Sin dejar plenamente contentos a ninguno de los dos países, la Corte ha dejado como tema a ajustar bilateralmente el tema económico en el área que llega a las 200 millas y que ambos países invocan como mar patrimonial de explotación exclusiva.
Lo interesante para Chile es que se mantuvo el paralelo que cruza el
hito N° 1 como eje limítrofe, aunque esa línea recta imaginaria se corrija en
el mar hacia el sudoeste, ampliándole a Perú su espacio y apretando en la misma
medida el de Chile. Sin embargo, en el espacio ribereño no irrumpe el dominio
peruano y eso deja a los dos países una solución estable, toda vez que el fallo
es inapelable.
Contextualizando el problema de aguas patrimoniales, cabe destacar que
los países de Sudamérica han proclamado su derecho a las 200 millas de mar de
explotación exclusiva, pero esa Convención no ha sido firmada por los Estados más
importantes, las potencias que ostentan el poder marítimo-pesquero en el
planeta y a quienes les molesta que los ribereños pongan límites a sus
excursiones de captura. El tema es que esas poderosas flotas extranjeras siguen
incursionando en aguas patrimoniales y es difícil que las Armadas puedan
monitorear o patrullar tan extenso mar. Además, a las grandes trading o
pesqueras les ha resultado más conveniente conseguir socios locales que les
allanen el problema de acceso y allí llegamos a un punto sustantivo de este
diferendo limítrofe.
La equidad en el ejercicio de soberanía en aguas patrimoniales que ha
buscado la Corte, quiere dejar un espacio para que los países definan procedimientos
y demarcaciones. Lo dijo el fallo leído, no fija en forma precisa la Corte una
delimitación de ese territorio pretendido tanto por Perú como por Chile. Y el
punto a dilucidar es si esto será motivo de disputa o de colaboración
inteligente entre ambos estados, ya que tanto Perú como Chile debieran
identificar el adversario real, que son las compañías que vienen con buques
factorías a depredar los recursos. Una defensa asociada de esos espacios, con
políticas comunes de preservación, con medidas que aseguren la sustentabilidad
de los cardúmenes, se nos presenta como un desafío de cooperación para Chile,
Perú, Ecuador y Colombia.
Por lo mismo, con la cabeza fría, alegrémonos de que la línea de la
concordia siga donde mismo y el tema quede zanjado en lo continental y una
definición bilateral solucione eos espacios donde pueda haber superposición.
Chile deja tranquilo su límite y no hay una cuña que corte el acceso al mar de
ningún metro de territorio continental chileno, lo cual es bien visto también
por Bolivia que ve posible encontrar un corredor como el conversado en
Charaña para llegar al Pacífico.
Pensando en grande, con una visión estratégica, América del sur tiene
enfrente un espacio sin precedentes para construir cooperación integrativa, que
fortalezca a Arica, que mejore esa vecindad con Tacna y que convoque a Brasil y
a Bolivia que tienen intereses claros por acceder al Pacífico. Más allá de
estas reflexiones “a boca de fallo”, desde el punto de vista geopolítico, hay
que analizar a fondo el documento de la Haya para ver si efectivamente nos ha
dejado más tranquilos y comenzar a trabajar diplomáticamente con visión de
Estado, pensando en el largo plazo.
Periodismo
Independiente, 27 de enero de 2014
@hnarbona en Twitter Una mirada libre a nuestro entorno.