Doce años después
Política Internacional | 12/09/2013
Los atentados terroristas del 11 de septiembre de hace 12 años, cambiaron drásticamente el curso de los acontecimientos de inicios del tercer milenio; mis más sentidas condolencias a todos los civiles muertos del mundo árabe, desde que en esa fecha los Estados Unidos invadieron Medio Oriente, pretextando el ataque a las torres gemelas que prepararon la maquinaria de guerra con que los Estados Unidos masacró, masacra y sigue masacrando a buena parte del mundo árabe, con medios tanto atroces como deleznables: bombardeos sistemáticos de la potencia imperialista para mantener su influencia en la geopolítica de Oriente Próximo como lo muestra su eventual ocupación militar en Siria; por ello mi más abierto y sincero desprecio a la Doctrina Monroe, a su Destino Manifiesto y a todos los gobiernos estadunidenses que históricamente se han perfilado como una pléyade de ambiciosos expansionistas y ladrones de naciones débiles; desde Andrew Jackson que nos arrebató Tejas en 1836, James Polk que nos hurtó con su poderoso ejército dos millones de kilómetros cuadrados más; y toda la gama de vejaciones que este imperio a cometido en el mundo en nombre de la democracia y de su divina providencia.
Al sentirse los yanquis apoyados por el Señor, desenfundaron sus armas y después de disparar numerosos tiros en la cabeza del propietario de los bienes, inexplicablemente opuesto a ganar dinero, es decir, después de matar según ellos, a quienes se resistían a evolucionar y a enriquecerse, tomaron posesión de la propiedad ajena alegando legítima defensa, en el caso concreto derechos de conquista, logrados en nombre sea de Dios.
Ya comprobé los pretextos a los que ha recurrido la Unión Americana para hacerse con alevosía y ventaja de los espléndidos bienes del incapaz, cuidando de escapar, en cada paso, del ojo escrutador de la historia. Ora en el hurto de la mitad del territorio mexicano y sus muchas invasiones; ora en la invasión a América Central y América del sur; ora a la invasiones al lejano oriente y más actual en la invasión a Oriente Próximo: Afganistán, Irak, en la promoción de la “Primavera Árabe”: Egipto, Libia y Túnez; y en su afán de atacar al gobierno de Damasco en estas fechas.
Lo cierto es que a doce años de los atentados terroristas perpetrados por el grupo terrorista árabe Al Qaeda (con la venia del gobierno de George W. Bush) los Estados Unidos se perfilan a perder en el futuro inmediato la hegemonía absoluta mundial, para disputarla en el terreno político, económico, militar y de influencia territorial con China, una auténtica potencia no en ciernes, sino completamente consolidada en todos los órdenes arriba citados y ocupar el vacío que dejó la Unión Soviética como super potencia mundial que se desintegró en 1991 .
De tal manera, que en el nuevo orden mundial la Unión Americana tendrá que hacer cambios sustanciales a su política intervencionista so riesgo de desencadenar una posible guerra nuclear que a ninguna potencia le conviene, incluídos los países fundamentalistas árabes como Irán y Siria que cuentan con ojivas nucleares que ni eventualmente estarían dispuestos a usarlos pues su fundamentalismo se encuentra con que le antecede en este caso la razón, y la razón no admite la guerra.