelencia y con meritocracia, las grandes demandas sociales podrían
darse por cumplidas en el rango de lo posible y retormarse el camino de
la negociación política con este nuevo actor en la mesa que es la
civilidad, la que no querrá nuevamente ser desmovilizada y que
permanecerá alerta siguiendo el ritmo de las decisiones políticas.
Si el cambio de gabinete opta por esta vía, el alma liberal progresista pasará a delinear un punto de inflexión en la historia política chilena. Esto si el Presidente Piñera corta amarras y se atreve.
Periodismo Independiente, 16 de julio 2011.
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